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Página Negra Richard Pryor: El bocón de los escenarios

Actualizado el 25 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Sacudió los escenarios con su lenguaje soez; marcó nuevos rumbos para los monólogos e impuso un estilo de comedia que retrataba su vida tempestuosa entre prostíbulos, drogas, violencia y enfermedades.

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Richard Pryor. LatinStock/Corbis

Su boca era un muladar. Su lengua escupía diablos, sapos, culebras, ratas, detritus de simios, babas de sanguijuela, huevos podridos y esputos sanguinolentos.

Más que chistes, espetaba improperios al público que reía sus gracejadas de bufón negro, con el mismo deleite con que una hiena desguaza los sobros de un cadáver.

Llevó una vida tumultuosa; cinco matrimonios y siete hijos; adicto contumaz a la cocaína que consumía por kilos; sobrevivió a dos ataques cardíacos y a un intento de quemarse vivo enloquecido por las drogas.

Richard Franklin Lennox Thomas Pryor III – para más señas Richard Pryor- hizo de la comedia un acto escandaloso, blasfemo y escabroso…¡Sin la ayuda de nadie!

Padeció esclerosis múltiple durante casi 20 años, pero murió de un prosaico infarto al corazón el 10 de diciembre del 2005; acumuló una suculenta fortuna y su particular vis cómica le granjeó herederos: Eddie Murphy, Arsenio Hall, Damon Wayans, Robins Williams y David Letterman, por mencionar los más conspicuos.

Entre 1970 y 1980 alcanzó el vértice de la fama al ubicarse como una de las estrellas más rutilantes de Hollywood, pese a ser negro. En 1983 Columbia Pictures lo contrató por cinco años por la friolera de $40 millones.

Ese mismo año se dio el taco de cobrar $4 millones por el papel de Gus Gorman, experto en informática y compinche de una pareja de supervillanos, en la tercera cinta de Superman . Le pagaron $1 millón más que la estrella interplanetaria Christopher Reeve.

Pryor sobresalió en programas de televisión, pero el centro gravitatorio de su jocosidad fue el stand-up comedy , género con el cual vaciaba en el auditorio una andanada de zafiedades que iban desde la triste vida de los negros en las calles, el mundillo de las drogas, las veleidades del sexo y todas las peripecias de su desgraciada infancia y juventud.

En el papel de comediante era un agudo observador de la realidad social norteamericana; interpretó personajes vulgares que filosofaban sobre la vida y el público se desternillaba con solo verlo.

Richard fue un amante de los animales y fomentó campañas contra los experimentos con ellos; encabezó protestas para evitar el maltrato de los elefantes en los circos, como en el Barnum & Bailey. Incluso se alió con Alec Baldwin para que la cadena de restaurantes Burger King aplicara normas de respeto a los animales.

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La enfermedad degenerativa, sus vicios y sus frustraciones nunca minaron su sentido del humor, y aunque ser negro era un baldón una vez dijo que estaba asombrado “de vivir en un país racista, no tener ninguna educación formal, e incluso así mucha gente me quiere y le gusta lo que hago y me puedo ganar la vida gracias a eso”,

15 de junio de 1983. Richard Pryor y  Cristhopher Reeve asistieron a la premiere de una de las películas de Superman. El estreno del filme se realizó en el Hotel Pierre, en la ciudad de Nueva York.  | ARCHIVO
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15 de junio de 1983. Richard Pryor y Cristhopher Reeve asistieron a la premiere de una de las películas de Superman. El estreno del filme se realizó en el Hotel Pierre, en la ciudad de Nueva York. | ARCHIVO

El humor punzante y vitriólico de Pryor fue decayendo con los años, hasta trasmutarse en una “chistografía” blanda, adecuada a los núbiles oídos de los gerifaltes de Hollywood, capaces de convertir el oro en barro.

Reír llorando

La vida de Richard Pryor fue escrita con la mano izquierda de un ángel negro, una noche borrascosa del 1 de diciembre de 1940. Poco podía esperarse del hijo de Gertrude, la “putifarra” de la barriada de Peoría –en Illinois– y Le Roy Pryor Jr, quien fue cantinero, boxeador y soldado en la Segunda Guerra Mundial.

A los diez años, para no tirarlo a la basura, su madre lo dejó al cuidado de la abuela, Marie Carter, por entonces regente de un lupanar donde el niño mamó la leche agria de un ambiente roñoso.

El sitio web de Pryor asegura que a los seis años Richard fue violado por un vecino; lo acosaron sexualmente y tuvo que ver a su madre en plenas acrobacias sexuales con el alcalde de la ciudad.

Con ese menú de desgracias al lomo, el pequeño Richie gastaba las horas en el cine. Atrás, en las butacas del fondo, rumiaba su infortunio y deliraba con las películas de sus cineastas favoritos: John Ford y Howard Hawks. Entre balazos, risas y lágrimas Richard repetía los diálogos de aquellos héroes de celuloide.

