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Crítica de Frankenstein

Las artes escénicas, ideales para enseñar lo intangible

Actualizado el 04 de mayo de 2016 a las 12:00 am

El arte sigue tratando temas esenciales que tienen vigencia para cualquier ser humano.

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El programa Érase una vez …, que el Teatro Nacional ha iniciado este año, y el cual coordina con el Ministerio de Educación Pública, presentó su segundo montaje, Frankenstein .

Este espectáculo está basado en la novela de la escritora inglesa Mary Shelley, quien escribió, en 1816, Frankenstein o el moderno Prometeo , la cual fue publicada dos años después.

Tanto la obra de Shelley como la presente puesta en escena cuestionan la moral y la prepotencia del ser humano, cuando cree que está en sus manos utilizar la tecnología a su alcance para crear una vida.

La premisa de esta producción es que ningún ser humano es malvado al nacer, ya que por naturaleza, cada individuo llaga a este mundo con una sensibilidad, inteligencia, con deseos y capacidad de aprender. Sin embargo, puede ser maltratado por la sociedad, simplemente, por su aspecto físico, lugar de nacimiento y otros condicionantes externas o materiales.

El espectáculo que nos ofreció el español Matilde (Javier Ciria), quien es el responsable de la adaptación, dirección y coreografía, es una invitación a entrar por la vía emocional de los protagonistas: el monstruo (Arturo Campos), el doctor Victor Frankenstein (Michael Dionisio Morales) y el ayudante (Luis Cubillo), para así poder tocar nuestras fibras de manera más profunda.

Para esto, recurrió a los elementos de la danza butoh japonesa y el teatro físico con el fin de construir el perfil de cada personaje y enfatizar detalles de las situaciones sin recurrir a la palabra, logrando armonizar ambos lenguajes con resultados muy interesantes.

Recordemos que, en Frankenstein , la acción surge cuando el doctor, horrorizado por la fealdad de su creación, lo abandona y huye, dejándolo en desamparo y expuesto al maltrato ante todo ser vivo que se encuentra.

En el ámbito de la plástica escénica, la obra cuenta con una excelente y funcional escenografía creada por Fernando Castro, así como con el diseño de iluminación pertinente de Telémaco Martínez. Lo anterior se complementa con el diseño de vestuario, con el cual Rolando Trejos ubicó en la época a los principales personajes. También cabe destacar la atinente partitura original que Fabián Arroyo compuso para Frankenstein .

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Sobre las interpretaciones, la personificación del monstruo a cargo de Campos es vital, toda vez que, con su trabajo corporal, logró ilustrar la tragedia por la que pasó la criatura, cada vez que intentaba relacionarse con sus contemporáneos y era rechazado de manera violenta.

De igual forma, pudimos leer en sus movimientos la ternura, el dolor y la fugaz alegría. El monstruo nos recordó el derecho de cada ser humano de poder tener diferencias en la sociedad.

El resto del elenco, integrado por Greivin Chavarría, Noelia Jiménez, Karina Moya y Katherine Moya, ejecutó bien los otros caracteres de apoyo a la narración central. Con ellos pudimos ver a la familia del doctor, a los aldeanos, entre otros. En general, el manejo de la voz fue adecuado.

Es muy grato observar el Teatro Nacional colmado de jóvenes y familiares, quienes disfrutaron de la presentación de un texto clásico escenificado con nuevas técnicas.

Ficha artística

Dirección: Matilde (Javier Ciria) España.

Intérpretes: Arturo Campos, Luis Daniel Cubillo, Michael Dionisio Morales, Greivin Chavaría Bolaños, Noelia Jiménez, Karina Moya, Katherine Moya

Fecha: viernes 29 abril de 2016, 8 p. m.

Lugar: Teatro Nacional.

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