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Crítica de música: Ticos y cariocas

Actualizado el 26 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Sonidos continentales. La orquesta herediana propicia un repertorio latinoamericano

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Crítica de música: Ticos y cariocas - 1
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En el segundo concierto de la actual temporada de la Orquesta Sinfónica de Heredia (OSH), dedicada exclusivamente a la música de arte latinoamericana, con el director titular, maestro Eddie Mora, sobre el podio, cuatro compositores costarricenses cruzaron pentagramas con dos compositores brasileños.

La mañana del domingo 24, un público numeroso abarrotó el teatro Eugene O’Neill (TEO) y aplaudió con entusiasmo las obras y las interpretaciones. El costarricense Fernando Zúñiga tuvo una participación muy destacada como solista en el fagot.

Obras y estrenos. En el repertorio figuraron tres estrenos nacionales y un estreno mundial. Este fue Salmo: De la sabiduría del rey Salomón , poema sinfónico en un solo movimiento, del costarricense Marvin Camacho (n. 1966). La obra, dedicada a la OSH, que la comisionó, se escuchó de antepenúltima en el orden del programa.

Bien que escrita en un solo movimiento, la composición establece tres momentos en su discurrir: La voz de Dios; Reflexión del rey Salomón; Procesional del Templo. Como en otras piezas de Camacho, la armonía cuartal y el cromatismo forman la estructura armónica de Salmo ; el autor emplea técnicas instrumentales ampliadas, mediante las cuales obtiene sonoridades inusitadas y genera efectos noveles en la textura orquestal y, en el momento de la Reflexión , varios instrumentos asumen el protagonismo melódico como solistas. Asimismo, al parecer la pieza permite la improvisación orquestal, ad libitum.

El concierto se inició con el estreno costarricense de Modos imagísticos , del brasileño Wellington Gomes (n. 1960). Se trata de una obra para pequeño conjunto de cámara formado por pares de violines y violonchelos; flauta; clarinete; saxofón; guitarra y percusión (marimba, redoblantes, tamborcillos y bombo).

Escrita en el 2011, la pieza establece una repitente estructura armónica en constante transformación, mientras que los ritmos y las texturas logradas de las distintas combinaciones instrumentales producen el impulso del discurso musical.

Siguió la conocida Pavana , del maestro Benjamín Gutiérrez (n. 1937), decano de los compositores nacionales. Obra de juventud, compuesta en 1961, para conjunto de cuerdas, cuando todavía estudiaba en el Conservatorio de Nueva Inglaterra, la Pavana retoma una antigua danza española de ritmo solemne como lamento por la muerte de la hija pequeña de un matrimonio amigo del compositor. La pieza envuelve al escucha en una atmósfera de sensible melancolía y quizá sea la composición más interpretada del catálogo del maestro.

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A continuación, Fernando Zúñiga forjó una ejecución descollante como solista en el Concertino para fagot y orquesta , de Francisco Mignone (1897-1986), uno de los más importantes compositores brasileños del siglo XX.

Es probable que esta haya sido la primera audición en concierto de la obra en nuestro país.

La pieza data de 1957 y, característicamente, refleja el doble acervo cultural y musical de Mignone, con un primer movimiento de reconocible lirismo italiano, seguido de un alegro final en el estilo popular bailable del chôro carioca.

Ambas partes demandan notable pericia técnica e interpretativa del solista, retos que Fernando Zúñiga superó con soltura y musicalidad, mediante el sonido entonado y la emisión lisa en los tres registros, la destreza rítmica y la fluidez del fraseo.

Marchas fúnebres de compositores costarricenses redondearon el programa. Primero, la Marcha fúnebre de la Suite Antígona , de Carlos Enrique Vargas (1919-1998), extracto de la música incidental compuesta por el maestro Vargas para el montaje escénico de la tragedia de Sófocles realizado en 1961 por el Teatro Universitario. En 1991, el compositor hizo una nueva orquestación de la Suite , y esta es la versión de la Marcha fúnebre que se interpretó.

Para finalizar, el maestro Eddie Mora y la Orquesta Sinfónica de Heredia estrenaron la versión de concierto, instrumentada noblemente para orquesta sinfónica por Vládimir Soifer, de El duelo de la patria , marcha fúnebre para banda militar compuesta por Rafael Chávez Torres (1839-1907) en 1882 para las honras fúnebres del presidente Tomás Guardia.

En todas las obras, el maestro Eddie Mora y los jóvenes integrantes de la OSH mantuvieron un desempeño sobresaliente y, en especial, fue notable la hermosa sonoridad aterciopelada producida por las cuerdas en la Pavana .

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