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Partcipará en 50% de conciertos de temporada y suplencias

Joven violinista costarricense se incorpora a la prestigiosa Deutsche Oper de Berlín

Actualizado el 23 de septiembre de 2017 a las 11:00 am

A finales de agosto, André Robles Field asumió un puesto formativo como "academista", con el cual participará en conciertos regulares de la célebre compañía.

Es nieto del afamado exconcertino de la Orquesta Sinfónica Nacional, Walter Field.

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Joven violinista costarricense se incorpora a la prestigiosa Deutsche Oper de Berlín

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André Robles Field se incorporó a fines de agosto a la Deutsche Oper de Berlín. (Foto: Kohei Hirotsu / Cortesía de André Robles Field)

Redacción

El 15 de setiembre, André Robles Field publicó un sentido video con su interpretación de la Patriótica costarricense. Se grabó en Alemania, donde, desde fines de agosto, representa al país con su violín. Durante dos años será músico de la Deutsche Oper de Berlín, una de las más prestigiosas casas musicales de Europa.

Oriundo de Curridabat y formado en Lübeck (norte de Alemania), el músico de 25 años supo el 16 de junio, tras una competitiva audición, que entraría a formar parte de la orquesta como "academista". "La orquesta tiene un programa de admisión que se llama la academia, con la cual uno es parte de la orquesta por dos años, durante los cuales es estudiante y profesional. Hace 50% de los conciertos y uno está de primero en la lista de músicos extra", explica Robles.

Su primera presentación formal con la Deutsche Oper fue el 2 de setiembre, en una función de La traviata. Tan exigentes presentaciones no son nuevas para Robles, quien había tocado con la Youth Orchestra of the Americas y el ensamble de la Universidad de Lübeck, donde estudiaba.

La música viene en la sangre de la familia para André: "Comencé a los cinco años a tocar con mi abuelo, Walter Field, concertino por 25 años en la Orquesta Sinfónica Nacional". Él fue quien le inculcó amor por la música y lo formó; en otro momento, el joven optó por estudiar más bien ingeniería mecánica.

Conversamos con André Robles Field antes de su partida a Alemania para incorporarse a la Deutsche Oper y a una maestría en la Universidad de las Artes de Berlín.

–¿Cuándo fue la prueba? ¿Cómo fue participar?

–La prueba la atesoro en mi corazón. No pensaba hacer la audición para esta orquesta sino hasta una semana antes, porque no sabía que esta orquesta iba a convocar a audiciones. Me había preparado para otras, pero cuando vi que esta convocatoria estaba abierta, escribí el email y pensé que jamás me iban a contactar porque faltaba una semana. Me invitaron vía telefónica y confirmé en un tiempo muy corto que sí iba.

"Me preparé, sobre todo, mentalmente. La parte musical y técnica se puede decir que todos quienes hacen la audición tienen un muy buen nivel, y todos están llamados a tocar dos o tres minutos, máximo cuatro. Uno se pone a pensar: ¿qué tengo que hacer para llamar la atención del jurado en estos cuatro minutos que todo el mundo va a tocar bien de por sí? Mi profesor me dijo: 'Mucho trabajo mental, imaginarse la situación, cómo va a llegar, cómo va a ser su presencia en el escenario, qué es lo que quiere decir en cada frase, en cada nota'.

"Me acompañó en el proceso de lenguaje corporal, de la seguridad que uno transmite, de la alegría con la que uno haga la música. Al fin y al cabo, es un jurado que está cansado, que escucha la misma pieza 30 veces en un día. Fue la primera audición que trabajé tan fuerte mentalmente. Podría decir que un factor determinante fue que me propuse disfrutarla. Había hecho audiciones antes y me había ido muy bien, pero me faltaba siempre un poquito. La música es algo que entra por todos los sentidos. Se tiene que notar que estás disfrutando y realmente disfruté muchísimo la audición.

"Salí pensando en que ya había ganado porque si había disfrutado había logrado el objetivo, así que dije: las que vengan sé que puedo hacerlo mejor porque pude disfrutarla. Fue un trabajo lento y muy detallado".

