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Día de la madre con buenas tertulias

A la mesa con mamá: Eugenia, Patricia y Nancy conversan sobre sus vidas

Actualizado el 14 de agosto de 2017 a las 11:00 pm

Tres figuras de la pantalla chica, Eugenia Fuscaldo, Patricia Figueroa y Nancy Dobles, nos abrieron las puertas de sus hogares. Nos invitaron a comer con ellas para conocer más sobre sus vidas personales, familiares y profesionales.

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No existe una definición tan completa y tan realista que sea capaz de resumir lo que significa ser madre. Sin embargo, Viva visitó tres hogares en los que el sentimiento materno está tan vivo y presente, que no se necesitan demasiadas explicaciones. Bastaría con mencionar la palabra “amor”.

Las presentadoras de revistas matutinas Patricia Figueroa y Nancy Dobles, así como la actriz Eugenia Fuscaldo, nos invitaron a sus casas y nos dejaron pasar hasta sus cocinas, uno de los espacios más íntimos y cotidianos de la convivencia famliar.

(Video) Nancy Dobles, Patricia Figueroa y Eugenia Fuscaldo nos invitan a comer (Kenneth Barrantes)

Las tres son amantes de la buena cuchara y, de alguna manera, las vidas profesionales de todas giran en torno a una cocina: Figueroa se desenvuelve como una exitosa empresaria con los restaurantes Chancay y La Cebichería; Dobles ahora comparte una plataforma digital de recetas con el chef Rafael, bautizado Cosa Rica; y gran parte de la trama de la vida de doña Tere, el personaje que interpreta Fuscaldo, se desarrolla en la cocina de La pensión.

Pero, ¿cómo son ellas más allá de la faceta pública?

Figueroa nos recibió al mediodía, uno de los pocos espacios en la ajetreada agenda familiar que incluye un trabajo en un programa matutino que requiere llegar a Repretel a las 6:30 a. m., los quehaceres de los negocios de la familia y una hija de 20 años que estudia Derecho y ya trabaja en un bufete de abogados.

Mientras relata los logros de su “gorda”, la peruana se confiesa una “mamá orgullosa”. No es para menos, Estefanía trajo una alegría inmensa al matrimonio de los Madrigal Figueroa.

Los momentos felices de la conversación –mientras preparaban un cebiche peruano– se combinaron con el recuerdo de la primera hija de la presentadora, a quien llamó Tamara.

Tras un embarazo normal y un parto por cesárea, Figueroa y su esposo recibieron la amarga noticia de que la niña tenía problemas cardíacos. Luego de sufrir dos infartos, la bebé falleció a los siete días de nacida.

“Quedamos evidentemente muy golpeados. Yo quedé embarazada de Estefanía después de tres años”, rememora la presentadora de Giros.

Figueroa colecciona los mejores recuerdos familiares en las paredes de su casa, en Escazú. Mayela Lópéz

Alguna vez, a sus casi 40 años años, soñó con ser madre de nuevo, pero la idea no prosperó ni con su esposo ni con Estefanía, que para entonces tenía 8 años.

“Creo que fue tal la emoción y la ilusión por tener una niña, que nos abocamos a tanto a ella, que siento que pasaron demasiados años y ya cuando dije yo: ‘¡Me apunto para otro!’, mi marido dijo que ya no”, recuerda.

“Me quedé con una, que ha sido mi mayor bendición y la verdad es que fue la hija más perfecta que Dios me pudo dar, porque llenó todo espacio a nivel de hijos”, agrega.

Aunque Estefanía siempre fue muy apegada a su madre, tal parece que ahora, pasados los años, comparten mejores momentos juntas: van al cine juntas, a a hacer ejercicio, viajan solas y son confidentes sin rollo alguno, ni siquiera en temas de sexualidad, algo que Figueroa atribuye a la naturalidad con la que se asume esta clase de temas en su programa.

“Yo creo que antes de pensar en una amiga si voy a hacer algo, creo que pienso en ella. Y si ya no estoy en su radio, entonces busco otra opción”, confiesa Figueroa entre risas.

Comparten también algunas prendas que la muchacha se roba del armario de su madre y logra darles un estilo que sorprende a Figueroa.

Patricia Figueroa y su hija Estefanía son confidentes y han desarrollado una relación de amistad que sobrepasa los lazos sanguíneos. Mayela Lópéz

Pese a la cercanía que siguen manteniendo, la presentadora sabe que desde hace ya varios años que su hija comenzó a extender sus propias alas. “Lo que más me golpeó fue cuando empezó a manejar”, dice. “Es que yo era la taxista pirata de ella”.

En diciembre, por ejemplo, Estefanía decidió pasar el primer fin de año lejos de sus padres. La experiencia no fue tan agradable como hubiera imaginado, pues la nostalgia familiar la invadió y en medio de una llamada telefónica, las lágrimas afloraron.

