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La leyenda del cine musical español falleció el 8 de abril a los 85 años

El último cuplé de Sara Montiel

Actualizado el 09 de abril de 2013 a las 12:00 am

Con sensualidad y talento, Sarita marcó casi siete décadas de canciones y filmes

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Sara Montiel vivió como quiso. La llamada “manchega universal” fue tan bella, elegante y explosiva que el público estuvo más que satisfecho con dejarla ser ella misma.

La más internacional de las estrellas del cine español partió el lunes 8 de abril a los 85 años, pero la gran pantalla no dejará ir esa voz portentosa.

De la nada. En el principio, era solamente María Antonia Abad Fernández, y nació en un pequeño pueblo, Campo de Criptana, el 10 de marzo 1928. Su padre era agricultor y su madre, vendedora de puerta en puerta de productos de belleza. Tras la Guerra Civil, se mudaron a Orihuela (Alicante), y allí, María Antonia halló la fama.

La joven cantó una saeta en Semana Santa y Vicente Ordaz, productor de la empresa cinematográfica Cifesa , descubrió un talento. En 1944 apareció en su primera película, Te quiero para mí , y antes de finalizar el año, optó por un nombre más comercial: así nació Sara Montiel, o Sarita, como también firmaba sus obras.

Películas como Locura de amor (1948), de Juan de Orduña, fueron sonoros éxitos que la catapultaron a México, cuyo cine vivía en plena Época de Oro. Desde 1950 y hasta 1954 filmó películas como Cárcel de mujeres , Se solicitan modelos y Piel canela .

La belleza que irradiaba Sara Montiel era inescapable hasta para Hollywood. Se convirtió en la primera diva española en participar de las producciones de la meca del cine, al aparecer en el western Vera Cruz (1955), con Gary Cooper, Burt Lancaster y Charles Bronson.

En 1955, apareció en un filme musical junto al tenor Mario Lanza, llamado Serenade (1955), dirigido por Anthony Mann. El afamado director se convirtió en el primero de sus cuatro maridos, y vivió con ella de 1957 a 1961.

En Hollywood, Sarita Montiel destacó como actriz secundaria en grandes producciones como Yuma (1957), de Samuel Fuller.

Tras protagonizar Run of the Arrow (1957) con Rod Steiger, un filme dirigido por Fuller, Montiel retornó a España para ser reconocida como su mayor estrella.

El último cuplé (1957) fue uno de los mayores éxitos de taquilla del cine español, y allí, Sarita inmortalizó algunas de sus canciones más célebres, como la que da nombre al filme y Mi hombre .

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Reina manchega. La entronización de Montiel fue La violetera (1958), en compañía del galán italiano Raf Vallone. Cobró $1 millón por participar en la película, un salario inusitado entonces.

Tomó el control absoluto: ella elegía sus canciones, su vestuario y la escenografía. Nada podía opacar al “animal más bello”, como la llamaban. Un habano entre los dedos y su voz sugerente conquistaron la pantalla a lo largo de una serie de comedias musicales, vehículos para exhibir su voz y sus encantos. Al mismo tiempo que filmaba sus melodramas y comedias, grababa discos con las versiones de boleros, tangos y cuplés .

Sarita estuvo casada dos meses con José Vicente Ramírez Olalla, pero los rumores de sus amoríos circulaban por doquier. James Dean, Ernest Hemingway y Miguel Mihura estuvieron entre sus conquistas, y el poeta León Felipe le dedicó versos. José “Pepe” Tous Barberán fue su gran amor; con él, adoptó a Thais y a Zeus, los dos hijos de la cantante.

Coronada con una guirnalda de éxitos, Sarita se retiró del cine con Cinco almohadas para una noche , de 1973. Pasó al teatro, donde presentó shows como Saritísima o Saritízate , dedicados a las canciones que la hicieron famosa.

Entre apariciones televisivas como Sara y punto y espectáculos teatrales, Sarita Montiel no se alejó de la luz pública; su capacidad de sorprender no se agotó, pues en el 2002 se casó con el cubano Tony Hernández, 36 años menor que ella. Siempre relajada, confesó tener una intensa vida romántica aún a su edad en el libro Sara y el sexo .

En sus últimos años, Sara cimentó su estatus de ícono gay y aparecía ocasionalmente con su garbo y exuberancia usuales. En el 2009 cantó Absolutamente junto a Fangoria.

Fumando esperaba Sarita Montiel a un hombre que la quería; a su muerte, puede confirmar que miles la adoraban .

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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