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Crítica de música: Menos es más

Actualizado el 16 de junio de 2014 a las 12:00 am

Variedad de recursos y minuciosa interpretación en el recital del 13 de junio con el Minguet Quartett, de Alemania.

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El arte del cuarteto de cuerdas consiste en lograr los mayores resultados artísticos a partir de muy pocos recursos, los cuales se circunscriben a cuatro instrumentos derivados del violín, los cuales tienen naturalmente un timbre muy similar y unas posibilidades técnicas casi idénticas.

Este género reproduce, además, el germen primario de la música occidental, ya que los dos violines hacen el papel de las voces femeninas agudas y graves (sopranos y contraltos) y la viola y el violonchelo reproducen los registros de los hombres (tenores y bajos). Por lo tanto, no sobra ni falta nada.

Versión original. El Cuarteto Minguet, cuyo nombre está inspirado en la figura del filósofo catalán Pau Minguet i Irola, presentó el viernes pasado en el Teatro Eugene O’Neill una concepción muy original del Cuarteto op 76, No. 5 , obra de madurez de Haydn.

Muy lejos de responder a las propuestas estándar de la pieza, este grupo alemán prodigó una espléndida gama de matices, texturas, sonoridades y contrastes, logradas por medio del uso creativo del vibrato, diferentes velocidades de conducción y golpes de arco, y sobre todo, un diálogo permanente entre las partes.

Arte de la miniatura. Tremendamente concisas son las Seis bagatellas op. 9 de Anton Webern, cuya ejecución total no excede los cuatro minutos. Aquí el arte de la miniatura llega a extremos inimaginables ante la renuncia del autor a emplear temas musicales en favor de brevísimos motivos, que en algunos casos están constituidos por una sola nota.

Sin embargo, esta brevedad contrasta con la gran variedad de recursos musicales que demanda la partitura. En muchos sentidos, podríamos decir que de lo que se trata es del Weniger ist mehr (Menos es más) del arquitecto Mies van der Rohe, contemporáneo de Webern.

Ante la evidente dificultad de poder captar en una sola audición todos los detalles desplegados en la minuciosa interpretación del Cuarteto Minguet, el grupo decidió tocar las Seis Bagatelas dos veces, y, entre ambas ejecuciones, ofrecer al público una lectura de la introducción que el compositor y amigo de Webern, Arnold Schoenberg, escribió para la primera edición. Lástima que esta excelente idea se viera afectada por una mala versión castellana del texto original.

Contraste y dinámica. La ejecución del opus 80 de Mendelssohn estuvo guiada por un enfoque dramático del contraste y la dinámica. Delicados pianísimos se contrapusieron a intensas intervensiones del grupo completo o sirvieron de punto de partida para llegar gradualmente a algún potente clímax sonoro.

Cabe notar sin embargo, que la acústica del Teatro Eugene O’Neill no favoreció la proyección del sonido en los momentos de mayor intensidad.

Bellamente logrados resultaron los conmovedores claroscuros del Adagio y la atmósfera sombría y angustiante del último movimiento, que con frecuencia se asocia con la dolorosa pérdida de la hermana de Mendelssohn, e incluso con una premonición de su propia muerte, acaecida unos pocos meses después.

Fuera del programa y para agradecer los aplausos, nuestros visitantes nos brindaron la Cavatina del compositor checo de origen judio-alemán Erwin Schulhoff, quien murió en un campo de concentración en 1942.

Tal vez, el aporte y la enseñanza que deja la visita del Cuarteto Minguet a los jóvenes, que en nuestro país se acercan al difícil arte de la música de cámara, se puede resumir en otra de las sentencias atribuidas a Mies van de Rohe: “Dios está en los detalles”.

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