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Antropólogo y cineasta holandés

“El mundo es pequeño... una decisión tomada aquí lo puede afectar entero”

Actualizado el 20 de octubre de 2011 a las 12:00 am

Contra los químicos El realizador Jan van den Berg presentó en el país Silent Snow, un filme grabado en Talamanca y otras partes del mundo

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                         A sus 65 años, Jan  van den Berg promete regresar con nuevos filmes  de corte  social y ambiental.  Alonso TenorioFirme.
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A sus 65 años, Jan van den Berg promete regresar con nuevos filmes de corte social y ambiental. Alonso TenorioFirme.

¿Quién lo diría?, la blanca y apacible nieve de Groenlandia puede ser portadora de veneno puro. Al menos así lo quiere demostrar el realizador holandés Jan van den Berg, director del documental Silent Snow (Nieve silenciosa).

Pero este efecto no es culpa de la nieve. Según Van den Berg, el químico utilizado para tratar la malaria (DDT) en países como Uganda y la India, llegan hasta el frío Groenlandia para contaminarlo todo y, finalmente, afectar al ser humano.

“En Groenlandia, el DDT cae con la nieve y comienza un ciclo que envuelve todo, incluida la alimentación de los habitantes del lugar”, dijo Van den Berg.

“Este fenómeno puede afectar el nivel de inteligencia de los niños, malformaciones de nacimiento y esterilidad, entre otros problemas”, agregó el cineasta.

Antropólogo de profesión y productor independiente, Van den Berg utilizó Groenlandia como centro de su documental. De allí, y bajo la premisa de la contaminación química, buscó indicios del problema en países como India, Uganda e incluso Costa Rica.

“Los químicos se aplican y llegan al suelo y plantas. Después llegan a los ríos y de ahí al mar. Las corrientes marinas arrastran todo hacia lugares como Groenlandia. El mundo tiene que saber de esto, hay que tomar conciencia, pues termina multiplicándose en todo ser vivo”, explicó Van den Berg.

Según el realizador, en la India y Uganda se aplicó el DDT para curar la malaria y su efecto cruzó progresivamente las fronteras.

En la película, se describe cómo los pobladores de Groenlandia comen ballenas contaminadas por el DDT. Al ser un alimento de su dieta tradicional, las sustancias dañinas que ingieren se instalan en sus cuerpos y causan estragos.

La trama argumental de Silent Snow es sencilla: un personaje real llamado Pipaluk, quien vive en Groenlandia, se decide a viajar por el mundo para encontrarle explicación a los problemas químicos que vive él y sus coterráneos.

Por eso, junto a Van den Berg, Pipaluk viaja a la India y Uganda destapando incómodas realidades. Pero no todo en la travesía es negativo, el viaje que hará a Costa Rica le dará una esperanza a Pipaluk.

En casa. “Me enteré que en Latinoamérica y en seis países más, se trató la malaria sin la necesidad del DDT. Entre ellos estaba Costa Rica. Es un ejemplo de que las cosas, al menos en ese sentido, se pueden hacer diferentes”, dijo Van den Berg.

“De los seis países escogí Costa Rica, porque, casualmente, me habían contratado para filmar otro documental aquí sobre biodiversidad. Entonces, aproveché para hacer las dos cosas”, dijo.

De los 71 minutos del documental, 15 de ellos se filman en Costa Rica. Como protagonistas ticos se encuentran indígenas y trabajadores de bananeras. Entre ellos, se destaca Timoteo Jackson, un líder de la población indígena Bribrí.

Eso sí, Van den Berg no quiso dejar de evidenciar que, en nuestro país, también se han utilizado químicos muy dañinos para la población local.

Por eso, el filme recuerda lo que ocasionó en las zonas bananeras ticas el famoso Nemagón. La aplicación de ese químico afectó a casi 20.000 personas, en un proceso de aplicación que inició en los 70.

“Agregamos el caso para que la gente entienda el peligro de esto. El Nemagón sigue estando allí, no se va del suelo”, dijo Jorine Muiser, productora de la película.

“Nuestra idea con el documental no es culpar a nadie del problema. Es concientizar; hacer ver que las cosas se pueden hacer diferentes”, agregó Muiser.

Para Van den Berg, la experiencia de grabar Silent Snow marcó un derrotero más en su vida, pues hasta ahora el cineasta se había dedicado a hacer trabajos de carácter social, pero no ambientales.

“La gente en Europa quiere comer bananos de oro, sin manchas, perfectos. No sabe que por eso consume puros químicos. El consumidor tiene que darse cuenta de estas cosas”, dijo el holandés.

“Tengo 65 años y sé que la producción de un documental dura mínimo dos años. Por eso, tengo que saber que invierto mi tiempo en cosas que valgan la pena, que hagan la diferencia”, finalizó.

Según sus productores, el documental Silent Snow –que ayer por la noche se estrenó en San José– pretende mostrarse por todo el mundo para seguir su cometido principal: despertar conciencias.

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