Sobra decir que Dickie tenía un batiburrillo mental que le impedía concentrarse en los estudios; a los 14 años cometió un pequeño delito y lo expulsaron de las aulas. Rodó cuesta abajo desde portero en un club nudista, lustrabotas, baterista improvisado, carnicero, tractorista y ayudante en un billar. Escoró en el ejército y ahí le fue peor porque fue dado de baja por apuñalar a un recluta, por un “quitáme esa paja del ojo”.

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Como un psicótico aseguraba que dentro de su cabeza “Había un mundo de drogadictos, borrachos, putas, familias enteras gritando dentro de mí, un mundo que quería ser escuchado”.

Para soltar esa jauría de voces improvisó algunos monólogos; primero probó imitando el humor blanco de Bill Cosby, pero lo abandonó por otros temas más ácidos, honestos y apegados a la realidad de un negro que buscaba su lugar bajo el sol. “La verdad es graciosa, pero asusta a la gente. Yo creo que lo grosero es la mentira. Es lo peor del mundo. El arte es la habilidad de decir la verdad, especialmente sobre uno mismo” sentenció Pryor.

En los años 60 comenzó a cimentarse un nombre artístico y en 1963 alcanzó cierta fama en Nueva York, donde compartió tarima con figuras tan atractivas como Bob Dylan y Richie Havens. Tres años después actuó en algunos shows veraniegos y en los celebérrimos de Ed Sullivan, Johnny Carson y Merv Griffin.

Fue un cambio brutal y Cosby comentó: “Cuando Richard volvió a los escenarios en los años 70 era algo completamente diferente, único. Mató a Bill Cosby en su show . Hizo que la gente lo odiara. Empezó a trabajar desde ahí, haciendo puro Pryor y fue la metamorfosis más sorprendente que vi en mi vida. Richard era magnífico”.

El creador de Saturday Night Live , Lore Michaels, aseguró que en la NBC lo aceptaron con restricciones porque era una mercancía caliente; pero su talento disparó el rating de la televisora en 1974 y “puso el programa en el mapa.”

Pryor era un lenguaraz que trataba con desparpajo y vulgaridad los asuntos más tórridos e intocables: la violencia policíaca, el racismo, las drogas y los tabúes sexuales. Hasta los negros lo ignoraron y fue solo con su disco The Nigger es Crazy , de 1974, que se convirtió en una estrella y se salió de control.

Bicho malo

Ya a los 12 años Pryor mostró su particular estilo ante Juliette Whittaker, la supervisora de educación pública de Peoria, quien quedó impresionada con las dotes cómicas y arregló un show de talentos para incentivarlo.

Con el correr de los años forjó una leyenda tan negra como él mismo, matizada con su adicción industrial a la cocaína; los matrimonios en fila; los pleitos a tiros con sus mujeres y amigos; las enfermedades y sus intentos de suicidio.

De todas esas cenizas emergió para reconstruirse y caer fulminado, el 10 de diciembre, por un infarto cardíaco que de paso puso fin a la esclerosis múltiple, que lo carcomió por casi 20 años.

En 1980 lo rescataron de la calle; deambulaba como un zombie; tenía el cuerpo llagado y con quemaduras de tercer grado. En una de sus “borracheras” de coca y fármacos se empapó con éter y se prendió fuego con un encendedor. Durante dos meses estuvo internado y recibió múltiples injertos de piel; en 1986 un médico le diagnóstico esclerosis que lo clavó auna silla de ruedas.

En 1980 lo rescataron de la calle; deambulaba como un zombie; tenía el cuerpo llagado y con quemaduras de tercer grado

Para 1992 era ya un despojo. “Me di cuenta que tenía más corazón que energía, más coraje que fuerza. Mi mente quería seguir adelante, pero mis pies no podían llevarme hasta el final”.

Pryor arrastró en su vida tumultuosa a sus esposas con las que nunca duraba más de un año. Ya a los 21 dejó embarazada a su novia Patricia Price; con tal de triunfar en Nueva York la abandonó a ella y a su retoño Richard Jr.

A Patricia la cambió por Shelly Bonus y con ella procreó a Rain Pryor. Se divorció a los dos años de casado y se unió a Deborah McGuire, con quien tuvo una relación volcánica debido a su drogodependencia. En una de sus alucinaciones la emprendió a disparos contra el auto de su mujer.

La seguidilla continuó con Jennifer Lee; al año cortejó a Flynn Belaine de la cual se divorció y volvió a casarse. La misma receta le aplicó a Lee, con quien pasó los últimos cinco años de vida.

Salvo su primer enlace, los demás estuvieron plagados de peleas, dramas, separaciones, reencuentros y denuncias por agresión doméstica.

Refugiado en su casa de Encino, California, acuerpado por Homer y Espíritu –dos perros callejeros– el niño que ascendió a punta de risas desde los burdeles hasta las mansiones de Hollywood, se apagó con la seriedad del caso.

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