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Unos cuantos apuntes

Actualizado el 03 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Lo que un día parecía imposible, al final sucedió, y se convirtió para muchos en la mejor experiencia musical de sus vidas. Ese es motivo de júbilo, pero hubo algunas injusticias y desórdenes que merece la pena señalar.

Por ejemplo, no son pocos los casos de personas a las que se les acercaron empleados de Ocesa a regalar entradas minutos antes del concierto; una buena noticia para ellos pero mala para quienes pagaron por sus entradas el precio completo.

Si yo hubiera pagado mi boleto, no me hubiera sentido muy bien al ver eso, menos con los precios que la productora se dejó cobrar.

A la vez, algunos de los que sí pagaron, cuentan que arribaron a sus asientos para encontrarse que no existían o que estaban ocupados por personas que ya habían pasado por la misma situación, dado que –por baja venta de entradas– algunas zonas fueron deshabilitadas.

Como anotó en su blog Víctor Fernández (editor web de La Nación ), ni la seguridad sabía qué hacer con la situación, y muchos vieron el concierto en asientos que no les correspondían.

Ocesa brilló en los demás aspectos de producción, pero es importante recordarle a empresas como esta que el público es la principal razón por la que su negocio existe, y que el público merece respeto, buena comunicación y –en lo posible– que no haya condiciones cambiantes.

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