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Goles cantados

Actualizado el 15 de junio de 2014 a las 12:00 am

El futbol. Una caudalosa y diversa inspiración para la música de América Latina

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Goles cantados

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Selección de Costa Rica durante la grabación del video de la canción 'Lo daremos todo', en 1990. Fotografía: Randall Zúñiga para LN.

No fue Frank Sinatra durante su concierto en 1980, no. Fue un tal Alcides Edgardo, este sí, quien entonó un canto que enmudeció al estadio Maracaná. Fue Alcides, apellido Ghiggia, quien aguó los ojos –por primerísima y única vez– de 200.000 almas en el escenario diseñado para que Brasil ganara el Mundial de Futbol de 1950.

Ghiggia era uruguayo, muy a pesar del 10 % de la población de Rio de Janeiro congregada en el Maracaná y pese a los 50 millones de brasileños que seguían el episodio por televisión o radio. El grito de gol con que volteaba el marcador (1 a 2) significó el campeonato para los orientales, el segundo conseguido hasta ahora por la celeste.

Moacyr Barbosa, el guardameta local, vencido, bocabajo, en el suelo, escuchó el grito de Ghiggia como un sablazo y luego sintió el peso de un silencio magnánimo, ensordecedor, viciado de un luto espeso. “Nuestro Hiroshima”, dicen que dijo un periodista brasileño exagerando el dolor de la derrota hasta sobrepasar –que se puede– la banalidad.

“La condena del Maracaná se paga hasta morir”, canta el murguista uruguayo Tabaré Cardozo en el tema Barbosa. Mitad samba, mitad candombe, está inspirado en un texto de su coterráneo Eduardo Galeano: Barbosa, ya retirado y trabajando en el estadio, se lleva los palos del arco en donde le encajaron los goles y con ellos alimenta el fuego de un asado, tratando de expiar culpas.

El 11 ideal. La hecatombe y el Olimpo futbolístico son fecunda inspiración de cumbias, tangos, candombes, choros, sambas, skas , valses, rocks, canciones en toda Latinoamérica. Inspiran jingles comerciales también, y pregones de apoyo de las barras, “hinchadas” y “torcidas”: cantos cotidianos, por supuesto, que retratan un paisaje más acorde con la mayoría de los aficionados: la calle del barrio, el potrero cercano, el patio de la escuela donde un grito de gol nos convertía en Juan Arnoldo Cayasso, Diego Armando Maradona, Pelé… o Alcides Edgardo Ghiggia –nunca, pero nunca, en Barbosa–.

1. La mejenga. El sueño despierto del niño que anota el gol definitorio de un partido de su equipo: esto resume una escena de la infancia de todo aquel que haya pateado “la de a gajos”. El sueño del pibe (La Beriso) hace explícito ese ideal.

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En cambio, El pibe de mi barrio (Doctor Krápula) lo adorna con una belleza poética y una fuerza de comparsa que, entrelazadas, emocionan, certeras y vibrantes.

“La calle de mi infancia se convierte en mi Wembley. / De otros barrios vienen maradonas y pelés”, alardean los colombianos y redondean más tarde, orgullosos: “La Champions League, al lado de mi barrio, es poca cosa”.

2. El ídolo. En medio de las predecibles dedicatorias a Pelé y Maradona, el hondureño Guillermo Anderson da cuenta de un veterano y ficticio delantero llamado Pepe Goles, quien se dedica a recordar sus glorias idas a cambio de tragos. En Al fondo de la red, Mauricio Ubal pinta la belleza etérea de un crack anónimo: “Por esa comba exquisita / que se anticipa al azar…”

3. Santa Maradona. “No podés ser ídolo si sos demasiado perfecto, viejo. Si no tenés ninguna fulería, si no te han cazado en ningún renuncio... ¿Cómo mierda la gente se va a sentir identificada con vos?”. Así concluye el cuento Lo que se dice un ídolo , de Roberto Fontanarrosa, sobre un delantero inmaculado, correctísimo, indiferente para la hinchada hasta el día en que salió expulsado por asestarle un “roscazo” a un defensa.

De ese gusto por el antihéroe bien puede venir la devoción que despierta el argentino Diego Armando Maradona y que le ha valido un decálogo de temas musicales, con Santa Maradona (de los francoespañoles de Mano Negra ), La mano de Dios (Rodrigo), Maradó (Los Piojos) y Maradona (Andrés Calamaro) como los más representativos.

La devoción también viene, cómo no, de los dos goles anotados contra Inglaterra en México 1986, cuatro años después de que el gobierno militar perdiera la guerra de las Malvinas ante los británicos. Tal retribución del 10 a su patria hace que, para muchos, sea injusto no perdonarle cualquier “fulería”. “Si Jesús tropezó, / ¿cómo él no habría de hacerlo?”, lo indulta Rodrigo.

4. Los patadura.Carlos Gardel grabaría en París, en 1928, un tema que coloca en paralelo al mal futbolista (“Patadura”) y al mal amante, comparándolos, para disminuirlos, con jugadores de Argentina o del Barcelona español. Con cariñoso lunfardo, les pide que, por favor “se pianten” de la cancha y les dejen el cupo a otros.

