Entretenimiento

Una historia de aventuras, amores y mucho futbol

Gina González, el último trofeo de Di Stéfano

Actualizado el 19 de mayo de 2013 a las 12:00 am

La periodista vive en el silencio desde que Alfredo Di Stéfano, de 86 años, gritó al mundo que la haría su esposa. ¿Es amor? El enigma no halla respuesta certera entre sus amigos en Costa Rica, pero los recuerdos y anécdotas saltan a la luz

Entretenimiento

Gina González, el último trofeo de Di Stéfano

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Cabello largo y rizado, una exacerbada pasión futbolera y un tatuaje que dice la Saeta Rubia en el antebrazo de una periodista tica, le hacen competencia al marcapasos que lleva el legendario Alfredo Di Stéfano, el astro de las 22 copas.

Gina González le acelera los latidos al mítico exfutbolista. Y, ¿cómo no? Ella tiene 50 años menos que él y es quien empuja su silla de ruedas por las calles madrileñas, quien pasa las horas junto a él y quien conduce el carro para salir a cenar.

La pareja afronta una marca a presión para que don Alfredo pueda anotar el que sería el gol 511 de su vida: convertir a Gina en su segunda esposa.

La idealista mujer, quien aspira a dirigir al Real Madrid, es hoy señalada por el mundo entero. ¿Casarse con el presidente honorario del club, un hombre de 86 años, de frágil salud y con un patrimonio traducible en miles de euros?

Los diarios internacionales no han logrado describir a González, y sus conocidos en Costa Rica recuerdan poco de ella, pues el tiempo y la distancia mermaron el contacto.

Quien la vea caminar por los pasillos o las graderías del Santiago Bernabéu, jamás imaginaría que de niña detestaba el futbol.

Aunque ahora tiene licencia de la FIFA como entrenadora y le ayuda al astro a escribir su columna en Marca , de pequeña iba obligaba a los estadios por su padre y exasesor legal de Saprissa, Jorge González. “En el día lo acompañaba al futbol y por la noche a programas de radio y reuniones”, relató en el 2007 a la revista Perfil .

“Saprissista hasta la médula”, dice el comentarista Leonel Jiménez, quien la conoce desde hace 13 años.

González fue de las primeras periodistas deportivas del país. Pocos la recuerdan en Repretel, donde se sumó a la cobertura de la Selección Nacional allá por el 2000. Luego, vino la oportunidad que le inyectó adrenalina a su vida.

En el 2002, una “decepción amorosa” impulsó a Gina a irse a Madrid con una beca de la TVE.

“Siempre tuvo muy claro que soñaba con estar afuera o hacer algún tipo de pasantía”, afirma el periodista Christian Sandoval.

PUBLICIDAD

“Recuerdo con mucho cariño los lunes en las noches, cuando se reunía la junta directiva del Saprissa en la vieja casa club. Había que esperar horas de horas. Con Gina nos poníamos a jugar pool para matar el tiempo”, rememora.

La joven llegó a España con las manos vacías y se ganó el cariño de los directores deportivos del club blanco, Jorge Valdano y Emilio Butragueño, en su primera semana en el Viejo Continente, gracias a un Foro de la Fundación Real Madrid.

“Nos dimos cuenta, al tiempo, de que estaba haciendo una pasantía en el Real Madrid. Eso le sorprendió a todo el mundo”, comentó Olman Mora, periodista del Comité Olímpico y quien mantiene la amistad con González.

Para el 2007, le encomendaron escribir un libro biográfico sobre la Saeta Rubia, como le llaman a Di Stéfano. Al astro le parecía que la tica escribía “boludeces” y hasta pidió que la despidieran, según el sitio web de Las Provincias . No se sabe cómo, pero, desde entonces, González se volvió inseparable para don Alfredo.

Ahora ella le maneja su imagen, las relaciones públicas, se presenta como su secretaria y hasta programa reuniones con personalidades costarricenses, como lo hizo con el exfutbolista Alonso Solís, el exministro Rodrigo Arias y el presidente de la Unafut, Osvaldo Pandolfo.

El jerarca deportivo visitó el Bernabéu en el 2009. La costarricense lo recibió, le gestionó una cita con Butragueño y lo llevó a conocer a la Saeta Rubia a su oficina.

