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Lou Reed, el poeta rocanrolero de las calles

Actualizado el 28 de octubre de 2013 a las 01:37 pm

Como un miembro del grupo The Velvet Underground y después como solista, narró el lado más duro de una ciudad de Nueva York

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Nueva York

Su mirada al otro lado del escritorio bastó para que me preguntara si mi primera y única entrevista con Lou Reed había sido una buena idea.

Ya había despedido secamente a un publicista que soñó por años con conocer a su héroe musical. Ahora Reed parecía preguntarse si mi pecado admitido —yo no era un neoyorquino nativo— merecía ser ignorado para poner manos a la obra.

Sí, Reed, quien murió el domingo a los 71 años de enfermedad hepática relacionada con un trasplante reciente, no era un hombre fácil. Nueva York no es una ciudad fácil. Pocos artistas han reflejado a una ciudad mejor que él, quien encontró en ella una fuente infinita de inspiración. El paquete retrospectivo de 2003 del que hablamos reclamó ese estatus como un título: NYC Man, hombre de Nueva York.

Como un miembro del grupo The Velvet Underground y después como solista, Reed narró el lado más duro de una ciudad en un momento en que no estaba tan oculto. Travestis, drogadictos y prostitutas encontraron un lugar en sus canciones. Tras las notas del bajo, las letras cinemáticas de Walk on the Wild Side le trajeron ese mundo a otros. Para muchos músicos, sus canciones más conocidas no eran necesariamente las más representativas de su trabajo; pero Reed no lo veía así.

Muchas de sus canciones más populares, como Sweet Jane, Rock and Roll y Heroin, datan del periodo de finales de los 60 y principios de los 70 con los Velvets e inmediatamente después de su separación.

Los temas frecuentemente provocadores no llevaron de por sí a un éxito masivo, y de sus canciones la única que lo alcanzó fue Walk on the Wild Side. Su voz tampoco ayudaba; Reed tenía un rango limitado, y más que cantar, recitaba sus temas.

El álbum de Reed de 1989, “New York”, fue una crónica estupendamente escrita sobre una ciudad en el medio de una epidemia de crack, antes de que la limpiaran.
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El álbum de Reed de 1989, “New York”, fue una crónica estupendamente escrita sobre una ciudad en el medio de una epidemia de crack, antes de que la limpiaran.

The Velvet Underground no encabezó listas de popularidad, lo que dio pie a una famosa cita del productor y fundador de Roxy Music Brian Eno, quien insinuó que las escasas personas que compraron sus discos, incluido él, crearon luego sus propias bandas.

Muchos le retribuyeron con homenajes: U2 hizo una versión de Satellite of Love de Reed, the Cowboy Junkies de Sweet Jane y R.E.M. interpretó frecuentemente Pale Blue Eyes. Su canción Perfect Day también tuvo una vida extensa.

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Reed fue un artista de vanguardia que vistió el cuero negro de un rockero y abrió senderos con su guitarra.

En nuestra entrevista, Reed replicó con desdén cuando le pregunté qué esperaba que la gente dijera de él una vez que se hubiera ido.

“Me importa un (palabrota)”, dijo. “¿Quién sabe, a quién le interesa?”

“No espero absolutamente nada de nada y nunca lo he hecho”, añadió. “No estoy tratando de hacer cambiar de parecer a nadie sobre nada. No estoy tratando de conquistar a nadie. Me hace feliz despertarme por la mañana. Me puedo atar las agujetas de mis zapatos. No me ha atropellado un auto. Simplemente amo la música y el sonido y quise mejorarlo, para que si alguien más quiere escucharlo, que le saque algún provecho”.

Pero la gente a la que le importó su música siempre supo que bajo ese exterior brusco había un corazón que latía con fuerza. 

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