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Crítica de danza: Trabajo por hacer en JF Ballet Contemporáneo

Actualizado el 14 de abril de 2016 a las 04:51 pm

Rigurosidad: El elenco debe de trabajar más el sentido de la musicalidad y precisión en las obras presentadas

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El canto de los cisnes es de Jorge Félix Morejón. Luis Navarro.

El JF Ballet Contemporáneo, agrupación independiente fundada hace más de seis años por el bailarín y coreógrafo de origen cubano Jorge Félix Morejón, presentó un espectáculo constituido por dos obras: Ausente , un estreno, creado por Isaac Alemán, Irene Campos y María Luisa Mészáros, y un extracto del ballet El canto de los cisnes (2012), del director.

Es un buen intento de combinar en una noche los componentes del ballet y la danza contemporánea y propiciar la composición en jóvenes creadores.

Sin embargo, al observar este espectáculo, vuelvo ver a un aspecto muy común en la danza y ballet nacionales, el cual he señalado en reiteradas ocasiones y parece que todavía no se erradica: la incapacidad de que muchos bailarines ejecuten el movimiento con buen sentido musical y de colectividad, cuando corresponda.

Ello requiere limpieza, sincronía y dirección rigurosa. Su falta se siente aún más cuando en lo propuesto lo fundamental o el estilo de coreógrafo privilegian la forma y la exactitud. Ejemplos de lo anterior podrían ser el dominio en el manejo de los brazos, el ataque certero al ejecutar los giros, la firmeza de la soporte en los arabesques, etc.

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En las obras presentadas, tanto en Ausente como en el extracto de El canto de los cisnes , las secciones grupales adolecieron de la precisión en el movimiento; es decir, el unísono no estuvo presente.

Para la primera obra, Irene Campos, Isaac Alemán y Marilú Mészáros unificaron sus trabajos, y nos ofrecieron una versión colectiva sobre la vida y la muerte o las pérdidas más frecuentes, logrando amalgamar sus historias y estilos con movimientos frescos, más apegados al enfoque contemporáneo. En esta obra, una escenografía discreta y un vestuario descriptivo, con luces adecuadas, permitió leer con facilidad el discurso planteado por los creadores.

Sobre el trabajo de Morejón, todavía tengo muy buena impresión de sus anteriores creaciones: Barroquísimo (2010) y Barroqísimo en blanco y negro (2011), pero lo presentado en este programa no se acerca a lo logrado en esas obras. No se debe confundir la libertad de la danza contemporánea con la falta de rigurosidad en la técnica.

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Además, otro aspecto que atentó contra El canto de los cisnes fue el diseño de iluminación, que no le aportó mayor cosa a la ambientación; fue básico y contó con pocos cambios.

No obstante lo anterior, en cuanto a la interpretación, los miembros del colectivo denotan una mejoría de lo visto en el 2012, pues hubo mayor caracterización, matices al abordar los distintos personajes, se siente entusiasmo y existe buena energía que debe ser canalizada.

En específico, me agradó mucho la presencia de Yancieth Paniagua, pues en su cuerpo pude ver ambas obras, la limpieza técnica e interpretación unidas y con buenos resultados. En este sentido, también disfruté de la vitalidad de Diego Rojas.

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