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Crítica de danza: Preciosismo de una tradición, La bella durmiente

Actualizado el 27 de mayo de 2016 a las 12:00 am

Técnica: Todos los miembros de la compañía dominan el estilo que plantea la obra original de Marius Petipa

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Crítica de danza: Preciosismo de una tradición, La bella durmiente

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La Russian Classical Ballet Company trajo en su reciente gira por América Latina La bella durmiente , el primer ballet sinfónico compuesto por Chaikóvski, quien se esforzó por darle a cada personaje un tema musical. Esta obra cuenta además con un libreto de Iván Vsevolozhsky y fue montada por el coreógrafo francés Marius Petipa, en 1890, cuando comenzaba a consolidar el estilo académico del ballet , a finales del siglo XIX, en San Petersburgo y cuya temática, está basada en el cuento escrito por Charles Perrault.

Esta puesta en escena es de un tiempo más reducido que el original, pero mantiene la esencia del popular relato que, en la primera parte, ubica al espectador en la época del Luis XIV y luego, cuando la princesa Aurora despierta, 100 años después lo transporta al barroco.

Virtuosos. Todo el elenco se apropió del estilo clásico académico de Petipa y ejecutó la obra con dominio técnico. Adrián Soto
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Virtuosos. Todo el elenco se apropió del estilo clásico académico de Petipa y ejecutó la obra con dominio técnico. Adrián Soto

Como la mayoría de los ballets de Petipa, en La bella durmiente los solistas se enfrentan a grandes retos técnicos e interpretativos, y fue así que Iryna Khandazhevska, al ejecutar el papel de Aurora, tuvo que resolver de manera preciosista la complejidad que demanda esta caracterización, la cual está llena de detalles, como el manejo de los brazos y las manos, pequeños movimientos de cabeza, las grandes extensiones, los equilibrios y la precisión, como los que se requieren para la escena del cortejo de los príncipes y las rosas.

De igual modo, esta obra le permite al personaje masculino, el príncipe Désiré, lucirse, más allá de ser un buen compañero de Aurora que le facilita los giros. En este sentido, Anatolii Khandazhevskyi demostró dominio en el balón y pudo abarcar el escenario en los grandes saltos y al acoplarse con Aurora en el grand pas de deux .

Otro bailarín que supo atrapar la atención a teatro lleno fue Anton Shalin, como el antagonista, representando el hada Carabosse. En esta línea vimos a Evgeniia Agafonova, caracterizando el hada de las Lilas; igualmente a Ekaterina Anishchenko, como la princesa Florina, acompañada por Denis Karakashev, quien se ganó los aplausos como el pájaro azul. Y como otro personaje carismático actuó Valentín Grischenko, en Catalobut.

Cabe señalar que el cuerpo de baile actuó preciso en las partes grupales y con mucha energía. Es agradable poder ver un ballet de tanta complejidad corpórea y musical, de casi un manierismo, ejecutado como si pareciera muy sencillo y natural.

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Esta puesta en escena contó con adecuada iluminación, llena de contrastes, así como de muchos telones que ambientaron las diversas escenas, como las del palacio y el bosque.

El vestuario, rico en color y texturas, también contribuyó a crear la ambientación de las respectivas épocas.

Lo único que resentí de la presentación de La bella durmiente fue el volumen excesivo de la última parte, pues ya de por sí, la partitura es fuerte y pletórica de instrumentación, como para tener que reforzarla con una saturación del sonido, que en algunos pasajes era molesto.

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