Eso sí, la cocina no es uno de los placeres compartidos. La presentadora dice que a Estefanía le encanta cocinar y, de seguido, su hija irrumpe con una confesión: “Bueno, no tanto”.

Se nota, quizá, en la preparación del cebiche. Figueroa explica que el platillo peruano se come al instante, con la corvina apenas un poco cocida por el limón y no como en el ceviche tico, en el que el pescado se torna blanco.

Pero, mientras Estefanía monta el plato, advierte que “el pescado está como crudo”.

“¡Ah, sí, es tica!”, estalla en risas su mamá.

Calor de hogar. En la casa de Fuscaldo, en Moravia, nos recibieron cuatro perritas que, a su manera, logran desprenderle el espíritu materno a la actriz. “Es que aquí la casa es de las perras”, dice con un tono entre broma y en serio.

El ambiente en su hogar es relajado y acogedor. Viven ahí, aparte de las cuatro perras, Fuscaldo; su hija, Sofía Ortega; Alejandra Rodríguez, la muchacha que hace más de 20 años llegó para ayudarle y que hoy es su confidente y consejera; y Adriana Hernández, la hija de Alejandra, quien para Fuscaldo es prácticamente una nieta.

Doña Eugenia tiene mucho de su personaje más insigne, doña Tere, pero distan en el carácter. En la vida real, ella es amena, afectiva, humilde, tremendamente honesta y dotada de un humor afable.

ARCHIVO: Detrás del telón con Eugenia Fuscaldo

Tampoco es la señora de alcurnia que se sienta a la mesa a esperar a que le sirvan la comida en la mesa. En su casa cocina Alejandra, pues Fuscaldo reconoce que su cuchara la supera, pero no por eso deja de disfrutar el ritual de hacer un buen spaghetti italiano.

Hija de un italiano y una tica, cocinar pasta le recuerda los mejores momentos de su infancia. “Como tres veces a la semana, se hacía comida italiana. Todos los demás días, era maicera”, admite.

Los domingos, la mesa era larga. Se cocinaba spaghetti para los seis hijos y sus amigos. Los tomates se preparaban días antes para que estuvieran en su punto –este es el secreto, según dice’’ y llegado el momento, se ponían a cocer en una gran olla. Fuscaldo aún recuerda el sonido que producía la salsa burbujeante en el fuego.

A los más pequeños, les ponían un banquito frente a la cocina para que probaran la salsa. Era todo un ritual, según cuenta mientras reproduce en su propia cocina la tradición familiar, esta vez junto a Sofía y Adriana.

Aunque Sofía (izquierda) es la única hija de Eugenia Fuscaldo, la actriz vio nacer y crecer a Adriana (la hija de la señora que le ayuda en las labores domésticas). Las perras también son parte de la familia. Mayela López

Verla cocinar y reírse de sí misma porque la pasta se pasó de su punto y no quedó al dente nos hace inferir que es una mujer descomplicada. Luego, mientras relata la historia de Sofía, es fácil entender que las dificultades atravesadas la llevaron a encontrar gracia y valor en las cosas más simples.

Fuscaldo estuvo casada alguna vez, pero se divorció sin haber tenido hijos. Años después conoció al padre de Sofía, pero nunca se casó con él y decidió criarla por su cuenta.

Cuando la niña tenía un mes de nacida, comenzó a presentar problemas de salud y los doctores no hallaban la causa. Fue un año y medio muy duro, recuerda la actriz, quien debía dejarla al cuidado de familiares para salir a trabajar, y el estrés comenzaba a provocarle escasez de leche materna, el único alimento que no dañaba a la bebé.

El día en que por fin recibiría el diagnóstico, recuerda, se vistió con sus mejores ropas y así también a la niña. “Sea lo que sea, vamos a ir a recibir esto con mucho amor”, le dijo.

Sofía padecía una deficiencia inmunológica que no tenía cura y que requería tratamiento de por vida.

Pero, pese a las malas noticias, ese fue uno de los dos días más felices en la vida de Fuscaldo: cuando menos, era tratable.

Cuidar de la niña era una tarea tan ardua como delicada, pues no podía exponerse a bacterias y si pasaban 10 minutos luego de servida la comida y no se la terminaba, había que botarla y prepararle otra nueva para evitar infecciones.

“Luego ya fue insostenible y yo tuve que salirme de la televisión, de todo”, recuerda. Fuscaldo estuvo 13 años sin trabajar, viviendo de una herencia que le habían dejado sus padres. “Todo se fue. Todos los recursos los utilizamos en eso”.

"Aunque el teatro conlleva mucha disciplina, ser mamá me ha disciplinado en otros sentidos (...). Es olvidarse de uno –que eso está bien y está mal–, es entregarse, es comprensión, es paciencia", dice Eugenia Fuscaldo con convicción.