“Ella era la asistente, le ayudaba con la agenda. No noté nada fuera de lo normal”, dijo Pandolfo.

Solís estuvo en Madrid hace un mes y medio. Almorzó con Gina y Di Stéfano, quienes, en medio de la tertulia de cuatro horas, lo enteraron de los planes de boda. “Es una pareja normal, feliz. Gina siempre está muy atenta a él”, mencionó.

Un giro absoluto. González creció en el barrio La Guaria, en Moravia. Asistió a la escuela y al Colegio Nuestra Señora de Sión. Ahí la conoció el ahora periodista de Teletica Gustavo López.

“Ella no era una líder en el cole , era más bien de grupos pequeños. Era muy inteligente y le gustaba estudiar”, afirma.

PUBLICIDAD

López conoció a una muchacha introvertida. Por eso, le sorprendió cuando ella estudió Periodismo. Luego, la volvió a ver en Repretel. “Tuvo un cambio grande. Ya era más preocupada por maquillarse y era muy desenvuelta”.

Gina tuvo un programa llamado 11 Deportivo , junto a Paula Obando, hija de Pilo.

“No le conocí novio, pese a que era una mujer muy bonita. Era muy coqueta, como uno la ve ahora: peinadita, elegante, muy femenina”, asegura Christian Williams, quien fue su compañero laboral.

La prometida de la Saeta era cercana a Patricia Durán, quien la recuerda como soñadora, “alocadilla” y con deseos de destacar. “Vivía añorando encontrar a una pareja que la hiciera feliz. No le conocí muchos novios; cuando entró hacía mención de uno (...). Era enamoradiza”, explicó.

Hace 11 años, González hizo lo impensable. “Estábamos celebrando el 25 aniversario de Sensación Deportiva . Ella vivía enamorada de Herberth, un joven de Heredia.

“Todo el grupo estaba en Cariari de Guápiles. Gina viajó en bus, en taxi, caminando... Llegó con una camisa que decía ‘Herberth, te amo”, recuerda con gracia Leonel Jiménez, conductor del programa. Después, Gina partió a España.

Hermetismo. Luego que la Saeta Rubia anunció su boda, el nombre Gina González suena cada día en los programas “del corazón”, según Pilar Acuña, periodista tica en Madrid. Sin embargo, conocer sobre su juventud en Costa Rica es una tarea casi imposible.

Viva tocó a la puerta de la casa donde creció, en Moravia, pero nadie quiso abrir. También acudió a buscar a una de sus mejores amigas, Danelia Tenorio, quien solo dijo que “es una gran mujer, profesional como pocos periodistas en Costa Rica”.

Su padre no atiende las llamadas y uno de los hermanos, Érick González, comentó que su madre ha comenzado a enfermarse a raíz del embrollo.

Gina convirtió el silencio en su compañero de jugada; no habla con la prensa ni revela si siente un enamoramiento tan profundo como el del histórico 9 del club merengue.

“Por ahora no estoy segura que sea prudente dar una entrevista”, dijo a Viva , el 7 de mayo.

“Supongo que todavía no ha encontrado esa paz para poder hablar del tema”, adujo Hárold Leandro, periodista La Nación , quien también le solicitó una entrevista.

“Dios ayudará a Di Stéfano”, fueron sus únicas palabras al salir del juzgado de incapacitaciones de Madrid, este jueves. Los jueces determinarán si el exfutbolista tiene facultades mentales para seguir adelante con la boda, o si, por el contrario, “Gina González, podría estar controlando las decisiones”, tal como señaló El País .

Tres años atrás, Leonel Jiménez tuvo la oportunidad de compartir con la pareja. “Es una relación verdadera. No sé si ella está enamorada o si es una relación maternal, pero sí hay una química y una identificación muy clara”, dijo.

Cuenta Jiménez que, en medio de la cena, una mujer se acercó a dar un abrazo al gran Alfredo. El más icónico madridista volteó su rostro y susurró: “¿Ve, Gina, como no hay edad para el amor?”.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Gina González, el último trofeo de Di Stéfano

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Gloriana Corrales

gloriana.corrales@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista en la Revista Dominical de La Nación. Es graduada de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la UCR. 

Ver comentarios
Regresar a la nota