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San Antonio de Belén

Life in Color: la pintura al ritmo de tambor

Actualizado el 22 de marzo de 2015 a las 12:00 am

Ayer, en el festival Life in Color, en Pedregal, una multitud de más de 10.000 personas se congregó para bailar al ritmo de la música electrónica de Diplo, Borgore y más, y para empaparse de pinturas de colores neón.

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Energía y emoción. La expectativa del público por los lanzamientos de pintura era notable. Para muchos, era el elemento más importante de la fiesta. Jeffrey Zamora

Imagine una fiesta descomunal, con varios miles de personas a su alrededor que bailan todos los ritmos que proponen los autoparlantes y que pierden la cabeza cada vez que desde el escenario se escucha la amenaza de un bombardeo de pinturas de neón.

Eso es, en su esencia, el festival de música electrónica Life in Color, y esa fue la receta que por segunda ocasión trajo a Costa Rica y con la que logró convocar a más de 10.000 personas al Centro de Eventos Pedregal, en San Antonio de Belén, según datos proporcionados por la producción.

Desde las 4 p. m., y hasta poco antes de la medianoche, una multitud empapada en colores y otro tipo de fluidos (como cerveza) puso a vibrar el suelo del recinto al ritmo de su emoción y energía, y, por supuesto, de la música de varios DJ locales y extranjeros.

Life in Color es una franquicia estadounidense que, más que producir un concierto, se enfoca en ofrecer una experiencia al público, el cual es en su mayoría joven y al cual no le preocupa que lo rocíen galones de pintura en todo momento; más bien lo anhela.

La alineación musical de la actividad estaba protagonizada por el DJ y productor estadounidense Diplo, el israelí Borgore, el estadounidense Crespo y tres actos locales que no formaron parte de los afiches promocionales pero que sirvieron para calentar la fiesta en horas del día: los DJ Sotela, John Scholt y Maxx.

Experiencia. El área al aire libre de Pedregal contaba con un gran entarimado, cuyo sonido, luces y proyecciones fueron de primer nivel desde temprano. El público no terminó de llegar hasta la noche, pero quienes llegaron cuando el día no acababa no dudaron en empezar a tirarse pinturas los unos a los otros.

Es un acto que nos recuerda a la infancia, incluso; de cuando empaparse no era gran problema y llenarse de pintura y ensuciarse era casi como una meta de vida. Aquí, eran mayores de edad disfrutando de una fiesta en la que no había muchas reglas, y no encontraban manera de no sacarle provecho.

Limitaciones sí las había, pues quienes tenían entradas generales no podían ingresas a un par de toldos exclusivos para clientes de algunas marcas o para personas que forman parte de la base de datos de Jogo, la empresa productora de Life in Color en Costa Rica, la cual trabaja en base a una red de contactos y organiza fiestas que, normalmente, son privadas.

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En esos toldos, los asistentes contaban con mejor visión del concierto y de los lanzamientos de pinturas, así como asientos, bebidas e incluso hasta canopy . Eran pequeños pueblos dentro de un submundo, y representaban a un buen porcentaje del aforo.

Espectáculo. A pesar de los atractivos periféricos, la diversión comenzaba y terminaba en el escenario: el maestro de ceremonias MC Ambush calentaba al público de vez en vez; les preguntaba que cómo la estaban pasando, que quiénes andaban solteras y que cómo sentían la música, casi como en cualquier otra fiesta del país, pero con la diferencia de que lo hacía en inglés.

El festival contaba con el concepto del Big Bang en esta edición, el cual intentó explicar mediante videos en los que intrigaba al público con frases como: “Necesitamos encontrar una nueva fuente de energía. La materia oscura ya invadió las pinturas”, como para generar una experiencia que no tenía mucho sentido.

No importó, porque desde que empezaron a caer los litros de pintura, desde el escenario y desde la mesa de sonido, a la gran mayoría no le preocupó otra cosa que no fuera quedar empapado, tal vez sin pensar en lo difícil que sería soportar el frío después.

Y si bien es la pintura el mayor atractivo para la mayoría del público, la producción del espectáculo musical y visual fue tan impresionante como en la primera ocasión, especialmente por la utilería que ilustró la presentación de Diplo, quien mezcló canciones propias y hasta algunas prestadas, así como éxitos en los que ha metido mano.

Así, entre selfies , amigos, cámaras y la constante repetición de la frase “¡¿Están listos?!” por parte del maestro de ceremonias y de los DJ , fue como se pasó una nueva celebración del Life in Color, una fiesta que nuevamente volvió a colmar a Pedregal de humanos que no quieren dejar la fiesta morir en ningún momento.

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