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Transporte público para el estreno

Oiga macho, ¿pasa por el circo?

Actualizado el 01 de junio de 2013 a las 12:00 am

¡Parada! Con doble fila hasta el fondo, un chofer decidido y olor a pollo, fue como llegaron unos pocos hasta el Circo del Sol ayer

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“Sí, de acá sale el que llega hasta la hacienda esa, pero el viaje sale hasta dentro de un rato. Mejor espérese porque si se va en este lo deja en el centro y tiene que pegarse una gran troleada ”.

Así, sin protocolo, el chequeador explicó a los pocos pasajeros interesados, la logística para ir de San José a la Hacienda Espinal, con escalas y, en el mejor de los casos, apretujado en un asiento despachador. Pero, bueno, tampoco uno va a ponerse exquisito por ¢540.

Desde ayer, la empresa de transportes Fernando Zúñiga e Hijos estiró el viaje de algunas de sus unidades un par de kilómetros, con tal de llevar a sus pasajeros hasta las puertas del circo más famoso del mundo... o bueno, al menos a unos caminables 300 metros de la carpa.

En la parada, ubicada detrás de la iglesia de la Merced, nada indicaba que ahí empezaba el camino a Varekai . Solo un peatón muy atento podía reparar en la hoja que rezaba “Hacienda Espinal” en el parabrisas del autobús.

Del viaje de las 4:15 p. m., muy pocos pasajeros delataban un destino circense, quizá porque ninguno siguió las indicaciones del experto en modas que en estas mismas páginas recomendó llevar “prendas excéntricas llenas de color y volumen”. Solo una muchacha iba empeñada en enterar a todo el bus no solo de que sí iba para el circo, sino de que lo hacía para acompañar a un novio que hacía malabares en un semáforo, profesión que –le admitió en voz altísima a una amiga– no hacía muy felices a sus papás.

Al paso por el Blanco Cervantes, todos los asientos estaban ocupados; en el Hospital México el chofer recetó el primer “se me corren un tirito”, y en el Castella, se oyó un potente “por favor, hagamos la doble filita hasta el fondo”. Ya para cuando el bus entraba a Belén, el gentío era tal que salirse de uno de los asientos era un ejercicio de cortorsionismo con poco qué envidiarle a los actos venidos de Canadá.

En San Rafael empezó el éxodo de gente desentendida de acróbatas y payasos. A los que nos quedamos, el chofer nos premió con una parada frente a Pollo Frito Tuto... nuestro olfato se llevó una paliza.

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Para cuando tomamos la Ruta 27, ya solo somos 13 los que seguimos la travesía. De estos, la mayoría se dirige al virreinato Espinar por motivos laborales relacionados con el circo ahí instalado. Parece que solo la insoportable novia del semaforero lleva un objetivo lúdico en la agenda nocturna.

Sin mucha ceremonia, el conductor se detiene a la entrada de la hacienda. “No nos dejan entrar, así que tienen que bajarse y seguir caminando”, explica sin que nadie le pregunte. La escandalosa (y supuesta) novia del artista callejero le consulta al chofer si habrá servicio hacia la capital al final de la función. “Diay, entiendo que sí”.

Llueve cuando empezamos la marcha hacia la enorme carpa. Lo bueno es que, si nos preguntan, podemos decir, apegados a la verdad, que llegamos en Mercedes Benz.

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Víctor Fernández G.

vfernandez@nacion.com

Jefe de información de Entretenimiento

Es el jefe de la mesa de Entretenimiento en la redacción integrada de Grupo Nación, donde tiene a su cargo la coordinación de la revista diaria Viva, los productos semanales Áncora, Teleguía y Revista Dominical.

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