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Crítica del concierto de la Sinfónica Nacional: Plenty of Music

Actualizado el 27 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Brillante interpretación Desajustes insignificantes

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Crítica del concierto de la Sinfónica Nacional: Plenty of Music

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En directo. La Orquesta Sinfónica Nacional presenta este concierto en una gira por la zona atlántica. Gesline Anrango

Extractos de dos obras compuestas en la misma época entre 1935 y 1936, pero, no obstante, muy diferentes en estilo y concepción, integraron el programa del VII Concierto de Temporada Oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la batuta de su titular Carl St. Clair y con la participación del Coro Sinfónico Nacional.

La creación del genial compositor ruso Sergei Prokofiev se caracteriza por una incesante búsqueda de originalidad a partir de un lenguaje muy elaborado que no escapa de los cánones del romanticismo tardío.

En cambio, Gershwin, quien nunca tuvo una formación musical adecuada, luchó siempre por lograr que sus creaciones fueran más allá de breves canciones populares, que, aunque exitosas, eran formalmente repetitivas y obedientes a simples patrones rítmicos y armónicos preestablecidos.

‘Romeo y Julieta’. Entre los recursos personales que emplea Prokofiev en su balletRomeo y Julieta destaca un sensible descuadre métrico ampliamente criticado por parte de los bailarines de la época, quienes lo encontraban tan incómodo de seguir que incluso llegaron hasta el punto de acuñar un refrán que se podría traducir como “en el ballet no hay nada tan molesto como lo que Prokofiev ha compuesto”.

En la actualidad, aunque estamos más acostumbrados a este tipo de desproporciones rítmicas y estructurales, aún se corre el riesgo de que por culpa de una propuesta débil esta música suene incoherente y desorganizada.

Esto fue afrontado con gran éxito por St. Clair mediante el énfasis en vastos fraseos, cuidado en los matices, y resaltando el color orquestal de la partitura.

Muy inspirado resultó también el tratamiento de las amplísimas melodías con las cuales el autor pretendía concebir un nuevo lirismo, al extender su diapasón desde los sonidos más graves de la orquesta hasta las notas más agudas posibles.

No exenta de virtuosismo, la Sinfónica nos ofreció la escena titulada Julieta niña (y no Julieta la joven como dice el programa de mano, lo cual no tiene ningún sentido al haber solo una Julieta en la obra) En esta magistral miniatura los alegres correteos de la niña enmarcan algunas de las más tiernas y dulces melodías jamás escritas, los nostálgicos motivos de Julieta.

Una dramática versión del duelo, la muerte y el cortejo fúnebre de Teobaldo, punto de inflexión de la tragedia, sirvió de broche de oro a una brillante interpretación en la que algún desajuste o desafinación resultó insignificante ante tanta buena música.

‘Porgy and Bess’. Con mucho menos dificultades estilísticas, la partitura de Porgy and Bess de Gershwin fluyó con naturalidad y carácter en la segunda mitad del programa. Obviamente, coro, solistas, director y orquesta, amén del público presente, se sintieron completamente cómodos con esta música contagiosa y tan cercana a la cultura actual. Aquí la tarea consistió en lograr los tempos apropiados y acompañar correctamente a los solistas, quienes se ganaron el show del programa.

Espléndidas cualidades vocales y divertidísima teatralidad dominaron las interpretaciones de estos solistas, duchos en el estilo de Gershwin y en la rica cultura African American que lo caracteriza. La formidable potencia de la voz del barítono Kevin Deas se impuso con facilidad al aparato orquestal, que también cubrió en algunas ocasiones a la soprano Jonita Lattimore en sus registros medio y grave.

El coro tuvo a su cargo intervenciones relativamente modestas en las que se mostró preciso y adaptado al estilo particular de esta música que el público aplaudió con entusiasmo y empatía.

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