Entretenimiento

Librero

Mía Gallegos revela voces infinitas en su reciente libro

Actualizado el 01 de junio de 2014 a las 12:00 am

Mía Gallegos

La deslumbrada

Entretenimiento

Mía Gallegos revela voces infinitas en su reciente libro

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La escritura rebasa el tiempo y el espacio. Sin linealidad, apila voces que andan caminos internos; deambulan y se escuchan por cualquier parte. La escritora divaga de un modo más que delirante. Ella muere en la escritura y nacen las voces infinitas –sus dobles– que presagian la noche oscura. Los escritos fluyen inquietos y dolidos.

La escritura ve el pensamiento, la penumbra y la nostalgia. Esta es la sensación que deja La deslumbrada , reciente libro de la escritora Mía Gallegos, publicado por la Editorial Costa Rica.

'La deslumbrada', de Mía Gallegos, fue publicada por la Editorial Costa Rica. Fotografía: Editorial Costa Rica para LN.
ampliar
'La deslumbrada', de Mía Gallegos, fue publicada por la Editorial Costa Rica. Fotografía: Editorial Costa Rica para LN.

Distintos relatos llevan al lector por ese recorrido divagante de la escritura. Muchas voces femeninas invitan a penetrar en los delirios de la escritora en el acto creador. Ellas –las voces–, durante el recorrido, reflexionan desde instantes percibidos, que se arremolinan en múltiples diálogos internos: es el mundo sensorial y pensante.

Gallegos hace gala de lo que ha sido su gran fortaleza: la fluidez para construir el lenguaje literario. La prosa posee aquí una actitud estética y, mediante un tejido de palabras, filosofa sobre el mundo circundante y el interno –el sensorial y del pensamiento–:

“Mientras ellas tejen, también lo hago yo. Pero mis telares son oscuros y, al trazar vocablos, intento decirle a la muerte que no venga”.

Con pericia, la autora mezcla recursos narrativos con características de prosa poética.

Mía tiende a una actitud lírica, y es notable que la intención no sea narrar ni tener una línea argumental, sino transmitir sensaciones y pensamientos.

Con naturalidad fresca, la autora intercala el tono narrativo y la narración poética que surte como un buen mecanismo para intensificar los diálogos internos. Un hilo fino une la actitud lírica con la construcción del pensamiento.

En las divagaciones, con la misma naturalidad, Mía Gallegos retoma y fusiona intertextos de la mitología griega. Distintos temas tienen como marco los Diálogos de Platón, a Eurídice, Orfeo, Circe, entre otros, como intertextos para establecer pasajes, a veces onírico-simbólicos, que muestran los estados divagantes de las voces.

Los pasajes entrelazan la realidad circundante, la memoria clásica con los relatos oníricos; entendido lo onírico, no como el sueño, sino como la alucinación que lleva a los estados internos: divagación de la mente. Así, las voces narrativas tienen un aire sigiloso: observan y viven como almas deambulantes.

En muchos relatos está presente el doble: la hija dispar con su madre, pero que la refleja a ella misma, o la mujer que descubre un ser dentro de ella, que le habla, la niega y contradice; o también la escritora/mujer poseída:

“De pronto vi a una mujer que estaba envuelta en un peplo […]. Soy una suplicante. He muerto varias veces y ahora me preparo para transmigrar. Antes, tú y yo fuimos un mismo ser, pero, cuando la tierra estalló y se disgregó, no separamos. Para que volvamos a estar unidas, tenemos que morir y despertar”.

En el relato “Mía de mí”, la narradora interactúa y apela a la autora –a Mía–:

“Ha vuelto a temblar. Mía Gallegos. Mía de nadie. Mía de mí. Sin una biografía. Tierna. Casi ácida. Con un destino trazado y una cruz…”.

Esta multiplicidad, convertida en voces/dobles, mitos, madre/hija, niña/adulta/anciana, son mujeres con instinto de conservación; algunas que no alzan la voz y se resignan; narradoras aisladas del mundo: prisioneras de sus mentes, que viven ensimismadas; todas con un recorrido complejo y solitario: retiradas por decisión propia; silenciosas porque su espacio interno es el espacio seguro que las guarda y cuida porque “las mujeres no trasponemos el umbral; pese a ello, a mí me gusta divagar: es así como emprendo mis periplos”.

La oscuridad, la noche que es todavía noche, la que deja sin lumbre a las deslumbradas, es la idea que nos invita desde el inicio el libro… Camina con los pensamientos y deja muchas preguntas:

“Soy una mujer y no tengo respuestas; tan solo sé percibir el instante, el instante sagrado, ahí donde el tiempo se sustenta. En esa inmediatez se debaten los instintos, la piel se encumbra, la sangre fluye y aparece la mujer que va hundiéndose, naciéndose”.

Con esas hermosas líneas finaliza el libro e inicia el gozo de haber leído una obra construida cuidadosamente, y muchas voces que se quedan acompañando a los lectores.

La autora es lingüista y editora.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Mía Gallegos revela voces infinitas en su reciente libro

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota