Entretenimiento

Crítica de música

Crítica de música: La crema y nata

Actualizado el 03 de mayo de 2014 a las 12:00 am

Paul McCartney hizo creíble lo increíble

Entretenimiento

Crítica de música: La crema y nata

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Uno puede decir que el concierto del jueves es el mejor que ha visto estas tierras en los últimos tiempos. Inevitablemente, la opinión es subjetiva y de repente un poco pasional pero después del asombroso show que otorgó Paul McCartney, no resultaría una afirmación hiperbólica.

Subjetivamente hablando: es el mejor espectáculo musical que ha llegado al país.

No fue un show tremendo solo porque en casi tres horas de música interpretó 39 temas imperdibles, sumando canciones de su reciente álbum New que suenan como recién salidas del disco, hasta clásicos de The Beatles y Wings reinterpretados con audacia, como Lady Madonna , otros en la atmósfera de un sentido homenaje, como Something (a punta de un ukelele y voz), unos con espíritu infantil, como All Together Now , la explosiva Live and Let Die o temas entusiastas como I’ve Just Seen a Face , que nos recuerdan que lo esencial de la belleza está en lo más simple.

Tampoco se podría decir que, solamente, fue un show impecable por la calidad sonora, en este caso apreciable con el mayor detalle en cada rincón del Estadio Nacional, desde cada golpeteo en la batería del sorprendente Abe Laboriel Jr., hasta el cuidadoso tecleo a cargo del hombre orquesta Paul Wickens o los coros de ellos más los otros dos músicos que acompañan al sir inglés.

El concierto de Macca se extendió por casi tres horas para un total de 39 canciones interpretadas.
ampliar
El concierto de Macca se extendió por casi tres horas para un total de 39 canciones interpretadas.

No fue un gran concierto únicamente porque el artista tiene a su disposición un arsenal de artilugios tecnológicos: rayos láser, videos animados alusivos a cada tema, una gigantesca tarima levadiza, un sorprendente despliegue de pirotecnia, dos pantallas verticales laterales con imágenes impecables o una tarima iluminada desde el suelo hasta el último rincón.

El disfrute tampoco se debió exclusivamente a que el inglés supo interactuar con el público en cada pausa, logrando solemnes silencios cuando el ambiente así lo demandaba, o más bien alcanzar la demencia con una banda sonora en directo que el público tico había esperado desde siempre.

En realidad, el concierto de McCartney fue un gran espectáculo por todos los elementos anteriores pero, especialmente, porque, con cada una de las 39 canciones, el músico llegó al corazón de sus escuchas. Sacó lágrimas y regaló sonrisas. Hizo soñar e invitó a volar hasta al pequeño abejón que –para envidia de muchos– se posó sobre su brazo. En dos platos, el jueves por la noche Macca les hizo el sueño realidad a unas 20.000 almas.

Recordemos que el pan de cada día de este músico es enloquecer multitudes por obra y gracia de su mismísima obra y gracia. Su cotidianidad es amasar seguidores por su don de artista, por su don de gentes, por su nombre y apellido.

El brillo que hoy ilumina al músico responde a su pasado y presente, a su Yesterday and Today , a las cinco décadas que lleva de componer éxitos, de escribir un capítulo exclusivo –sin par y regordete– en la historia de la música.

El brillo que lleva el artista se debe también a que, a pesar de que su rutina es la de los conciertos masivos, es capaz de venir a tocar a Costa Rica y dar la impresión de que a él lo acompañan la misma ilusión y felicidad que nutren a su fiel fanaticada (heterogénea e intergeneracional como ninguna otra).

El jueves por la noche Paul McCartney nos dio una explicación clara de por qué se le considera la crema y nata. Con su show es capaz de hacer creíble lo increíble.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Crítica de música: La crema y nata

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota