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Niños y adolescentes asistieron a ensayo general de ‘Varekai’, en Hacienda Espinal

Nada impidió que 50 jóvenes cumplieran su sueño con el Circo del Sol

Actualizado el 31 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Los miembros del Circo Fantázztico de Pérez Zeledón batallaron contra las náuseas y los contratiempos pero lo lograron: anoche, fueron invitados del Cirque du Soleil

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Nada impidió que 50 jóvenes cumplieran su sueño con el Circo del Sol

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Sufrieron las peripecias del viaje, los mareos de la carretera y la ausencia de un buen mapa pero ellos pueden asegurar que los sueños se cumplen. Aquello que se creía imposible se hizo realidad y 50 miembros del Circo Fantázztico, de Pérez Zeledón, tuvieron el privilegio de ver, anoche, el ensayo general del Cirque du Soleil –conocido como Circo del Sol– en Costa Rica.

Las palabras se quedan cortas para describir su emoción al conocer a sus héroes de siempre. Gestos de admiración, las interjecciones más variadas y un corazón a punto de estallar caracterizaron el primer encuentro entre cirqueros tan diferentes.

Eribeth Salas, de 11 años, lo supo resumir así: “Me encantó el espectáculo. Los artistas lo hicieron muy bien, lo dieron todo. Después de haber visto esto, me quedan muchas ganas de seguir haciendo circo”.

El Circo Fantázztico es un proyecto de bien social de la Asociación Vida Nueva. Reúne a interesados en las artes circenses para darles una oportunidad de convertirse en contorsionistas, malabaristas, payasos y vivir la experiencia de un fantástico circo.

Además de 50 jóvenes de Pérez Zeledón, cientos de niños, adultos mayores y otros invitados pudieron disfrutar de un ensayo general, que se sintió más como una función completa, por el candor y la energía con que fue aplaudida por aquel público.

Ensoñación. Tan grande fue su empeño como contorsionista, que un sueño llegó a buscarla. A sus 12 años, Alexandra González, tomó un papelito, olvidó cualquier limitación económica y plasmó con inocencia una dulce fantasía: “Mi sueño es conocer el Circo del Sol, el mejor circo del mundo, y hacerlo con mis compañeros del Circo Fantázztico”.

Este mismo papelito, escrito en una típica dinámica de integración, pasará a la historia como una hermosa premonición para ella. Aunque hoy le parezca increíble, todo se hizo realidad y en la primera visita de la prestigiosa compañía circense al país.

Chanda , como le dicen a González, es hoy una señorita de 16 años, y es parte de los 50 chicos del Circo Fantázztico que asistieron ayer a la cita única.

“Recuerdo muy bien ese día en que escribí eso; ahora, simplemente no lo puedo creer. Quiero ver a los contorsionistas, quiero ver a los acróbatas... Cuando escuché que venían, a mí se me aceleró el corazón”, contó ayer por la tarde, cuando las expectativas inundaban el bus que transportó al grupo hasta la carpa.

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A las 2:45 p. m., el Circo Fantázztico emprendió la aventura de sus vidas. La casa del circo, ubicada en San Isidro de El General, fue el punto de partida. Antes, el bus recorrió los barrios marginales de la comunidad para recoger a los invitados.

Ansiosos y alegres, esperaban con sus papás en las puertas de sus casas y, en cuanto veían el bus, saltaban de emoción.

Los pequeños no ocultaron su ilusión. “Estaba tan emocionada de venir, que me soñé con el circo ayer. No recuerdo qué soñé pero sé que fue bonito”, dijo Kimberly Fonseca, de 9 años, quien hace acrobacias en tela.

Carolina Gil, la encargada de la agrupación, los reunió para calmar la ansiedad y hacer algunos juegos de relajación. Allí, los grandes adoptaron a los más pequeños: se convirtieron en sus “papás” durante el viaje.

La travesía duró cuatro horas. Quien ha viajado por la ruta de San Isidro-San José conoce las curvas y las calles zigzagueantes. Esa ruta cobró su precio en los jóvenes: 10 de ellos no pudieron más con las náuseas y vomitaron en el camino.

Como se puede imaginar, el ambiente no era el más agradable en el cerro de la Muerte. Ya cerca de San José, aquello era insoportable. Entonces, uno de los niños se levantó y gritó: “¡Por favor, piensen que las vomitadas van a valer la pena!”, y el efecto fue inmediato: todos sabían que se sufría por algo bueno.

La pesadilla aún no acababa. El chofer se equivocó y no llegó a la ruta 27, sino a la ruta hacia Alajuela. Vueltas por La Uruca, lluvia, oscuridad: nada pudo contra la ilusión. De pronto apareció La Reforma, a dos kilómetros del circo.

Unas telas azules y amarillas que se asomaban al borde de la carretera les anunció la cercanía de su destino. Todos estaban desesperados, pero cuando vieron la carpa se abalanzaron sobre la ventana para comprobar que el sueño fuera real.

Eli Mesén, contorsionista, dijo: “El sueño de toda mi vida ha sido conocer el circo, y cuando me dijeron que estaba aquí sentí que se me salía el corazón”.

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Tras aquel ensayo, que fue lo mejor para ellos, Alexandra González aseguró: “Todo está chiva: la escenografía, los vestuarios, el maquillaje...”, y Efraín Leiva, de 16, confirmó, sonriente: “Es lo más fresa que hay”.

Con la boca abierta, grandes ademanes, gestos de sorpresa y estruendosas risas, el Circo confirmó ser el esperado sueño, que ayudó a superar la travesía de pesadilla.

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Alexánder Sánchez

asanchez@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Periodista del suplemento Viva de La Nación. Bachiller en Periodismo de la Universidad de Costa Rica. Su formación académica la complementó con trabajos estudiantiles en medios de comunicación universitarios.

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