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Cuatro maestros de las letras hablan del futbol como acto de fe

Actualizado el 15 de junio de 2014 a las 12:00 am

Cuartos de final. Cuatro escritores discuten alrededor de una pelota de futbol

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Cuatro maestros de las letras hablan del futbol como acto de fe

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Édgar Tijerino (izq.), Manuel Vilas (centro) y Juan Villoro imparten una conferencia en Centroamérica Cuenta, cita de narradores realizada en mayo pasado en el Centro Cultural de España en Managua (Nicaragua). Fotografía: Daniel Mordzinsky para LN.

La tarima del Centro Cultural de España en Managua parece un altar construido para una pelota de futbol. A su alrededor se sientan cuatro cardenales del deporte: Juan Villoro, escritor mexicano; Édgar Tijerino, cronista nicaragüense; Manuel Vilas, español; Sergio Ramírez, organizador de Centroamérica Cuenta, cita en la cual se enmarca esta reunión de adictos al futbol y a la literatura.

 Cual centrocampista, Sergio Ramírez hace un saque provocador con la primera pregunta hacia Juan Villoro: “‘El futbol es la forma de la pasión mejor repartida y mejor organizada en el planeta Tierra’. ¿Esta es una nueva vuelta dialéctica tuya?”.

 Villoro hace un puño con una mano y luego con la otra; se rasca una palma y se expresa con una elocuencia fascinante, táctica que parecería un tanto practicada con antelación. “El grito de guerra de la afición mexicana es ‘sí se puede’, lo cual es una demostración empírica de que muchas veces no se ha podido. Es un acto de fe, ser aficionado mexicano. Creemos en milagros, independientemente de que los merezcamos o no: que la diosa chiripa nos conceda el triunfo que se nos ha negado hasta ahora”.

 El público ovaciona la respuesta y el cardenal del futbol insiste en dejarse la pelota. Nadie lo detiene. “Hay todo un sistema de creencias que nos hace pensar que los nuestros son siempre los buenos y que, si nosotros ganamos el partido aunque sea en un minuto de compensación que ya no nos correspondía y en fuera de lugar, eso fue una justicia divina”.

Sergio Ramírez remata: “Tenemos un dios muy activo que juega en los pies de los jugadores” y hace el pase a Manuel Vilas, quien acierta justo en el arco de la conversación: “El futbolista es quien tiene todo ese poder de convicciones. Su sacrificio es asumido como algo heroico; más que futbolistas son héroes”. Gol.

  El saque de cancha lo hace Vilas con una incitación: “España no se puede entender sin el futbol”, dice, porque el futbol logra hacer feliz hasta al más desgraciado de los seres humanos.

“Fui introducido por mi tío en la religión del Real Madrid por una razón muy sencilla: siempre ganaba. Era la gran seguridad nacional que propiciaba el régimen de Franco cuando yo era niño; la seguridad de que aunque perdieras en tu vida, el Real Madrid siempre ganaba. Esto le daba unidad al país y también alegría de domingo”. 

Sergio Ramírez retoma la pelota brevemente y le pasa la jugada a Édgar Tijerino. El periodista deportivo espera su turno desde hace media hora con la sonrisa de quien ya se sabe ganador.

Ramírez le pide que nos hable de la relación entre el futbol y el mercado, un tiro directo y seguro, pero el cronista se sale por la izquierda, le roba un pasaje a la Biblia y trata de explicar cómo los países centroamericanos somos pequeños campeones, somos David tratando de sacarle el triunfo a Goliat.

Luego Tijerino extrapola el fenómeno: “Yo quisiera que solo en el deporte fuéramos débiles, pero la gente cree que somos malos solo en futbol, y no: también estamos mal en salud, en educación...; y, ya para contestar tu pregunta: la mercadotecnia dice cómo es la cosa. El deporte que más paga no es el futbol, sino el béisbol con jugadores que cobran hasta 25.000 dólares diarios...”. 

“Yo podría ganar eso el día en que venda diez millones de libros”, interrumpe Sergio Ramírez, quien retoma el poder del juego y envía el balón a zona segura. Recuerda aquel partido del martes 15 de octubre del 2013, la noche triste en que México perdió contra Costa Rica. El país que lo salvó para seguir en la recalificación en la carrera por el mundial fue Estados Unidos en un partido paralelo contra Panamá.

“¿Tiene que ver el futbol con la política?”, le pregunta Sergio Ramírez a Juan Villoro, quien envía un pelotazo que explota en las risas del auditorio: “Pobre México, tan lejos de Dios, tan cerca de los Estados Unidos”.

