| Concierto anoche, en el Estadio Ricardo Saprissa

Maná cumplió su cuota de energía y emoción

El concierto , celebrado anoche, mezcló todos los grandes éxitos de la banda mexicana con algunas de sus composiciones más recientes

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      Alonso Tenorio
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La noche de este miércoles, los fanáticos costarricenses de Maná lograron, finalmente, disfrutar la experiencia de la gira Drama y luz , con la que la banda mexicana de pop ha recorrido gran cantidad de países.

Al Estadio Ricardo Saprissa, en Tibás, recurrieron poco menos de 20.000 fanáticos, alentados por la promesa de dos horas y media de la crema y nata del repertorio de la popular agrupación.

Más de cinco años tenía Maná de no visitar el país, tiempo que sin duda pesó en las ansias del público, que se acomodó desde muy temprano en el recinto para no perderse ni un segundo de la presentación.

Diversión previa. Un poco más tarde de las 8:15 p. m., un fanático en la gradería sur del estadio aprovechó los beats del Dj costarricense Dr. Leo para bailar al mejor estilo de un club nocturno para adultos llenos de libido.

En pocos minutos, el estadio entero fijó su mirada y atención en esos frenéticos movimientos de cadera. El Dj siguió mezclando música electrónica, pero hasta las luces del concierto se trasladaron a esa gradería para ver al joven, a quien se le unieron varios amigos, mientras que la gente pedía la música de Maná a todo pulmón.

Las pantallas laterales del escenario se encargaron de que todos los presentes se dieran cuenta del bailoteo, si es que no lo habían hecho ya, y disfrutaran del divertido espectáculo previo.

Al rato, esas mismas pantallas proyectaron a las parejas del público y a algunas personas en media cena durante algunos minutos, a la espera de que Maná saliera al escenario y empezara el concierto.

A lo que vinimos. Un minuto antes de las 9 p. m., las luces del Saprissa empezaron a bajar y un remix de Revolution 9 , de The Beatles, arrancó gritos.

Esa fue la canción con la que entraron en calor tanto el público como el cantante Fher Olvera, el bajista Juan Calleros, el guitarrista Sergio Vallón y el baterista Alejandro El Animal González.

Luego, imágenes de tempestuosas nubes se proyectaron en la pantalla de LED, ubicada al centro del escenario, y el concierto dio su paso inicial, al ritmo de Oye mi amor .

“¡Buenas noches, Costa Rica!”, exclamó Fher luego de la canción, “¡Los extrañábamos un chingo, y la vamos a pasar de madre!”.

Los gritos casi no dejaron escuchar el inicio de la canción De pies a cabeza , pero se logró, y en ese momento el calor bajo la fría llovizna empezó a ser una realidad.

Todos con sus ojos fijos en la tarima, entre gorros y camisetas alusivas a los protagonistas de la velada, empezaron a sacarle el provecho debido a la ocasión, cantando cuanta línea se supieran y hasta dándoselas de músicos “de aire”, tocando instrumentos visibles solo para cada quien.

Lluvia al corazón y Manda una señal continuaron, antes de una canción sobre el abuso de las drogas, llamada Dragón .

Con la capacidad que pocos tienen para conmover al público, Fher habló sobre lo difícil que es perdonar en las relaciones interpersonales, antes de cantar El verdadero amor perdona .

A esa le siguió Bendita tu luz , y, a falta de un Juan Luis Guerra en el lugar, el público brindó un formidable apoyo en la parte vocal.

Sin embargo, esos coros colectivos a veces se confundían con simples gritos de amor y piropo, pues entre las mujeres y uno que otro hombre llamó mucho la atención el look rejuvenecido con el que un ya entrado en edad Fher salió al escenario.

Y, como si les hubiera leído la mente, él mismo les dedicó Mariposa traicionera a todas las mujeres seductoras y sensuales de Costa Rica, y ellas accedieron y se emocionaron sin pensarlo.

Latinoamérica fue uno de los puntos altos del concierto; interpretada por Fher y Alex, desde la batería, siendo una canción que se ha convertido en una de las favoritas del público de su más reciente material, Drama y luz .

Inmediatamente, Clavado en un bar no había ni empezado y ya el estadio estaba volviéndose loco, luego de que Alex jugara un poco con la batería, preparando al público para su clásico solo de batería.

Pero El Animal tenía otra sorpresa bajo la manga, pues se mandó, sin pena alguna, a cantar Me vale , un clásico de la banda en el que el músico expresa lo poco que le importa la opinión de los demás.

Al cierre de esta edición, a Maná todavía le quedaba más de una hora y media en escenario, y se esperaba que tocara canciones como Eres mi religión , Déjame entrar y El muelle de San Blas .

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