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Invitado a Festival Iberoamericano de Butoh

Tadashi Endo: ‘Creo que si usamos nuestro cuerpo, quizás podamos ver el alma’

Actualizado el 27 de mayo de 2015 a las 12:00 am

En la danza butoh del artista japonés se reúnen la sombra y la luz. La obra que presentó en el país, recuerda la tragedia de Fukushima; esta noche, charlará acerca de su trabajo e historia.

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Tadashi Endo: ‘Creo que si usamos nuestro cuerpo, quizás podamos ver el alma’

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El butoh se conforma de movimientos del cuerpo, como la resistencia, la tensión y la gesticulación, como muestra Tadashi Endo. Priscilla Mora para La Nación.

Al principio de Fukushima, mon amour , los movimientos de Tadashi Endo son mínimos. Los dedos mariposean en el aire; la mano se eleva y colapsa; el artista, de espaldas, se hunde en el silencio. Para cuando termina, él y la audiencia han sido hipnotizados por el horror del terremoto del 2011 en Japón y el desastre nuclear posterior; luego, son llevados a la luz a través del cuerpo del maestro del butoh. En el centro del escenario, la nieve cae, el tiempo pasa y la vida florece, una vez más.

Tadashi Endo, japonés residente en Alemania, es uno de los más prominentes artistas de la disciplina artística del butoh , que mezcla movimiento, teatralidad y performance en un amplio rango de posibilidades.

Atmósfera. En el  butoh , cada gesto se convierte en verso de un poema que se interpreta con el cuerpo.  Priscilla Mora para La Nación.
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Atmósfera. En el butoh , cada gesto se convierte en verso de un poema que se interpreta con el cuerpo. Priscilla Mora para La Nación.

Presentó Fukushima, mon amour este domingo, como cierre del primer Festival Iberoamericano de Butoh , apoyado por la Embajada de Japón. Este miércoles, a las 7 p. m., Endo repasará la historia de la disciplina y su carrera en la Galería Dinorah Bolandi del Teatro Melico Salazar.

Cada persona que se acerca al butoh encuentra su propio lenguaje: tal es la apertura de este arte nacido en los años 50. Endo es reconocido por sus experimentales fusiones dancísticas (quizás, para los cinéfilos ticos, sea reconocido por su aparición en la película Las flores del cerezo , del 2007).

En 1989, empezó a formarse con uno de los dos fundadores de esta disciplina, Kazuo Ohno (1906-2010). De él aprendió que no se trataba de una técnica de danza, sino una forma de vivir.

El artista también imparte talleres en la Bodega Alkimia de Calle Blancos, espacio del director del festival, Fred Herrera . Allí, habló sobre su método de trabajo y sus creaciones.

¿Cómo contar una historia de dolor, como la del desastre de Fukushima, a través de la danza?

La catástrofe es muy triste, una situación terrible y no solo para los sentimientos, claro. Es un enorme dolor. Sin embargo, mucho dolor existe en otras situaciones en mi vida, en todas nuestras vidas. En todas partes, la gente tiene problemas físicos, psicológicos o materiales. Nadie puede decir que no tiene ningún problema. Todos luchan contra ellos y desean que el futuro sea un poco mejor, más cómodo, más amoroso. Es la misma situación de la gente en Fukushima hoy. En esta pieza, tomo mi dolor y lo relaciono con otro tipo de dolor. Luego, pensé que no es solo un problema humano, sino también de los animales. Vi los perros y gatos de Fukushima desahuciados, vagando por las ruinas: no podían escapar, no tenían idea de qué había pasado ni por qué. Fue tan penoso, tan triste.

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Algo que destaca en la obra es cómo incorporó en su cuerpo todo el dolor de la naturaleza, con los aullidos de los perros, esta sensación de la naturaleza abrumada por la catástrofe. ¿Es desgastante emocionalmente?

Por supuesto que no es fácil, pero no tenemos otra opción como artistas. Es la única forma en que debemos hacer todo en la vida. Como dijo Kazuo Ohno, cualquiera puede bailar butoh porque en butoh no tenemos una técnica fija que podemos bailar y en la que mejoramos. Así que cualquiera puede bailarlo, pero si lo bailas, deberías hacerlo hasta que mueras. Cómo hacerlo es lo más difícil del proceso.

