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Los músicos compartieron sus preciados recuerdos

La esencia tras bambalinas en AuténTicos por siempre

Actualizado el 13 de febrero de 2016 a las 09:55 pm

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Gerardo Ramírez y Diego Fournier tomándose una foto antes de la presentación de Ramírez. Gabriela Tellez.

La intimidad en un camerino es disparadora de remembranzas, y durante el concierto AunténTicos por Siempre, en el Estadio Nacional este sábado, dentro del backstage la palabra que más resonó fue “camaradería”.

Entre espejos, sacos de vestir, mochilas, estuches de guitarra, vasos con café, copas con vino, y betún para lustrar los zapatos que llevaron a los artistas al escenario, las historias sobre los viejos tiempos fueron antídoto para calmar los nervios.

Checko D’Ávila, el único músico invitado que tocó durante toda la velada, celebró junto a sus compañeros la oportunidad de reunirse con todos en un mismo lugar.

Los chistes, que por supuesto solo ellos pueden entender, interrumpían los microensayos que más de uno intentó hacer antes de su presentación.

Para Rogelio Cisneros, estar ante un escenario tan grande, con “un público cálido", es monumental, ya que así celebra con sus amigos la trayectoria de cada uno.

Cisneros no es el único que piensa así, Freddy Rojas, quién tocó esa noche como solista y con la banda Chiqui Chiqui, expresó que el ambiente que se vivió confirmó sus sospechas: “Algo hicimos bien en el pasado”.

Porque según Rojas compartir con un mismo gremio por tanto años crea un lazo que no se rompe.

"Muchas veces yo he estado en Cartago en un lugar remoto y me doy cuenta que está tocando algún amigo de estos y me voy. Me subo al escenario y hago el rídiculo, no me importa, yo toco con ellos. Ya son familia", me cuenta Rojas entre risas.

Dentro del backstage pasa mucho: unos entran, otros salen. Se toman fotos, se quitan las medias después de tocar, se abrazan, afinan guitarras.

Sucede lo que hace muchos años en salones pequeños y en camerinos menos lujosos, pasó: la historia de la música costarricense.

José Mata, uno de los tres músicos jovenes que fueron invitados para tocar, no puede dejar de mostrar su agradecimiento de compartir un espacio con estrellas tan grandes.

"Estos músicos con el tiempo crearon un cayo tan grande de mañas que es un privilegio estar aquí porque uno aprende de ellos, y verlos a todos interactuar es mágico".

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Apenas suena el himno más alegre de todos, Canchis Canchis, sale de los vestidores Tipí Rogers con euforia diciendo: "Yo me voy a ir a bailar, a pegar brincos como loco".

Porque Rogers con su grupo Marfíl, es el encargado de cerrar un concierto que demostró que lo que estos artistas crearon a travez de sonidos tropicales, ritmos pegajosos y baladas románticas perdurará con los años por venir.

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