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Crítica de TV: ‘Tu cara me suena’ es sincero y comedido

Actualizado el 16 de abril de 2015 a las 12:00 am

Tono desenvuelto con humor planeado, una mezcla inesperadamente sincera.

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Crítica de TV: ‘Tu cara me suena’ es sincero y comedido

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Édgar Murillo en el escenario de ‘Tu cara me suena’. / Fotografía: Melissa Fernández.

Teletica Formatos se compromete con un producto ambicioso, producido en más de 40 países. En esta ocasión, parece que sus condiciones actuales favorecen una producción bastante decorosa y sincera.

Tu cara me suena es un concurso de talentos cuyo formato busca una sola cosa: entretener de manera sencilla. No hay expulsados, no hay nominaciones ni votos de la audiencia, lo cual facilita la puesta en escena y, sobre todo, el dramatismo; esto último parece un valor que beneficia otros rubros del programa.

Aciertos. El set muestra buen trabajo, un aprovechamiento del espacio y propuesta de cámara pensado. A diferencia de otros ejercicios de formatos importados, parece que alguien trabajó bastante en este programa a la hora de planificar aspectos formales; eso es grato.

Un acierto es tener imitaciones en inglés. Es comprensible: quieren apuntarle a otro público, lo cual es sumamente valioso.

Tal vez lo que coopera con esta propuesta es la sinceridad del programa: nadie del elenco tiene intentos rimbombantes ni posturas insostenibles para cumplir.

A pesar de que el humor es planeado, su tono desenfadado –comparado con textos usuales de la tele nacional– lo hace sentir sincero. No parece que alguien los mandó a hacer un papel, sino que se hace el papel por la naturaleza del programa; eso es franco.

No hay que confundir. Debe el programa demostrar ese estilo desmarcado de la producción cotidiana y no caer en las prácticas usuales con poses insostenibles de otros programas.

So pena de su sinceridad, las cápsulas de ensayo regularmente colindan con lo absurdo y muestran un humor incongruente con el resto del programa.

La cordialidad entre ellos es, en ocasiones, excesiva. Se nota la intención, pero no se debe abusar. No deben espantar a la audiencia creando entre los participantes un círculo cerrado más propio de la ficción que del reality show .

Los mismos jueces se apuntan a vacilar cuando, al contrario, deben servir a la evolución de los participantes. Claro que sin pasarse al lado de posturas teatrales de otras propuestas, pero deben cuestionar y no halagar ni vacilar en exceso.

La ejecución de espacios publicitarios lamentablemente corta el programa. Forzados y con poca pericia, hay un abuso de los lenguajes utilizados para rentabilizar el producto. Una excesiva introducción de promociones o un logo flotando en pantalla sin mediación denotan un poco de ligereza en el apartado.

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La selección de imitaciones claramente no es aleatoria, pues se nota similitudes entre los imitadores e imitados. Es lógico, pero debe ser convincente la mecánica de selección de las imitaciones de cara a la credibilidad.

El programa es editado a multicámara; después de la grabación se montan cápsulas para darle un valor, pero se notan imprecisiones que eliminan la credibilidad del montaje de un espectáculo en directo.

Criterio. El programa es comedido, hace un planteamiento y lo cumple. Luego de ver los elementos de comicidad utilizados, Édgar Murillo debe de haber tenido algún aporte creativo más allá de la presentación, quizá en el tono de la comunicación, y le sienta bien al programa, pues, a excepción de las cápsulas de ensayo, el show no es absurdo.

Es una propuesta bien hecha. Un formato con elementos replicables en el país y, por ende, es el mejor ejercicio –aparte de ¿Quién quiere ser millonario? – de un formato importado por Teletica.

No es como el programa colombiano o el español, pero está bien representado. Los alcances y la transparencia del esfuerzo de los participantes desmarcan el tono del programa del cartón usual y eso se agradece. Dele una oportunidad y júzguelo con su propia opinión.

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