El segundo día más feliz para Fuscaldo llegó cuando Sofía tenía 15 años. Una infección la llevó al hospital, pero fue entonces cuando los médicos descubrieron que su cuerpo había comenzado a producir anticuerpos por sí solo. La alegría fue tal, que adoptaron la primera perra, Chumeca, para cumplir uno de los sueños que siempre había tenido la muchacha, pero que su estado de salud le había imposibilitado.

Aunque ya Sofía tiene 30 años, la actriz aún no siente haber cumplido su misión como madre.

“No, es que yo las quiero ver a todas ellas felices (a su hija, a Alejandra y a Adriana)”, admite. “Falta meterles seguridad. Falta apuntalarlas en eso. Es fortalecernos entre todas”.

Complicidad. La historia de Nancy Dobles es muy distinta a la de Fuscaldo y la de Figueroa. Los hijos de la presentadora de Buen día siempre han gozado de buena salud, y el cúmulo de energía que llevan dentro es una buena prueba de ello.

Consus ocurrencias, Daniel y Gabriel Drew, de 10 y 14 años, logran sacarle carcajadas a Dobles. Daniel es más introvertido, pero heredó de ella el gusto por el ejercicio –una actividad que comparten cuando les es posible, aunque la presentadora admite que su hijo es más disciplinado que ella– y Gabriel, la fascinación por la repostería y el interés por las cámaras.

“Mi mamá es mi heroína. Hace muchas cosas que me encantaría hacer de adulto, como cocinar y salir en televisión”, dice el menor.

Nancy Dobles aprendió a hacer repostería y a cocinar para consentir a sus hijos. Gabriel (izquierda) es el más goloso; mientras que Daniel prefiere compartir con ella el tiempo en el gimnasio. Mayela López

Para nadie es un secreto que Dobles ha desarrollado el talento culinario, aunque lo cierto es que cuando estuvo casada con el padre de los Drew, nunca fue capaz ni de preparar arroz ni de cocinar un huevo.

Su hermana, Sol, alguna vez le dijo que no era posible que no supiera hacer nada en la cocina, pero la presentadora se justifica al recordar que, de adolescentes, ella era la que “le ponía” con la limpieza de la casa y entonces era a su hermana a la que ponían a cocinar y que por eso nunca aprendió.

Empero, pasados los años, las palabras de Sol le calaron en la consciencia y decidió empezar por un queque de banano muy sencillo que su hermana le recomendó. El resultado no fue el esperado ni al primer, el segundo ni el tercer intento, pero “se picó” hasta que por fin le salió bien.

ARCHIVO: Sabores: Reto de cocina entre Nancy Dobles y Joaquín Iglesias

Esa es, hasta hoy, su receta más querida. Fue la primera y sigue siendo una de las favoritas de sus hijos, la que se hornea al menos una vez cada 15 días.

“Es que cocinar es crear recuerdos. Yo quiero que cuando mis hijos crezcan, recuerden ese momento cuando volvían de la escuela y abrían la puerta de la casa y les olía al queque de banano de la mamá”, dice Dobles.

Fue así como comenzó la pasión de Dobles por la cocina, pero sobre todo por la repostería, al punto en que hoy estudia francés porque sueña con marcharse a Francia a estudiar repostería. También tiene un espacio en Cosa Rica, en el que prepara platillos saludables, los preferidos de Daniel.

Quizá por eso, la respuesta de los pequeños cuando se les pregunta quién es su mamá fuera de la pantalla coincide en un mismo punto: “es muy trabajadora”.

Los fines de año, por ejemplo, los pasan separados. Los chicos se marchan a la playa con su papá y Dobles se queda en San José, pues normalmente se pasa las noches ante las cámaras de El Chinamo. Sin embargo, la distancia no les impide estar conectados y se llaman mínimo tres veces al día.

En su vida cotidiana, Dobles hace espacio en su ajetreada agenda para desayunar cada día con sus hijos, almorzar juntos después de la escuela y el colegio, ver películas o salir a caminar un rato “al patio” (La Sabana, que queda justo enfrente del edificio de apartamentos donde viven).

Pero, más allá de todo, en la mirada de los hijos de Dobles se esconde un profundo sentimiento de admiración por ella, que se manifiesta a través de abrazos, risas y juegos.

“Mi mamá es mi mamá. Mi mamá es única. Yo siempre le digo que mi corazón solo le pertenece a una persona: a mi mamá”, dice Daniel.

La frase llegó hasta el corazón de la presentadora, quien corrió a abrazarlo sin poder contener las lágrimas. No hacían falta ya las palabras.

Las personalidades de la televisión nos proponen un menú fácil para consentir a las madres.
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Gloriana Corrales

gloriana.corrales@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista en la Revista Dominical de La Nación. Es graduada de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la UCR. 

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