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Encuentro de estudiantes de piano en la Escuela de Artes Musicales

El piano es lenguaje y prueba de resistencia

Actualizado el 25 de octubre de 2013 a las 12:00 am

35 jóvenes pianistas de nueve países latinoamericanos se reúnen en el VII Concurso de Piano María Clara Cullell

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Concurso de piano María Clara Cullell (Kenneth Barrantes)

En unas pocas habitaciones en San Pedro, por escasos días, conciden 35 jóvenes cuyo único tema de conversación los hermana y los pone a competir.

Las teclas, tenue o furiosamente aprovechadas, se convierten en el ancho camino que une a nueve países en el VII Concurso Internacional de Piano María Clara Cullell.

El certamen se celebra en la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica desde el 2000. Cualquier pianista de entre 14 y 25 años, residente en Latinoamérica, puede participar: envía un video, es evaluado por un jurado internacional y, si es seleccionado, viaja a Costa Rica con el reto de un exigente repertorio que pruebe su precoz talento.

“Es un concurso que a lo interno no se conoce tanto y, sin embargo, a nivel latinoamericano ha tomado mucha importancia porque no hay muchos concursos de este tipo”, explica la organizadora, María Clara Vargas.

Junto con sus hermanos, Vargas recuerda, con este encuentro, a la célebre pianista María Clara Cullell, su madre, fallecida en 1993.

Hoy, encuentra a chicos como Víctor Montiel, mexicano de 15 años cuya vida se ha entregado a la música. ¿Qué lo atrae del piano? “Lo que puedes sacar de él: la expresividad, las emociones. Te puedes expresar a partir de él”, confiesa. Tímido, se concentra de nuevo en su partitura: compite en la categoría intermedia contra otros seis finalistas.

El concurso se ha convertido en un reto importante. En Cuba, se hacen eliminatorias para enviar a los participantes como Lisa María Blanco, de 17 años. “Me gusta mucho el ánimo que se respira aquí, porque no es de tensión ni de rivalidad. Todos somos amigos y no importa cuál gane. Lo que más hacemos es amistad”, narra la joven, emocionada por poder hablar de su disciplina con tantas personas a la vez.

Disciplina. La mexicana Marevna Ortega no es pianista, sino física. Para ella, son dos dialectos de un idioma abstracto que traduce con los dedos. Es finalista del nivel avanzado.

No tiene piano propio y apenas retomó la práctica el año anterior. “Para tocar, se necesita decir algo”, dice, pues cree que no le ha hecho falta la academia. “Yo creo que la música es más universal que eso; es de los medios de comunicación más directos”, declara. En dos meses, estará estudiando con el maestro Josep Colom en Barcelona.

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El concurso destaca su sana competencia, su fomento de la amistad y su énfasis en la educación. El jurado internacional suele componerse de renombrados pianistas que son, también, insignes educadores. Este año lo componen Hedi Salanki, Luca Chiantore, Xun Pan, John Salmon y Martha Schrempel.

“Una cosa que caracteriza a este concurso, diferente de otros, es el enfoque humano, de estrechar lazos, de que hay charlas que unen mucho a los estudiantes y son muy educativas”, destaca el tico Jorge Briceño, quien cursa una maestría en Texas.

Para el costarricense, la oportunidad de conocer a colegas de tan distintos ámbitos brinda una música calurosa a este encuentro; asimismo, recuerda que el piano exige de su adepto una furiosa entrega .

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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