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Actualizado el 28 de abril de 2013 a las 12:00 am

Puro costumbrismo Que se mueran los feos

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                         Todo es posible en un pueblo donde el humor, el chisme y la solidaridad corren en una sola vertiente. Comedia  bien hilvanada con gran actuación de Javier Cámara.  Cine Magaly para La NaciónHumorada.
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Todo es posible en un pueblo donde el humor, el chisme y la solidaridad corren en una sola vertiente. Comedia bien hilvanada con gran actuación de Javier Cámara. Cine Magaly para La NaciónHumorada.

Cuando en España se estrenó la película Que se mueran los feos , dirigida por Nacho G. Velilla, alguna crítica, para elogiarla, dijo: “La comedia española se reinventa”. Ahora que la veo en el cine Magaly, no descubro tal reinvención y sí, ciertamente, me divertí bastante.

El director Velilla se propone lograr un jacarandoso cuadro de costumbres con su afilada crítica por ahí solapada. Lo logra, claro que sí, con gratificante narración ágil, mientras hila disímiles entornos cómicos en un solo trasunto e interioriza en uno, como espectador, un válido cariño por los personajes.

El director lo hace dentro de la cómica tradición costumbrista española, que ha dado las obras de Carlos Arniches en teatro, que produjo el llamado “género chico” a la sombra de la zarzuela y que, en el cine, ha dejado una estela valiosa de guionistas y directores, con ese punto altísimo que es la película titulada Bienvenido, míster Marshall (1952, de Luis G. Berlanga).

Tal es la usanza que ahora se arroga el filme Que se mueran los feos. Su trama se da en un pueblo donde el chisme corre como manifestación del humanismo popular, con bondad, mucha gracia y donde nada es anormal, nada, ni siquiera que el cura y una lesbiana tengan un romance.

Allí, Eliseo se siente más feo que el diablo sin cachos. Sus amigos coinciden con él, pero la pasan bien. También está Nati, operada de un pecho, quien encuentra el sexo más bullicioso del pueblo. Con ellos, una galería de sujetos poco comunes, quienes se ríen de la vida antes que la vida se ría de ellos.

Cada situación nueva en ese poblado es una humorada más: imposible sustraerse a tanto descaro de buen humor. ¿Qué sería de una comedia sin buenos comediantes? El elenco asume con gran afinidad sus personajes y es casi injusto destacar a alguien. Es solo que Javier Cámara está que vuela como Eliseo, ¡excelente! Lo demás del filme funciona muy bien con este engranaje ricamente vacilón: a puro cine y a pura risa.

No se pierdan esta cinta si quieren pasar un buen rato. No le pierdan detalle a nada en la pantalla ni a los diálogos chispeantes. Hasta el paisajismo es gratificante con toda su onda costumbrista y su arco musical. Yo pienso verla de nuevo. Es posible que a usted le vaya a suceder lo mismo.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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