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Muchos menores de edad, acompañados de sus padres, disfrutaron de la presentación

Un mesías disfrutó entre sus devotos

Actualizado el 16 de marzo de 2013 a las 12:00 am

David Guetta, también conocido como el mejor DJ del mundo, compartió su trabajo durante más de dos horas con los miles de ticos que lo vieron en La Guácima

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Un mesías disfrutó entre sus devotos

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La música de David Guetta genera devoción, eso quedó demostrado el jueves, en el autódromo La Guácima, cuando este mesías de la música electrónica compartió su mensaje con sus fieles ticos.

Ese entusiasmo por el trabajo del DJ francés es la mejor manera de explicar cómo cientos de jovencitos (y otros que ya pasaron por esos años) vestían pantalones cortos, faldas ultra pequeñas y camisetas sin tirantes, pese a un frío que dolía en las manos y al viento inclemente que revoloteaba en el lugar.

Cuando el reloj marcó las 10:50 p. m. parecía que ya habían estaban todos completos. La Guácima lucía abundante en público, pero, por lo amplio del complejo, resulta difícil verlo lleno a reventar.

El DJ Pako fue el último de los invitados al concierto. Sobre el escenario complació a los insaciables del baile, mientras otros se dedicaban a cualquier otra actividad.

Al oeste, en lo alto, una y otra vez desfilaron las luces de los aviones que recorrían los kilómetros finales rumbo al Santamaría.

En tierra firme, los puestos de cerveza eran puntos de peregrinación casi obligatorios para los mayores de edad. Como la pereza les ganó a muchos, lo mejor fue llevarlas en pares.

Y como todo lo que entra al cuerpo tarde o temprano tiene que salir, las casetas sanitarias tuvieron más actividad que motel en el día de las secretarias.

Guetta y su gira Nothing But the Beat demostró que en Costa Rica su música atrae por igual a escolares, colegiales y adultos que peinan abundantes canas.

Un claro ejemplo fueron un grupo de cuatro niñas que mostraban su identificación con el DJ europeo gritando a todo pulmón “¡David Guetta!”, una hazaña que, de seguro, no desaprovecharían para contar el lunes a sus compañeritos.

Llegó el mesías. Las pantallas led encendidas anunciaba la llegada del “mesías”, tanta parafernalia no podía ser otra cosa. La gente finalmente gritó al unísono, cuando apareció el pinchadiscos de larga cabellera.

“¡Costa Rica!, estoy muy feliz de estar aquí por primera vez, ¿están listos para la fiesta?”, preguntó.

De inmediato se escuchó Titanium , el banderazo de salida. Todos los que estaban dispersos apresuraron el paso con rumbo a la zona de conciertos, todos menos un joven que, ebrio a más no poder, quedó tendido en la pista de asfalto.

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Con los brazos abiertos, cual predicador que recibe el saludo de sus fieles, Guetta animaba a sus fans. La gente seguía al pie de la letra sus mandamientos: él pedía palmas, ellos hicieron palmas; los invitaba a brincar, y todos se movían como en una multitudinaria coreografía.

She Wolf y Right Now se escucharon como parte en su contagioso sermón musical.

Si David Guetta era el actor principal de la noche, las pantallas que tenía a su espalda y frente a su altar (una enorme estructura ubicada en el centro del escenario) cumplieron con sus roles de actores de reparto. Estas gigantes se movían al compás que les marcaba cada canción y creaban un colorido escenario multicolor.

El cabello del francés estaba fuera de control, el frío se sentía aún más. No obstante, lejos de amedrentarse por las condiciones climáticas, Guetta se entusiasmaba más. Incluso tomó una bandera de Costa Rica entre sus brazos y se subió, cual niño travieso y audaz, en la mesa donde hacía sus mezclas.

La música no se detenía, Sexy Bitch ocasionó un nuevo estruendo del público. Seguido apareció el un hit de hace apenas días: Harlem Shake : no faltaron los que aprovecharon la ocasión para moverse de la forma más ridícula posible, pero estaban en el momento y lugar indicado para hacerlo.

Con Love Is Gone el disc-jockey reafirmó que quienes llegaron quizás no fueron los miles que pierden la cordura junto a él en Ibiza, sin embargo, seguían con igual devoción cada tema.

“¿La están pasando bien? Este es uno de mis primeros tours en Centroamérica y me encanta”, le dijo al público.

Don't You Worry Child , no defraudaba a quienes veían al artista por primera vez. Un juego de luces inteligentes, seguidas de lanzadores de llamas y humo, le añadieron ese elemento extra de dramatismo y de noche de dancemusic .

Ruta final. Las Pléyades, la Osa mayor, y el resto de constelaciones fueron testigos de la llegada del viernes. Frente a Guetta los cuerpos de casi todos parecían tener energías de sobra, los saltos se vivían con intensidad y en el centro del escenario el DJ movía sus manos sobre sus consolas para destilar más música.

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Sin embargo, el frío, las horas de pie, y el alcohol les comenzó a pasar la factura a varios seguidores. Ellos prefirieron buscar un lugar para sentarse y seguir desde el suelo el resto de la fiesta.

La confianza puesta en este mesías rindió sus frutos: 90 minutos después de que salió al escenario nadie pondría en duda que si de poner a bailar a la gente se trata, él logra una “tormenta perfecta”.

Continuaron sonando sencillos como Turn Me On . Mientras, en las pantallas un gran “Costa Rica Rocks”, era el presagio del final de una larga jornada.

When Love Takes Over puso a la congregación entera a dar palmas y bailar como poseídos por el espíritu del baile.

Una lluvia de papeles multicolor presagiaba el final del encuentro, aún había tiempo para dos más. Primero Without You y luego una singular versión de Wonderwall , de los ingleses Oasis. A la 1:18 a. m. del viernes la fiesta acabó. Ahora, tocaba bajar la adrenalina en la presa vehícular, en las afueras del autódromo. ¡Qué noche!

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