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A su vez, en Paravalancha, Alejandro del Prado confiesa que él, como su padre y su abuelo, se retiró de las canchas para cumplir con su destino: alentar desde la gradería. “Soy un hincha, hijo de un hincha, nieto de un hincha que soñó ser jugador”.

5. El hincha. Hay temas recurrentes sobre la Adicción (Memphis La Blusera) de los aficionados por el Gol (Anita Tijoux), e incluso Dámaso Pérez Prado se sumó al monotema con su Mambo del futbol, pero vale nombrar a Ignacio Copani, quien ha dedicado su discografía a cantarle al futbol –y a River Plate por sobre todo–.

En su obra abundan cantos contra los directivos que llevaron al club a la segunda división ( Vals del nomeolvido ) o contra ídolos del Boca Juniors, como Martín Palermo (Pa’l hermoso goleador).

Amén de esos temas reactivos, su Domingo sin fútbol es una diatriba contra el vacío en la vida de un hincha cuando su equipo no juega.

6. La torcida. Como el canto de las chicharras, el aliento de la barra del club brasileño Corinthians ( Aqui tem um bando de loucos ) resulta en una multitud de voces que aturden o embelesan, y la acústica de su estadio crea un mantra inexpugnable.

Igual se dirá del Colo-Colo chileno o el Cruz Azul mexicano. A modo de pregón de apoyo también está el caso de temas como Mariposa tecknicolor ( Fito Páez), intervenido por las barras para su usufructo: alentar, con las letras del caso, al equipo de su sangre.

7. El himno y el ‘jingle’. Lo daremos todo (La Banda) y la resignificación del Agárrense de las manos (cantado por José Luis Rodríguez, “ El Puma ”, luego en versión de La Nota) evocan un momento de gloria costarricense: el mundial Italia 1990. Un equivalente es el Contigo, Perú , que Augusto Polo Campos (el compositor), Óscar Avilés y Arturo Cavero entonaron en el vestuario de la selección antes de jugarse el partido definitorio ante Chile, clasificatorio a Argentina 1978.

Otros temas, como La copa de la vida ( Ricky Martin ), sintetizan la fuerza emotiva del juego. A su vez, y con el mecenazgo de Televisa, el mexicano Joel Jáuregui ha compuesto temas que se incrustan a medida como jingles de programas deportivos. Incluso, uno de ellos ( La vida no es lo mismo sin futbol) fue cortinilla de un show hecho en México, y hoy lo es del programa Estadio 11 , en Costa Rica.

De la abundancia de musas futbolísticas se relamen los tres países de América que han levantado la copa de campeones del mundo: Brasil (1958, 1962, 1970, 1994, 2002), Argentina (1978, 1986) y Uruguay (1930, 1950).

8. Brasil. Del tema Um a zero (Pixinguinha) que en 1919 pretendía retratar un triunfo de Brasil sobre Uruguay, a las declaraciones de principios O futebol (Chico Buarque), Aquí é o país do futebol (Milton Nascimento), Filho Maravilha (Jorge Ben Jor) y la oda O rei Pele (Jackson do Pandeiro), hay un viaje largo, gigantesco, hilado por la mística ganadora de toda una nación.

9. Argentina. La caudalosa discografía futbolera de la albiceleste juega un ida y vuelta con composiciones trascendentes más allá del juego del domingo –que no es poco–. Desde Gardel ( Patadura ) hasta Gotan Project (La gloria), Jairo (El ángel de la cancha) o Los Fabulosos Cadillacs (La marcha del golazo solitario), el futbol ocupa un lugar en la mitología musical del pueblo tanto como el farol de la esquina, la vieja adorada o la chúcara pampa.

10. Uruguay. Más allá de Mauricio Ubal, Rubén Rada (Dale, goleador; La novia de la escuela) y El Cuarteto de Nos (Uruguay 1-Brasil 1), no hay quien haya izado la celeste de mejor manera que Jaime Roos (Las luces del estadio , Cuando juega Uruguay ).

11. La catarsis. En Crímenes perfectos , Andrés Calamaro entona versos que recuerdan el momento político de Argentina al ganar su primera copa: la brutal dictadura militar (“Me parece que soy / de la quinta que vio / el Mundial 78. / Me tocó crecer / viendo a mi alrededor / paranoia y dolor”).

Otros temas, como El baile de la gambeta , de Bersuit Vergarabat (“Vamo’ a bailar / para cambiar esta suerte, / si sabemos gambetear / para ahuyentar la muerte”) y No me calienta, de Copani (“Si vivimos en el mundo del fondo, / sumergidos en el fondo del mundo, / ya podemos olvidarnos de todo, / todo menos nuestra vieja y el fútbol”), subrayan la situación social, política y económica de la mayoría de la población de la región más desigual del mundo: América Latina.

De allí el futbol como catarsis, válvula de escape o bocanada de aire para muchos; antes, incluso, que la chupada de opio que, otros dicen, sustituyó a la religión.

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