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Único espacio de formación universitaria en danza

En la Escuela de Danza de la UNA, se sigue el ritmo propio

Actualizado el 31 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Cambio. Con cerca de 100 estudiantes, la escuela titula a intérpretes profesionales y ofrece maestrías en Enseñanza y Coreografía; está en busca de renovación

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En la Escuela de Danza de la UNA, se sigue el ritmo propio

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En una reciente mañana de miércoles, el profesor de la Universidad Nacional (UNA) Mario Blanco mostraba a sus alumnos cómo seguir el ritmo de la percusión. Una y otra vez, los estudiantes de tercer año de la Escuela de Danza saltaban grácilmente a través de la sala de ensayos, con su imagen multiplicada en la pared de espejos y los pies desnudos retumbando en los tablones.

“No hay otra carrera que me guste tanto. No me veo haciendo otra cosa que no sea bailando”, afirmó Dennis Castillo, de 20 años, tras la clase. Con otra centena de compañeros, cursa el bachillerato en Danza de la UNA, única carrera profesional de su campo en el país. “En general, en algún momento del día digo: ‘Qué dicha que estoy acá y no en otro lugar, porque estoy haciendo lo que quiero’”, recalca.

Esos días son largos. En la carrera, de cuatro años, hay clases prácticas por la mañana y teóricas por la tarde. En las noches, varios estudiantes aprovechan para ensayar, ya sea para proyectos de cursos o propios. En la vida del bailarín, no hay una hora estática. Para ellos se fundó la escuela.

Jorge Arce
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Jorge Arce

¿Dirección? La Escuela de Danza se fundó en 1974, y se concentra en formar a intérpretes de disciplinas contemporáneas. Aparte de bachillerato, ofrece una maestría con dos énfasis: Formación Dancística y Coreografía.

La institución aspira a lograr mucho más. “Estamos en un proceso de autoevaluación, con miras a la acreditación de la carrera de Danza, y entraríamos en un rediseño”, explica la directora, Ileana Álvarez. De hecho, la escuela busca la acreditación académica superior y un ajuste de su malla curricular para añadir a lo que sus estudiantes buscan y lo que el mercado laboral requiere de los graduados.

“Hemos visto la necesidad de que haya otros énfasis de salida profesional, no solamente la Interpretación (porque el espacio laboral es reducido), como Formación para Poblaciones Diversas –adultos mayores, niños, personas con capacidades especiales– y otros que podrían irse por el tema de danza y salud”, detalla.

Cada año, se gradúan unos 15 intérpretes profesionales, con entrenamiento en estilos y disciplinas aunado a cursos de coreografía y formación. No todos encuentran empleo en el campo de la interpretación (pues pocas compañías contratan); muchos optan por dar clases en academias.

Como el enfoque es artístico, dice Álvarez, la escuela fomenta la “investigación del movimiento propio, auténtico”. Eso suma a la exigencia de la carrera: “Realmente hay que estar alma y cuerpo en la formación de la carrera; si no, el mismo proceso te va a decir que este no es tu camino”, dice, por su parte, Mario Blanco, quien se acaba de graduar de la maestría en Coreografía.

A lo largo del bachillerato, los estudiantes aprenden sobre técnica y metodología del ballet y la danza contemporánea, principios de anatomía, tecnología artística y otras disciplinas. Blanco agrega que, actualmente, no hay en el país otro espacio de formación profesional en coreografía.

“Los trabajos que los egresados iban a tener en compañías del Estado ya están saturados. Ahora, hay que formarlos pensando en gestión independiente: prepararlos para lo artístico y también la administración”, opina la exdirectora y docente Marta Ávila.

“En un principio, entré y no estaba segura de si quería terminar la carrera”, confiesa Valeria Rodríguez, de segundo año. Está a punto de iniciar su clase de ballet , a las 10 a. m. Una docena de compañeros repasan posturas básicas y corrigen pronto las más ligeras variaciones.

“Cuando sea mayor, me gustaría coreografiar y, por medio de mis coreografías... no voy a decir que cambiar el mundo, pero sí motivar a la gente a ser mejor, a hacer cosas. Quiero, por medio del movimiento, crear más movimiento”, añade sonriendo.

Muchos de los estudiantes han llevado cursos antes de ingresar; algunos, en el Programa Margarita Esquivel . Allí, se ofrecen talleres desde estimulación temprana hasta adolescentes. Otros programas son la Compañía de Cámara Danza UNA y el grupo UNA Danza Joven , laboratorios para artistas y coreógrafos.

En los pasillos, los estudiantes practicaban y tomaban notas. Aún quedaban largas horas del día. Preparándose para salir de la lección, antes de una tarde dedicada a estudiar, Carolina Cabrera dijo: “Encontré en el movimiento eso que me lleva a ser feliz”.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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