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Instructores dan clases en el país

Salsa caleña: torbellino de pasión y sensualidad

Actualizado el 12 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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Salsa caleña: torbellino de pasión y sensualidad

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Tal y como si fueran unos científicos que tienen al frente un poco de sustancias para hacer un experimento, los pobladores de la ciudad de Cali, Colombia, combinaron la pachanga, el bugalú, el mambo, la samba, el merengue y la cumbia para crear su propio ritmo: una contagiante salsa caleña.

Ellos no solo los mezclaron. Con el fin de innovar un poco, los caleños le imprimieron fuerza y rapidez a cada uno de los movimientos ‘prestados’ de esos géneros y así crear un baile fuera de serie, que ha ido conquistando, poco a poco, a diferentes países; Costa Rica, entre ellos.

La costarricense Lucía Jiménez y el colombiano Charles Aguilar bailan salsa caleña. Foto: Osvaldo Quesada
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La costarricense Lucía Jiménez y el colombiano Charles Aguilar bailan salsa caleña. Foto: Osvaldo Quesada

El objetivo principal de los bailarines de la salsa caleña es aprovechar al máximo el sabor expresado en las notas musicales. Ellos no paran ni un segundo; si la coreografía dura cuatro minutos o una hora, la bailan de principio a fin, sin la más mínima pausa.

En la cuenta de esos movimientos radica la diferencia de cómo se baila en Costa Rica. “En la salsa siempre se manejan ocho cuentas. En la salsa normal de acá, quienes la bailan siempre se detienen en el paso cuatro, mientras que en la caleña eso no pasa. Vamos seguido”, comentó uno de los promotores de este género en el país, el caleño Charles Aguilar, de 30 años.

¿Cómo hacen para no detenerse? Lucía Jiménez, primera intérprete costarricense de salsa caleña, tiene una forma muy sencilla de explicar cómo se distingue un baile del otro.

“En la de Costa Rica, uno hace la diagonal a la derecha, vuelve al centro, toma aire y hace la diagonal para el lado izquierdo. Listo. En la caleña, uno hace la diagonal a la derecha, pero cuando se está en el centro se hace una especie de chachachá rápido con los pies e, inmediatamente, se hace la diagonal a la izquierda. Todo es movimiento, no hay tiempo muerto”, detalló Jiménez, quien baila la salsa caleña desde hace un año.

La costarricense Lucía Jiménez y el colombiano Charles Aguilar bailan salsa caleña. Foto: Osvaldo Quesada
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La costarricense Lucía Jiménez y el colombiano Charles Aguilar bailan salsa caleña. Foto: Osvaldo Quesada

¿Cómo se hace? El hecho de que sea tan rápida suele asustar a quien la ve, al punto de desechar de su mente el deseo de aprender a bailarla. De ahí que algunos ticos se asusten al ver los pasos de baile.

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“Cuando alguien observa una coreografía, se tensa, se frustra. A mí me ha tocado tener que dar cierta terapia a la gente de acá para que no le agarren miedo; eso es muy curioso”, comentó Charles Aguilar.

La salsa caleña –nacida en la década de los 70– es sencilla, tanto así que si usted sabe los pasos básicos de la salsa (atrás-atrás, lateral, diagonal), ya lleva las de ganar. Ahora, solo deberá de hacerlos velozmente y meter entre ellos el repique, que es un chachachá producido por una flexión y extensión de las rodillas.

Un secreto que tienen los expertos en este ritmo caleño: que los hombres aprendan a soltar las rodillas y las mujeres, la cadera.

“A nosotras nos hace ver más estilizadas, femeninas, es para darle ese toque latino; a los hombres, los muestra más veloces, lo cual es importantísimo en una coreografía de este tipo de baile”, comentó Jiménez.

Esos son los movimientos básicos de la salsa caleña, que se llegan a dominar si se reciben clases intensivas durante tres meses. “Ya en ese tiempo, las personas pueden ir a un salón y sorprender con un baile de salsa caleña. Sería para algo social; si es para algo profesional, sí se tardan años”, mencionó Aguilar.

La costarricense Lucía Jiménez y el colombiano Charles Aguilar bailan salsa caleña. Foto: Osvaldo Quesada
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La costarricense Lucía Jiménez y el colombiano Charles Aguilar bailan salsa caleña. Foto: Osvaldo Quesada

En Costa Rica, ya se abren varios espacios para entender más sobre la salsa caleña y bailarla. Uno de ellos es la compañía de baile Rumba con Clase, de Eric Madrigal y Charles Aguilar, quien baila desde los 13 años.

Allí, además de hacer presentaciones privadas para cualquier tipo de evento, también ofrecen clases grupales o individuales. “No tenemos una sede en específico, así que varía el lugar donde se impartirá el curso”, dijo Aguilar.

Hace unas semanas comenzaron un taller para principiantes en la salsa caleña. Este lo dan los jueves, a las 7 p. m., en un salón en San Juan de Dios de Desamparados, por el residencial Itaipú. La matrícula tiene un costo de ¢5.000 y la mensualidad de ¢20.000.

En el Centro de Artes Promenade, en Zapote, también ofrecerán un curso de salsa caleña, a partir del 4 de octubre, con el instructor costarricense Carlos Rodríguez. Serán los sábados, a las 3:30 p. m., durante dos meses.

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La matrícula es gratis, mientras que el costo mensual del taller es de ¢30.000 por persona y ¢25.000 si es alumno de esa academia. Hay descuentos para parejas. Más información: 7104-7606 o 2283-0300.

Así las cosas, la salsa caleña es un torbellino de pasión y sensualidad, que llegó al país para envolver, sin hacer mucho esfuerzo, a cada uno de los costarricenses que se atraviesen en su camino.

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Katherine Chaves R.

katherine.chaves@nacion.com

Periodista de Sucesos

Periodista en la sección de Sucesos y Judiciales. Bachiller en Periodismo en la Universidad San Judas Tadeo.

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