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Concierto en el Parque Vargas, Limón

El Caribe de Costa Rica puso la copa en alto al son de la Única Internacional Sonora Santanera

Actualizado el 17 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Una de las versiones recientes de la icónica banda mexicana se vino de gira a Costa Rica a celebrar el Día de la Madre.

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El Caribe de Costa Rica puso la copa en alto al son de la Única Internacional Sonora Santanera

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Las canciones de la Sonora Santanera obligaron a muchos a bailar frente al escenario. / Fotografía: Diana Méndez.

La Única Internacional Sonora Santanera ha estado de gira toda esta semana en Costa Rica. “La razón principal por la que hemos venido es a festejar al ser más hermoso del mundo, que son las mamás”, dijeron sobre el escenario durante la noche del sábado, un día después del Día de la Madre, en el parque Vargas de Limón.

La fecha fue la cuarta de una gira que terminará este lunes, la cual también abarcó lugares como Siquirres, Patarrá y San José. No fue tampoco la primera vez que la música de la Sonora Santantera sonó en vivo en el Caribe, pues los conciertos de esta nueva encarnación del mítico grupo mexicano se han convertido en una tradición limonense.

Alrededor de 4.000 personas se congregaron desde que comenzó a caer el sol en el parque, a la espera de una sólida representación musical de la cumbia, el bolero y el danzón, entre otros de los géneros que estilaban interpretar aquellos legendarios integrantes de la Sonora Santanera, quienes crearon un legado que no ha dejado de influir en generación tras generación.

“Es hermoso estar acá, de verdad que es hermoso. También es impresionante que haya tanta gente”, comentó a Viva Antonio Méndez, uno de los líderes actuales del grupo, minutos antes de poner sus pies sobre las tablas, colocadas al fondo del parque, justo al lado del mar, ese lugar en el que la música tiene un eco natural inmejorable.

El ambiente era poético, como suele ser el caso en Limón: la avenida peatonal —situada frente a esa estructura temporal que deparó tanta felicidad y melomanía en todo el perímetro— estuvo llena de ventas de copos, globos, juguetes y, por supuesto, carnitas y pinchos.

Señoras y señores aguardaban al plato musical mexicano sentados en sus sillas de plástico, mientras un grupo de niños se disponía a jugar una ronda de penales en la pared de algún edificio gubernamental. Se respiraba la vida en el parque Vargas, en todas sus facetas.

La Única Internacional Sonora Santanera, un baile a colores. / Fotografía: Diana Méndez.
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La Única Internacional Sonora Santanera, un baile a colores. / Fotografía: Diana Méndez.

Baila que baila. Luego de una seguidilla de chistes homofóbicos por parte de los animadores (disque en conmemoración del Día de la Madre), los integrantes de la Única Internacional Sonora Santanera empezaron su espectáculo cerca de las 8 p. m., quemando desde el comienzo una de sus mejores bombas: La boa , el himno eterno.

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El jolgorio, los aplausos, las risas que dicen más que las palabras, el calor penetrante, la iluminación sepia del lugar... Todo sumó. A pesar de que la banda enfrentó algunos problemas de sonido durante los primeros minutos (nada mal, tomando en cuenta que no hicieron prueba de sonido), aquella fiesta no se podía opacar con nada.

Siguieron más canciones reconocidas por todos los limonenses allí presentes, como las clásicas Perfume de gardenias , El mudo , Luces de Nueva York , Mi razón , ¿Dónde estás Yolanda? y más, con las cuales las palmas y los coros envolvían todo el parque. También le dedicaron el tema Pequeño a toda la niñez de Limón.

Los músicos mexicanos, vestidos algunos en sacos rosados, y otros en sacos azules, morados y amarillos, no perdían el ímpetu en ninguna de sus manifestaciones, energizados por la música que ellos mismos estaban tocando en el escenario del parque.

Como las máximas dedicadas, las madres, abuelas y, en general, mujeres que conformaban la mayoría de la audiencia, le sacaron todo el jugo al concierto, secundando cada coro y estrofa de sus piezas.

Al cierre de esta edición, la fiesta continuaba en su más y mejor, y la Sonora Santanera amenazaba con no dejarla ir, pues prometía un espectáculo que se aproximara a las dos horas de duración.

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