Sufrimiento.  En su obra, Endo expresa el dolor de la catástrofe nuclear de Fukushima.  Priscilla Mora para La Nación.
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Sufrimiento. En su obra, Endo expresa el dolor de la catástrofe nuclear de Fukushima. Priscilla Mora para La Nación.

Este festival fue la primera gran exposición al butoh que la audiencia costarricense ha tenido. ¿Cómo explicaría el butoh a este público?

Las personas interesadas en butoh forman una pequeña y profunda familia. Eso es, para mí, muy importante. El butoh no es solo danza: es la vida. La mejor forma de aprender es ver la propia vida. En ella, todo va de la oscuridad a la luz –todo, no solo los seres humanos–. La forma en la cual se va hacia la luz es lo que cambia. Algunas flores, como el tulipán, ascienden de forma recta; otras plantas, como el frijol de soya, son enredadas. No sé cómo será el butoh en Costa Rica: ¿más térreo, quizás? En México, por ejemplo, siento que es muy ritualizado. En Europa, se baila butoh de una forma muy dramática e intelectual. Ningún practicante debería olvidar el espíritu del butoh : el de Ohno y Tatsumi Hijikata (el otro gran pilar del arte). El butoh japonés es para el cuerpo, el trasfondo, el paisaje japonés... Este butoh no lo puede bailar la gente fuera de Japón. Deben hallar su propio butoh y averiguar por qué quieren danzarlo.

¿Cuáles elementos han tenido un papel en la construcción de su forma personal de butoh ?

Llamo a mi danza butoh mah , que significa ‘en medio’. Soy japonés y he vivido en Alemania por más de 40 años. Viajo por todas partes como ‘bailarín japonés de butoh’, pero si me presento en Japón, dicen ‘Tadashi Endo, de Alemania’. No he querido convertirme en ciudadano alemán. No me gusta todo del estilo de vida alemán ni todo lo japonés. Necesito esta tensión de estar en medio. En ese sentido, el momento más tenso fue cuando cayó el Muro de Berlín. Ese día, miles de personas paradas justo sobre el muro... Nunca antes vi tal drama. Si eres completamente de un lado, te vuelves perezoso, poco crítico, así que necesito tener esa tensión.

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¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Kazuo Ohno?

Empecé en el teatro, en Viena, haciendo drama clásico, como el de Shakespeare, Dürrenmatt y otros. Quería hacer otra cosa, ser artista de otro tipo. Creé un grupo amateur de teatro. Colaboré con músicos que tocaban free jazz , con mucha improvisación. Me sentí muy bien de poder moverme sin ninguna técnica de danza, como un performance . Estaba buscando qué podía hacer: ¿improvisar toda mi vida...? Luego, conocí a Kazuo Ohno (en 1989). Hablaba mucho sobre la vida, el sueño, el cuerpo, pero poco sobre el butoh . Era tan carismático que sentía que era como mi padre. Se convirtió en una relación muy cercana y lo invité a mi ciudad para que mostrara sus obras y diera talleres. Le mostré mis actos en video y me dijo: ‘¡Lo que buscas es el butoh ! ¡Sí! Luego de verlo a él, vi al butoh posado en mi hombro: conocí el butoh , no lo aprendí.

"Espero, y creo, que si usamos nuestro cuerpo, quizá podamos ver el alma"

Mencionó anteriormente que, si uno baila butoh, se compromete a hacerlo hasta la muerte.

Toda la vida, en todo lo que hacemos a través de la danza, lo que queremos mostrar es nuestra alma. En la vida, nuestro cuerpo cubre como un traje nuestra alma y nadie puede verla. Nadie podría decir cómo luce. Es algo que todos sabemos que tenemos, pero nadie puede verla. Por eso, debemos hacerlo hasta morir. Espero, y creo, que si usamos nuestro cuerpo, quizá podamos ver el alma. Ese es la única opción que tiene el artista de butoh . Si no puedes moverte, saltar, rodar, pero solo puedes mover los dedos o la cara... baila con los dedos, o con la cara. Kazuo Ohno lo hizo y Hijikata lo hizo. En su lecho de muerte, no podía levantarse ni sentarse. Dijo: ‘Les mostraré mi última danza’. Lo hizo, solo con los dedos. Eso es el butoh para mí.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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