El auditorio, cuya actitud inicial era la de feligrés en misa de siete, se ha convertido ahora en un estadio ansioso por más ironía, más sarcasmo y más historias. Muchos creen saber más de futbol que cualquier panelista, incluso más que cualquier futbolista.

“Me parece muy divertido que todo el mundo sepa cómo se le podría haber ganado al Madrid si el entrenador hubiera hecho no sé qué, no sé cuánto”, se ríe Manuel Vilas.

 Seguramente por esa convicción en nuestra capacidad de cambiar los marcadores es que movemos la cabeza de manera afirmativa cuando creemos que el analista ha dado en el punto, como Villoro con esta frase:

–La enorme alegría que se siente en Centroamérica cuando México fracasa puede ser un espejo extremado. A veces, uno se gana el repudio a pulso, pero los futbolistas no son los responsables. A través de su selección, un país pone en juego no solo un deporte, sino el sentido de pertenencia. Más allá de la geopolítica, todo equipo que vale la pena es un representante de algo que lo trasciende.

El mediocampista Ramírez, ahora también árbitro, decide terminar el partido para dar espacio a que los aficionados entremos en el terreno de juego. “¿Cuál es el momento estelar en su memoria en cuanto al futbol?”, pregunta. El primero en lanzar el penal es el cronista Tijerino:

–Yo estaba joven. Mi gran momento ocurrió en Nicaragua en un partido amistoso contra los Estudiantes de la Plata en el que ganamos y quedamos en el Salón de la Fama de Nicaragua. Los grandes héroes, los que quedan, son los Aquiles, los Ulises, los grandiosos que eran pequeños.

Alguien intenta aplaudir; el resto del público ha quedado conmovido.

 El siguiente en patear la pelota es el escritor español Manuel Vilas, quien se contenta con nombrar un momento general del futbol, algo que sucede después de cada partido, pero que los convierte en únicos:

–Los momentos más estupendos del futbol suceden cuando el Madrid le gana al Barça, por supuesto, y luego salen los entrenadores a explicar qué ha pasado en el terreno de juego. Claro que es algo inexplicable: es intentar explicar el azar, la fantasía y la irracionalidad del futbol.

Villoro, masoquista, escoge una jugada en contra de México que lo dejó fuera del mundial de Chile en 1962. La radio era su única forma de conocer lo que sucedía en un partido, pero él cree haber visto ese golpe mortal una y muchas veces más:

“Estábamos jugando contra España, y quiero invocar aquí, en el Centro Cultura del España, lo que sentía un niño de seis años presenciando una jugada que nunca he dejado de ver en mi vida. Un jugador madridista se descolgó por la banda, mandó un centro de último minuto, remató y México quedó fuera del mundial. Entonces, a los seis años, entendí que el mundo era un lugar de ilusiones perdidas, y quizá ese fue el nacimiento de una vocación literaria”. Golazo.

...

Pronósticos literarios

El público de Centroamérica Cuenta, abarrotado de escritores y literatos, se adueña del juego en la noche del primer jueves de mayo en Managua, una capital en que la brisa se devuelve antes de llegar. El aire acondicionado se extingue entre el vaho de las decenas de presentes, pero esto no hace más que acalorar la discusión. El público pregunta: 

–¿Cuáles son sus pronósticos literarios para este mundial?

Édgar Tijerino: “Brasil será el ganador, a menos  que ocurra otro Maracanazo”.

Manuel Vilas: “España ganará, está clarísimo. Pregunta ociosa. Ha ganado ya una vez, y ya le ha cogido gusto”.

Villoro: “Si ocurriera una epopeya fantástica: Brasil sería campeón invicto. Si ocurriera una epopeya fatal: Brasil llegaría invicto a la final y la perdería; y, si fuera una novela de ciencia ficción: México sería campeón”.

Sergio Ramírez: “Cualquiera, menos Argentina”.

-Supongamos la selección de futbol con los mejores escritores del mundo. ¿A quién pondrían como número diez? 

Villoro: Yo escojo a Borges porque una de las grandes cosas que debe tener el número diez es que debe imaginar el juego y debe poder tocar el balón sin necesariamente ver hacia dónde va la jugada.

Vilas: Federico García Lorca. Es el duende. El número diez debe tener magia.

Tijerino: Sería contrario a mi propio sentimiento si no dijera que el número diez y el once y el siete sería Rubén Darío.

Ramírez: Gabriel García Márquez si estamos buscando alguien que imagine, pero mi opinión sale un poco resentida porque también pienso en Borges, y ya agregar otra opinión a la de Darío sería demasiado patriótico.

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