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Compañía Lírica Nacional presentará obras veristas italianas

Las óperas Cavalleria Rusticana y Pagliacci se asoman en los abismos de la pasión

Actualizado el 19 de junio de 2013 a las 12:00 am

Cavalleria Rusticana y Pagliacci, notorias por su intensidad dramática y calidad musical, sorprenderán desde mañana en el Teatro Nacional

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Las óperas Cavalleria Rusticana y Pagliacci se asoman en los abismos de la pasión

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Las óperas Cavalleria Rusticana y Pagliacci viajan juntas por tradición y, en pareja, su impacto se magnifica. Arrasan el escenario en un arrebato de pasión y deslumbran con su ritmo vertiginoso; así lo harán ahora en el Teatro Nacional .

La nueva temporada de ópera presenta múltiples retos a la Compañía Lírica Nacional (CLN) y a sus socios en esta empresa: la Orquesta Sinfónica Nacional y los coros Sinfónico Nacional (CSN) y de Niños del Instituto Nacional de la Música .

Esta exigente prueba se le encomendó al director mexicano Enrique Patrón de Rueda. Al maestro se suman Alejandro Chacón (director escénico), José María Milo Junco como diseñador de vestuario y escenografía, Ramiro Ramírez, director del CSN, y Marcela Lizano, a cargo del grupo coral infantil.

“Es un reto enorme para todos”, considera Patrón. “Son dos óperas muy complicadas, de producciones grandes; es un paso grande para la CLN. Son muy difíciles de cantar, difíciles de actuar...”, dice.

Aparte del protagonismo del coro, Patrón destaca la complejidad de la música y el acelerado ritmo de la composición y la trama.

“Son óperas veristas y narran dramas diarios de las vidas humanas: celos, traiciones, asesinatos. Hay que hacerlo muy bien para que la gente lo crea. Son tragedias fuertes que tienen que estar muy bien hechas, no pasarse al lado de lo tragicómico, y no pasarse al otro lado y que nos quedemos cortos”, comenta el director. Patrón ha trabajado tres veces con la Sinfónica; el año anterior, se encargó de dirigir la ópera Tosca.

El director escénico Alejandro Chacón, quien hace nueve años no visitaba el país, resalta el rol que estas obras jugaron en el verismo. “Es cuando las óperas empezaron a tratar temas del mundo cotidiano. Hasta entonces, eran sobre cosas que les pasaban a los reyes, a los dioses, a los personajes mitológicos. Los protagonistas son gente de pueblo; no hay nobles ni ricos”, dice.

Apenas se corre el telón, el espectador se encuentra inmerso en pleno drama. La orquesta, los coros y los cantantes deben acoplarse de inmediato y proyectar la envolvente atmósfera de tragedia y romance —mezcladas, secas, dolorosas— de las historias de pasiones comunes llevadas al punto de quiebre.

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Reto coral. El coro ha tenido una preparación intensa. Con una temporada de Carmina Burana que apenas va terminando, su tiempo de ensayos se redujo a dos semanas. “Es de la música más bonita de la ópera en cuanto a la participación coral; son melodías muy bonitas y escenas que la gente espera”, añadió Ramiro Ramírez.

En Pagliacci y Cavalleria Rusticana, los coros forman parte integral del drama: son quienes dan la sensación de “vida vivida” al drama que se desenvuelve en el escenario. En la Sicilia de Cavalleria Rusticana y la Calabria de Pagliacci, se involucran con los personajes, los interpelan y deleitan con famosas intervenciones, como Regina Coeli (en Cavalleria).

De Cavalleria son especialmente recordadas, además, las partes sinfónicas, así como el papel de la desesperada Santuzza. En Pagliacci es esperado el prólogo que hace Tonio (Si può?... Si può?... Signore! Signori! ... Un nido di memorie) y la interpretación dramática de Vesti la giubba, cuando Canio se prepara para presentarse como payaso.

El trabajo en vestuario y escenografía de Milo Junco: tiñe de ocre Cavalleria y prepara el terreno para la desolación emocional; la de Pagliacci recuerda, entre tonos pasteles, el dolor por venir.

En ambas óperas, la orquestación es muy densa. En un teatro sin foso, como el Nacional, el riesgo que corren los cantantes de hundirse en la música se duplica; el reto del director es balancear la fuerza y belleza de las interpretaciones.

A cargo. Enrique Patrón es descrito, invariablemente, como un maestro duro, exigente y perfeccionista (en el mejor de los sentidos). El tenor Carlos Galván , su compatriota, dice: “El maestro Enrique es un gran director, muy respetado en el medio. Es muy competente y muy completo. Siempre está con el cantante: respira, frasea y se sabe la ópera de pe a pa”.

“Es estresante, pero así debe ser: él cumple maravillosamente con su papel. Para eso está hecho, para exigirnos y para sacar lo máximo de nosotros”, comenta Belem Rodríguez , quien interpretará a Santuzza en Cavalleria Rusticana.

Patrón conoce sus formas de trabajar. Prefiere apegarse al libreto original y a las intenciones del compositor. “Soy un director a la antigua. Me gusta mucho como se hacía la ópera antes”, comentó.

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“Intento que la música sea bien tocada, que sea verista, que impacte al público y que lo conmueva, que se envuelva en la masa orquestal, que es lo que quiere el compositor”, explica. Para Patrón, es importante que la música “esté al servicio de la voz cuando tenga que estarlo”.

Le ha ayudado una química especial con la OSN. “Es una orquesta con gran energía y una capacidad de asombro muy especial. Los veo tocando y viendo al escenario para ver qué sigue en el drama. Estoy muy agradecido con ellos porque me han dado muy buen trato y me tienen mucha paciencia”, comentó Patrón.

Las dos obras son de un acto. Ambas se presentarán mañana, el sábado y el domingo; la próxima semana, se presentarán el martes, jueves, viernes y domingo. En todas las funciones hay espacio.

Debido a la exigencia vocal e interpretativa de ambas óperas, dos grupos de cantantes se turnarán para dar vida a los personajes. Cavalleria Rusticana: Santuzza: Belem Rodríguez y Giselle Santamaría (mezzosopranos); Turiddu: Carlos Galván y Ernesto Rodríguez (tenores); Mama Lucia: Glenda Juárez y Giselle Blanco (mezzosopranos); Alfio: Fitzgerald Ramos (barítono); Lola: Melissa Soto (mezzosoprano). Pagliacci: Nedda: María Marta López y Sofía Corrales (sopranos); Canio: Ernesto Rodríguez y Carlos Galván (tenor); Beppe: Ono Mora y José Daniel Hernández (tenores); Tonio: Michael Corvino (barítono); Silvio: Fitzgerald Ramos (barítono).

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