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El Saprissa estalló en aplausos a Bosé

Actualizado el 10 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Anoche , el recinto tibaseño recibió al cantante español, quien destelló en sus tonadas que acogieron el corazón de los presentes

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El Saprissa estalló en aplausos a Bosé

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Presentación de Miguel Bosé
                         Miguel Bosé afinó su garganta para ofrecer un show musical de dos horas. El carisma en tarima y la sensibilidad que imprimió a cada letra, hicieron que conquistara al público. Pablo Montiel para LNShowman.
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Miguel Bosé afinó su garganta para ofrecer un show musical de dos horas. El carisma en tarima y la sensibilidad que imprimió a cada letra, hicieron que conquistara al público. Pablo Montiel para LNShowman.

Intermitentes luces azules y blancas, y los aplausos y gritos de unas 8.000 personas, recibieron este sábado, a las 8:25 p. m., al cantante español Miguel Bosé, en el Estadio Ricardo Saprissa, en Tibás.

Aquellas luces se movilizaban sobre una serie de telas blancas, que al inicio reposaban verticalmente sobre el escenario, colocadas cuales redes para pescar, pero que enfatizaron momentos importantes del espectáculo con sus ondulaciones.

El inicio musical vino de la mano de la canción Mirarte , con la que el público entró en calor y afinó la garganta para una velada de dos horas, en la que se recorrieron algunos de los mejores momentos musicales de la historia del artista.

Desde el minuto cero, quedó en actas que lo de Bosé es una cuestión de talento y sentimiento, además de la reacción que genera la profundidad que su voz le imprime a cada sílaba que canta.

Más que una seguidilla de éxitos, un concierto suyo es una mezcla balanceada de temas conocidos y desconocidos, y de su innegable carisma.

Antes de hablarle directamente al público, el cantante interpretó dos temas más: Duende y Nena , con los que sus coristas lo siguieron por toda la tarima.

Los músicos que lo acompañaron tampoco mantenían una posición estática, algo que le brindó mucho dinamismo al espectáculo.

El público, por su parte, dejó que los asientos pasaran frío; es físicamente imposible mantenerse sentado cuando suena, en vivo, en directo y a todo color, música tan sugestiva.

Levantando sus dos brazos, al final de Nena , Bosé saludó a San José, a Costa Rica, a chicos y chicas, diciendo: “Estamos aquí esta noche para celebrar algo que hemos construido juntos: 35 años de música”.

Entre aplausos, el español invitó al público a montarse en un viaje mágico, que incluyera a todas sus almas y cuerpos, y obtuvo otro gran aplauso como respuesta.

Las emociones se siguieron levantando con canciones como Aire soy , Sol forastero y el reggae pop pegajoso de Los chicos no lloran .

Antes de cantar Partisano , Bosé habló sobre la guerra y la paz. “Yo, como hombre de paz, creo profundamente que si seguimos con este camino poco nos queda. La guerra puede arrancar, separar a la gente y no se ha demostrado que sirva para nada”, dijo.

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Una gran pantalla de LED alimentaba el concierto con diseños visualmente atractivos y colores llamativos, mientras que dos pantallas laterales se encargaban de transmitirles el espectáculo a los que se ubicaban más lejos, en las graderías.

Al rato, con los músicos sentados, se repasaron canciones de antaño que despertaron muchos gritos y lágrimas de felicidad en el público. Con ese formato semi-acústico sonaron Te diré y Morir de amor , Don diablo , Creo en ti , Amiga y Linda .

Con Puede que , el espectáculo sufrió de una pérdida de luz, pero la música siguió, y el artista exclamó: “¡No pasa nada!”. El público lo iluminó con cientos de celulares al aire, decorando la gradería y la gramilla de estrellas ficticias.

Sin embargo, al final de esa canción, Miguel Bosé solicitó tres minutos de pausa para solucionar esos problemas técnicos. En menos tiempo que ese, volvió al ritmo de Sevilla , y el concierto salió de su momento romántico y nostálgico, para disparar más energía.

Bambú continuó el bloque bailable y movido, como una barrera infalible contra el frío, aunque el viento no se pudo superar tan bien y este terminó por afectar el sonido del concierto.

Bien lo había dicho ya él mismo: no pasa nada, había que seguir bailando y gritando, sacando provecho a un artista que verdaderamente deja el alma y el cuerpo en el escenario.

Siempre social y político, Bosé siguió esparciendo su mensaje de unidad, tolerancia y amor con la interpretación de Nada particular , una canción que habla sobre los desplazados.

Al cierre de esta edición, todavía faltaba el alargado final del espectáculo, y se especulaba que él tocaría algunos otros de sus éxitos, como Amante bandido y Si tú no vuelves .

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Alessandro Solís Lerici

alessandro.solis@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Periodista de la Revista Dominical de La Nación. Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina de Costa Rica. Escribe sobre temas sociales, internacionales, generaciones jóvenes, crónicas, problemáticas culturales.

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