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Semblanza de una cantante y bailarina que superó una difícil prueba

Tamela Hedström: renacer de las cenizas

Actualizado el 14 de junio de 2010 a las 12:00 am

Justo cuando la música la favorecía, Tamela Hedström sufrió un accidente. Tardó más de año y medio en volver a caminar y salvó su pierna. Ni 21 operaciones ni los desalentadores pronósticos médicos la detuvieron. Luchó y regresa al mercado del disco custodiada por su buena estrella

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Tamela Hedström: renacer de las cenizas

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El 11 de setiembre del 2004 lo lleva en el cuerpo Tamela Hedström. Eran casi las tres de la tarde, la carretera del puente Juan Pablo II, en San José, estaba mojada. El auto que iba adelante frenó de pronto y ella, frenó entonces también. Aquello fue apenas un “besito”.

“Aquí, todo bien”, se decían Tamela y el otro conductor. Se daban la mano para irse cada uno por su lado cuando un autobús, de tres toneladas y media, los embistió.

La cantante y bailarina salió disparada por los aires. Se rompió la espalda, la cadera y su pie derecho fue cercenado. Quedó sujeto de tres centímetros de piel.

Quedó tendida en el pavimento y junto a ella, sus sueños.

La profesional, que desde los 16 años se ganaba la vida enseñando hip hop, salsa, cumbia y cuanto ritmo latino aguantara el cuerpo, no volvería a ser la misma.

El 2004 era justo el año en el que a Tamela Hedström se le abrían las puertas en la música.

Había dejado Neotics –grupo de soul que fundó en el 2003 con Robert Aguilar– para cuajar carrera en solitario, y en ese afán, el 2 de julio del 2004, le había abierto a Chayanne en el estadio Ricardo Saprissa.

Y en agosto había grabado en Suecia – país de origen de su padre y donde ella nació– las maquetas de Mezcla, su disco debut. Acababa de cumplir 22 años.

Ser tenaz. ¿El pronóstico? Amputar. Había perdido el talón de Aquiles y los tendones; la tibia se había partido en tres partes. Su pie colgaba de un poco de piel. Y Tamela, persistente desde que era una niña, dijo: “ ¡no!”

“Les dije: ‘yo soy bailarina, ¿cómo me van a cortar mi pierna?’. Pues no, si hay un mínimo grado de posibilidad de salvarla quiero que la cierren como está”, recuerda Tamela. Han pasado seis años del accidente y todavía respira profundo al volver a hablar sobre este tema. Hoy, ella tiene 28 años de edad.

Vino entonces su procesión. Tras un mes hospitalizada en Costa Rica, partió a Suecia donde el diagnóstico fue el mismo: hay que cortar. Y ella: ¡que no!

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Echando mano de sus ahorros como bailarina partió a Estados Unidos. ¿La propuesta? Una operación que no podía costar – un $1 millón–, la otra opción: terapia.

Regresó a Costa Rica – aquí creció hasta los diez años y se hizo adulta– , para hacer terapia y aceptar que su pierna quedaría “tiesa”.

No se dio por vencida y fue a parar al Hospital Militar de Colombia. Le tomó tiempo, un año y ocho meses, pero volvió a caminar en todo sentido: retomó y lanzó en el 2005 su disco Mezcla.

“Fue todo un proceso. Salí del hospital inmovilizada. Luego pasé a la silla de ruedas, después de mucha terapia y dolor me quedé en dos muletas hasta que ahora solo necesito una”, dice y se carcajea. Es que ella ríe con facilidad.

‘Sí, soy muy necia’. Pronto serán 21 operaciones las que tenga encima. ¿De dónde sale esa fuerza? Ni ella misma lo sabe.

“Soy muy necia. Si me dicen ‘no puede hacer...’ tal cosa entonces demuestro que sí puedo hacerlo”.

En su historia de superación ha sido clave que Tamela se conoce lo suficiente como para saber qué es capaz de soportar.

“Sabía que si veía mi pierna no podría quitarme esa imagen de mi cabeza. No podría visualizarme sana. Me tomó cuatro meses verla y parecía que un tiburón me había dado un mordisco”.

Tamela no olvida lo que su padre, el biólogo Ingemar Hedström, le dijo a Adriano Martino, su novio desde entonces y hasta la fecha, estando en el hospital: “No te preocupes, Tamela tiene dos corazones y va a poder con esto.”

“En mi caso el accidente fue una gran lección de vida. El tiempo en hospitales me hizo reflexionar en que mi sueño era cantar”.