–¿Cuándo supo que había sido aceptado?

–El mismo día. Al final, el jurado hace una pausa, toma café y hace la votación; después dicen los resultados. Hay dos opciones: o los pegan en una pared, o los leen. En el caso de nosotros, los leyeron.

–Bueno, eso es más tortura que pegarlos en la pared...

–Sí, es más tortura. Y lo mío fue vacilón porque lo que pasó fue que yo estaba en un auditorio solo, tratando de relajarme. En el momento en que empezaron a leer los resultados, yo no estaba. Dijeron que faltaba uno. Me llegaron a buscar. Yo dije: qué raro, normalmente si uno no está, simplemente lo dicen y luego lo buscan a uno. Ahí me empezó la taquicardia. Pensé: 'Dios mío pero por qué hago falta'.

"Llegué y estaba a la derecha de la que leía los resultados. Empezó a agradecer a los que estábamos, dijo que este año solo iban a dar una plaza (pensé que iban a dar dos). Dice ella: 'Se la ganó el señor Robles Field'. En ese momento imploté (porque no podía explotar, había muchos de mis colegas ahí enfrente). Uno tiene que comportarse, lógicamente. Así fue. Fue un día muy especial que puedo reproducir perfectamente todavía en mi mente.

–¿Qué expectativas tiene? ¿Qué le provoca pensar en esta gran responsabilidad a partir de ahora?

–Lo primero que siento es una gran satisfacción de saber que, con amor, dedicación y, sobre todo, disfrutando, se pueden alcanzar los objetivos. Es una satisfacción grandísima porque a veces uno trabaja sin esos elementos, y esos son los que realmente determinan los resultados, sobre todo la pasión, el amor y el disfrute.

"Siento ahora una gran responsabilidad porque juego un papel activo, un papel importante en la ópera y todo el jurado confió en que yo lo puedo hacer bien. Tengo la obligación de demostrarlo, de quedar a la altura. Estoy muy emocionado; es un sueño que tuve hace mucho tiempo".

André Robles Field reside en Alemania. (Foto: Kohei Hirotsu / Cortesía de André Robles Field)

–Uno de los desafíos más grandes de participar en una orquesta de este tipo es la agenda tan apretada, la cantidad y calidad de compromisos que tienen. ¿Usted ha tenido experiencias de esta índole o es la primera vez que tendrá esa dinámica tan ajetreada?

–En el bachillerato, en la Universidad en Lübeck, trabajé en la orquesta: hacía ópera y un par de conciertos sinfónicos; entonces, ya lo he experimentado. Lo que no he hecho es algo con este calendario tan apretado. Eso creo que será algo en lo cual tengo que concentrarme. Es una orquesta que trabaja mucho y hay que tener cuidado con las lesiones y la sobrecarga. He trabajado en orquestas con fases intensivas, tocan un día y viajan el otro. Pero en orquesta profesional de esa índole y con esa cantidad de conciertos en tan poco tiempo, no.

–¿Qué espera en el futuro?

–Me veo como una persona feliz, sea cual sea el lugar en el que esté. Me veo con mi violín. Me gustaría tener una familia. Me gustaría tocar violín muy bien, lo mejor que pueda, y disfrutar de todo lo que he estudiado. Me gustaría mucho volver a Costa Rica. Tengo muchas metas en mente, tengo que seguir soñando.

–¿Qué recomendaciones daría a jóvenes músicos o estudiantes que aspiren a un puesto de este tipo?

–Lo primero que les diría es que sueñen. Uno subestima el poder de soñar. Hay que vivir en fantasías, hay que ver lo que uno quiere en el futuro y luego devolverse a trabajar por ello. No hay imposibles, no hay nadie que les pueda decir hasta dónde llega, sino ellos mismos. Deben ponerse metas que se puedan evaluar a corto, mediano y largo plazo. Hagan lo que les guste, lo que les apasione, lo que les quite el sueño. Es en eso que uno está llamado a ser feliz.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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