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Ruta de la Alegría del PAC tomó calles y escuelas

Cadencia rojiamarilla acompañó el festejo

Actualizado el 07 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Cadencia rojiamarilla acompañó el festejo

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Nueve músicos le inyectaron sabor a la colorida fiesta electoral durante el transcurso del domingo, como parte de la Ruta de la Alegría del Partido Acción Ciudadana (PAC).

Luego de que el candidato Luis Guillermo Solís desayunara y recibiera a la prensa en su hogar, y de que asistiera a la misa solemne en la Catedral Metropolitana, en San José, la cimarrona acompañó la salida del político del templo con música desde el medio de la calle.

Eran las 8:32 a. m. y los músicos apenas entonaban las primeras notas de un día en el que la música parecería infinita, pues fue responsabilidad suya acompañar el voto de Solís y el de sus candidatos a vicepresidentes (Ana Helena Chacón y Helio Fallas) con ritmo y alegría.

Los enérgicos jóvenes (cuatro en las mascaradas y cinco tocando redoblante, bombo, saxofón, trompeta y trombón) se trasladaron a lugares como San Pedro, Curridabat, y Guadalupe, en horas de la mañana y en una jornada que terminaría en plaza Roosevelt, donde el partido iba a recibir resultados electorales.

Liderada por Jorge Sibaja, la cimarrona repitió temas similares en cada parada, cosechando bailes instantáneos en cada una. Su espíritu contagió a los simpatizantes del PAC, improvisando tremenda fiesta adonde fuera que tocaran.

Provenientes de Barva de Heredia, los integrantes del grupo se declaran fieles al PAC, por lo que no les resultó difícil aceptar la contratación del partido, meses atrás. Con la “chamba”, han logrado decenas de presentaciones a lo largo del país, en cuestión de cuatro meses.

“La cimarrona es algo típico de Costa Rica; la música que tocamos es alegre, entonces la mayoría de personas se apuntan a bailar, porque es felicidad, fiesta y alegría”, dijo Sibaja. También recordó que se han ganado insultos y hasta pedradas de seguidores de otros partidos.

No obstante, cuando arribaron a la escuela Pilar Jiménez, en Guadalupe, toparon con sorpresa: el calor de mediodía transformó los insultos previos en un baile compartido con votantes del Partido Liberación Nacional. Allí, no habían piedras; tan solo seres humanos bailando las mismas canciones bajo banderas distintas.

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