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Crítica de música: Mérito indiscutible en el concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional

Actualizado el 27 de agosto de 2016 a las 12:00 am

Interpretaciones encomiables de Mozart y Mendelssohn con la Sinfónica Nacional

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Crítica de música: Mérito indiscutible en el concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional

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La Sinfonía Concertante KV 364 de Mozart responde a una estructura musical muy en boga en el siglo XVIII, que tiene su origen en el Concerto grosso en el cual, originalmente, dos violines y un chelo se alternaban con un grupo mayor de instrumentos de cuerda llamado ripieno (relleno), aunque de ninguna manera este término podría aplicarse al activo papel que tiene la orquesta en esta obra ni en la mayoría de los conciertos del gran compositor.

Así mismo, el doble sentido del verbo latino concertare ; cuyo significado se puede referir a acordar, conjuntar como también a disputar o debatir; nos da una buena pista de la contradicción interna de las obras concertantes y del valor de la formidable creatividad que Mozart despliega en esta pieza al hacer dialogar los dos intrumentos solistas entre sí y también con la orquesta; uno de sus más importantes aportes al género. Afirmaciones y contradicciones, así como preguntas y respuestas variadas se suceden en un maravilloso tejido fractal en el que participan tanto las secciones de cuerdas como los cuatro instrumentos de viento (dos oboes y dos cornos) quienes actúan también frecuentemente como solistas.

Aunque, por supuesto, nunca he creído que un niño se convierta en un genio matemático por el simple hecho de escuchar música de Mozart, no puedo dejar de pensar en alguna analogía cuando elaboraciones tan inteligentes como la Sinfonía Concertante se presentan al oído con una simpleza y frescura casi infantiles.

Por otro lado, tradicionalmente, las formas concertantes han servido para mostrar el virtuosismo de los integrantes de una orquesta y en este caso ese objetivo de cumplió a cabalidad con la participación como solistas de la violinista costarricense Eva Trigueros y la violista cubana –radicada en el país– Winnie Camila Berg. Ambas intérpretes mostraron un dominio preciso de la técnica de sus instrumentos además de una exquisita musicalidad y gran aplomo escénico. El trabajo de conjunto, por su parte, fue encomiable en los delicados diálogos entre los dos instrumentos solistas y con las diversas secciones del conjunto.

Personalmente sin embargo, hubiera preferido una orquesta más pequeña que permita resaltar la preciosa filigrana de la alternancia de motivos y pequeñas variaciones, así como paliar los desbalances ocasionados por la mala acústica que padece el escenario del teatro desde que fuera eliminada la concha acústica.

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No menos logradas y precisas me parecieron las versiones de Carl St. Clair de la Obertura El Rapto del Serallo y la Sinfonía Italiana de Felix Mendelssohn, a quien por suerte en esta ocasión noté bastante menos espaventoso en el podio.

De la obertura en cuestión me gustaría señalar que el nombre de la ópera, a la que sirve de introducción, proviene del turco saray (palacio), palabra que en casi todas las lenguas europeas se traduce como harén o lugar en donde se cometen desórdenes obscenos. Esta aclaración podría explicar por una parte la sonoridad “turca” y luego el carácter festivo –casi desenfrenado– de esta pieza, que sonó ágil y brillante en el VIII Concierto de Temporada de la Sinfónica Nacional

La Sinfonía Italiana , por su parte, tiene mucho en común con el ambiente luminoso de la música anterior, ya que su inspiración juvenil data del viaje a Italia de un Mendelssohn veintiañero, quien tenía casi la misma edad de Mozart cuando compuso su famosa ópera. Ambas se sustentan igualmente en una fresca melodía inicial sobre una rápida pulsación y confirman su carácter en la predominancia inicial del modo mayor.

En conclusión, un programa exquisito tanto por la selección de tres obras maestras que combinan de maravilla entre sí, como por la calidad de las interpretaciones.

De manera lamentable empero y tal vez por tratarse de solistas nacionales, nuestro público dejó vacías una importante cantidad de butacas, con lo que se perdieron uno de los mejores conciertos de la temporada.

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