Es que ella es como un cachiflín. Desde pequeña quiso ser bailarina, así que, estudió danza en Cuba; en Suecia hizo la carrera de economía y al preguntarse ¿qué puedo hacer con mi pierna así? se puso a estudiar diseño gráfico.

Pero había dibujado una historia diferente para ella. Porque a los 14 años había escrito su primera canción: fue Mezcla, y cantando soul siendo niña debutaba ante 2.000 personas en Suecia.

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Mezcla es un autorretrato: soy como la salsa/un poquito de todo, una balanza/pues yo nací en dos culturas (...) sueco-ecuatoriana-tica-cubana (...) tomé lo bueno, saqué lo malo/y aquí me encuentro hoy con orgullo en mano.

Remedio: música. Si Tamela no lo tenía claro, fue la adversidad la que la guió. Escribir canciones la mantuvo en eje; la música le sacó el dolor. Luego vino la luz.

“Estaba hospitalizada en Suecia y un día salí sola. En silla de ruedas tomé un tren a Estocolmo y fui al estudio de un amigo (el Jan Ludkvist Productions). Bajé las gradas sentada y ahí grabé mi primera canción en silla de ruedas”.

El tema era I Can’t Feel It (No puedo sentirlo) y describía el accidente y su dolor. ¡Y era pop, para nada su género favorito. Ella es soul.

“Solo tenía que sacarme eso de adentro. Le cambié la letra y ahora se llama I Can Feel It (Puedo sentirlo) y habla de sentir el ritmo. Es muy pop para mí”, se ríe mientras la baila sentada.

“Sentía que con buena energía el cuerpo se regeneraría y tenía que estar feliz. La forma de estar feliz era cantando.”

Y parece que la vida fue recompensando su esfuerzo. ¿O sería quizás su buena estrella?

En el 2005, aún en muletas y sin estar totalmente recuperada, Teletica canal 7 le ofreció ser la Vj del programa de música Estéreo. Grababa de pie con la pierna apoyada en una silla soportando dolor.

En el 2007, la convocan al Suecia Idol –la versión escandinava de American Idol–, pero el accidente volvía a hacerle zancadillas.

Si no se devolvía a Costa Rica, perdería el juicio por el accidente. Y ella quería justicia.

“La producción me dio tres días y vine. Gané el juicio, pero cuando regresé la prensa sueca había encontrado notas mías en los periódicos de aquí y dijeron que siendo famosa no debía cantar contra gente con poca experiencia.”

(Se ríe) “No era famosa, ni soy famosa. Me conocen los músicos y algunos periodistas pero ¿famosa? Me descalificaron, pero hubo gente que me ofreció grabar.” Superaba de nuevo algo difícil.

Y la Tamela de hoy no se encandila fácilmente. “Era una buena oportunidad, pero era hacer pop sueco y no quiero eso. Quiero hacer soul como soy yo: una mezcla.”

Se mantuvo firme y se manifestaron los aliados. Cuando hacía la prueba de sonido para la fiesta Espinar 2009 (en Guanacaste), los de Calle 13 –plato fuerte de la fiesta– cayeron al lugar. La vieron, y la invitaron a cantar su hit Atrévete.

Eso, y el que el gentío respondió bien a la cumbia–reggaetón–electrónica que Tamela había hecho en vacilón (Se me fue), motivó a Héctor Barez, percusionista de Calle 13, a trabajar con ella.

Tiempo después el sencillo Se me fue, con el cual Tamela regresa a la escena, estaba listo y su video estrenándose el 24 de mayo.

“¿Que si soy afortunada? Sí, tuve suerte en caer en el pavimento y no fuera del puente y en no haber perdido mi pierna. Dios me ha dado gente maravillosa.”

Tamela se refiere a su familia, a Adriano (Martino), a sus amigos, colaboradores como Checko D’Ávila (saxofonista y cerebro de SoloHits donde Tamela graba), Coco (Héctor Barez)...

Su accidente la adoctrina hoy. “No caminé de un día para otro, así que sé, que cantar y trabajar con gente buena no será de hoy para mañana. Voy paso a paso.”

Algo en su historia se repite: este 19 de junio volverá a ser la telonera de Chayanne en Costa Rica. Será el mismo escenario que hace seis años atrás: el Ricardo Saprissa, en Tibás; quien no es la misma es ella. Hoy Tamela es una mujer que se renació de las cenizas. Algo así como un Ave Fénix.

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