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Concierto realizado este sábado, en San José

El Cenac fue la sede de la mano dadivosa de la música y el arte

Actualizado el 27 de octubre de 2013 a las 12:00 am

¡Todos por Cuenca! 424, Un Rojo, Cocofunka, Sonámbulo y el Colectivo Artístico se unieron para recaudar fondos para el cantante Daniel Cuenca

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El Cenac fue la sede de la mano dadivosa de la música y el arte

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Músicos, fans, artistas escénicos, amigos y familiares se congregaron la tarde del sábado en el Centro Nacional de la Cultura (Cenac), en San José, para echarle una mano a Daniel Cuenca, cantante de la banda costarricense Sonámbulo.

Cuenca viajará en noviembre a España con el objetivo de someterse a una operación que podría eliminar una rara enfermedad que afecta su médula y algunas extremidades de su cuerpo. El tratamiento es costoso, por lo cual el concierto de ayer era parte de los esfuerzos que se han levantado para hacer esa cirugía una realidad.

Solidarios, cientos de seguidores –en su mayoría menores de edad– pasaron por alto el factor lluvia y entraron a las puestas en escena de los grupos 424, Cocofunka, Un Rojo y, finalmente, Sonámbulo.

Un Rojo contagió a todos los presentes con un   reggae  ecléctico. Anel Kenjekeeva.
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Un Rojo contagió a todos los presentes con un reggae ecléctico. Anel Kenjekeeva.

Unión y baile. El concierto empezó a las 11:25 a. m., cuando el cuarteto de rock pop 424 tomó el escenario e interpretó el tema 5/4 .

“No hay mejor razón que la música para ayudar a Cuenca hoy”, dijo el cantante Felipe Pérez a las decenas de personas esparcidas a lo largo del gran recinto josefino.

424 ha medrado su presencia en vivo gracias a canciones de su disco Oro , publicado en el 2012, cuyo sonido escapista y abundante reina en sus conciertos actuales, en los cuales por momentos queda la incertidumbre de si la banda improvisa en tarima, a pesar de que cada detalle está estratégicamente calculado.

El público, atento, vivió en carne propia el despliegue de piezas como Verano verde , Soñábamos (con Daniel Céspedes, cantante de Henna), Gala , Nocturna y Los cuervos .

Tras el cuarteto, vino una sorpresa en la alineación: el alemán Uwe Banton llegó al entarimado y ofreció un corto set de reggae , que puso a bailar a una mayoría que desconocía su música.

Un Rojo fue la siguiente banda; aquella que dice “gracias a la música, por alejar todas las malas vibras”. Durante poco menos de una hora, se dedicó a hacer justamente lo que reza esa frase.

Su sonido inclusivo contagió a los fans, cuyos movimientos se coordinaban con los bailes de las coristas María Laura y Kumary.

Temas como Comunión , Sodoma y Where You Gonna Run ( cover de Peter Tosh) probaron que Un Rojo da cátedra en eso de un reggae preciso y ecléctico.

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El circo Colectivo Artístico fue el siguiente en robarse la atención, con una presencia musical cargada de humor e improvisación.

Cocofunka arrancó su presentación con Étnica , de una forma cuasi experimental, con el cantante Javier Arce dramatizando todas las frases que cantaba al micrófono.

Este fue el primer concierto de la banda después de su reciente visita a Nueva York, EE. UU, y los fans saltaban tan alto que por poco tocaban el toldo que cubría el lugar, especialmente con la seguidilla de canciones como Elevarse , Siente y La criminal , cuyas transiciones fueron prácticamente imperceptibles.

Daniel Cuenca cantó el último tema del concierto, en un emotivo momento. Fotografía: Anel Kenjekeeva.
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Daniel Cuenca cantó el último tema del concierto, en un emotivo momento. Fotografía: Anel Kenjekeeva.

Cerca del final, Arce se refirió a Cuenca como “un guerrero valiente”, y Cocofunka le envió sus mejores deseos con temas como Gotas , Suele suceder y Positivity .

Luego, Sonámbulo armó su clásica fiesta, parecida a un baile de pueblo, que empezó con las tres partes de la obra Jabalí montuno .

La banda tocó con varios cambios de alineación, entre ellos David Cuenca como guitarrista y cantante, reemplazando a su hermano Daniel, destinatario de todo el amor enviado durante la tarde.

Aún así –sin algunos de sus músicos tradicionales–, el grupo ofreció una parranda estelar, probando lo que una fan decía minutos antes: Sonámbulo es más que música.

Es probable que toda la música que la banda ha creado sea, incluso, más grande que ellos mismos.

Durante Agua , una de las más solicitadas por el público, se pintó un retrato de esas cosas fortuitas que siempre suceden en los conciertos del grupo: madre e hija bailan, una joven se pierde en el mosh , otro deja su bolso en el piso para meterse a bailar (y lo encuentra intacto a su regreso), y David cierra los ojos mientras canta “ agua de río, yo me llevo todo lo malo ”.

Al final, Daniel Cuenca subió al escenario, agradecido por tantas muestras de afecto recibidas. Bastón en mano, el vocalista tomó el micrófono, le colocaron su icónico sombrero de paja y cantó La cumbia (nombre tentativo de la última pieza del concierto), en uno el momento más emotivos de la tarde.

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Alessandro Solís Lerici

alessandro.solis@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Periodista de la Revista Dominical de La Nación. Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina de Costa Rica. Escribe sobre temas sociales, internacionales, generaciones jóvenes, crónicas, problemáticas culturales.

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