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Las obras de William Shakespeare renacen en el cine de hoy

Actualizado el 27 de abril de 2014 a las 12:00 am

Tradición renovada. El cineasta Joss Whedon filma con aires jóvenes la comedia shakesperiana 'Mucho ruido y pocas nueces'

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Joss Whedon parece haber tomado al vuelo las enseñanzas de la screwball comedy y ha filmado una versión de ‘Mucho ruido y pocas nueces’. Fotograma: Jurgen Ureña para LN.

Entre suposiciones, redondeos y algunos datos de dudosa procedencia, se afirma que William Shakespeare nació y murió un 23 de abril y que vivió cincuenta y dos años, entre 1564 y 1616. Esto significa que quienes aprecian la literatura y los eventos festivos por encima de las certezas celebraron, el miércoles pasado, el cumpleaños número cuatrocientos cincuenta del Bardo de Avon,

A su vez, ello comprueba que la “bardolatría” –como la llamó el escritor irlandés George Bernard Shaw– goza en nuestros días de muy buena salud.

Existe una gran incertidumbre alrededor de la biografía de Shakespeare, hasta el extremo de que, a finales del siglo XVII, surgieron diversas teorías que dudaban de su existencia y acreditaban sus obras a personajes destacados de la época, como el dramaturgo Christopher Marlowe , el filósofo Francis Bacon o el Conde de Oxford, Edward De Vere. Sin embargo, esto no ha impedido que su obra atravesara los siglos y produjese innumerables emociones y devociones, primero en los escenarios teatrales y después en las pantallas cinematográficas.

A pesar de que la mayoría de ellas ha desaparecido, se cree que solo durante los años del cine silente se filmaron alrededor de 400 películas basadas en las obras de Shakespeare. Con el paso de los años, la tradición de adaptar sus obras a la gran pantalla fue continuada por directores destacados, como David Griffith, Ingmar Bergman, Akira Kurosawa y Roman Polanski, y fue desarrollada en detalle, con dedicación obsesiva y en diversas ocasiones, por shakesperianos consumados, como Grigori Kozintzev, Laurence Olivier, Orson Welles y Kenneth Branagh.

El último eslabón de esa extensa cadena de prestigios lleva el nombre de Joss Whedon y viene precedido por su trabajo como escritor de comics y director de la superproducción hollywoodense Los vengadores (2012). Nada en la trayectoria profesional de Whedon nos previno de Mucho ruido y pocas nueces (2012), la adaptación de espíritu independiente que filmó a partir de la comedia Much Ado About Nothing, de William Shakespeare. Nadie vio venir esa bocanada de aire fresco, veloz y feliz.

El argumento. Leonato, gobernador de Mesina, recibe la visita de su amigo don Pedro, quien regresa de una campaña bélica victoriosa acompañado por dos de sus oficiales: Benedicto y Claudio. Mientras Claudio se enamora de Hero, la hija de Leonato, Benedicto se enzarza en disputas verbales con Beatriz, la sobrina del gobernador.

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El incipiente amor que surge entre unos parece opuesto a la batalla campal que libran los otros, aunque ya se sabe: en esos sinuosos bailes de máscaras que son las comedias de Shakespeare, nada es lo que parece.

El argumento de Mucho ruido y pocas nueces anticipa en varios siglos a la llamada screwball comedy (comedia disparatada) del cine estadounidense de los años 30 y 40, que se caracteriza por la presencia de diálogos rápidos, situaciones ridículas que involucran el noviazgo y el matrimonio, y ante todo por la presencia de un personaje femenino de carácter fuerte y en constante oposición al protagonista masculino del relato.

Esos mecanismos y estrategias narrativas están muy presentes en películas como Ocurrió una noche (Frank Capra , 1934), Vivir para gozar (George Cukor, 1938), Las tres noches de Eva (Preston Sturges, 1941) y Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942), un filme que reconocía abiertamente el remoto origen shakesperiano de la screwball comedy al tiempo que rendía un divertido homenaje al dramaturgo inglés.

Joss Whedon parece haber tomado al vuelo las enseñanzas y añoranzas del género y ha filmado una versión de Mucho ruido y pocas nueces tan respetuosa del texto original como independiente en sus decisiones estéticas y en sus condiciones de producción; tan apegada a la letra escrita y a sus motivaciones como liberada de una épica que pesaba excesivamente, por ejemplo, en la versión cinematográfica que filmó Kenneth Branagh a inicios de los años 90.

Ese respeto por el espíritu original del texto en la versión de Whedon se traduce además en un relato ágil, atento permanentemente a las inflexiones dramáticas y a la reacción inmediata de un espectador que debe correr todo el tiempo tras unos personajes y unas acciones que surgen, se desplazan y huyen en desbandada delante de él.

En este caso, el título de Mucho ruido y pocas nueces incluso parece un comentario irónico sobre una larga tradición de adaptaciones concentradas en la reconstrucción histórica, pero alejadas, por efecto de una excesiva parafernalia visual o de un respeto desmedido a la figura del autor, de las simples y esenciales motivaciones de los textos shakesperianos: enseñar y deleitar.

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Los entretelones. En el año 2000, Joss Whedon produce simultáneamente dos series televisivas. Al final de la jornada, como antídoto contra el exceso de trabajo, se inventa un trabajo nocturno, ad honorem e indocumentado: invita a su casa al elenco de ambas series y organiza lecturas de las obras de Shakespeare que se extienden hasta la madrugada.

Esas jornadas de excepción le ayudaron a Whedon a identificar una serie de habilidades en sus actores y a encontrar nuevas rutas creativas. Por ejemplo, después de ensayar con la actriz Amy Acker el oscuro papel de la señora Capuleto en Romeo y Julieta, decidió acabar con el personaje que ella interpretaba en la serie de televisión Angel para convertirla en un demonio despiadado.

Una década después, Amy Acker es elegida por Whedon para interpretar el papel de Beatriz en Mucho ruido y pocas nueces . La necesidad de volver a aquellas sesiones nocturnas y la certeza de que el divertimento shakesperiano de entonces está listo para convertirse en un largometraje, aterrizan de golpe en el set de Los vengadores pocos días antes de la culminación de un extenuante rodaje de nueve meses.

Sin pensarlo demasiado, Whedon utiliza el breve tiempo de descanso durante el proceso de producción de una película para hacer otra radicalmente distinta. El plan consiste en saltar sin red de Goliath a David; de 9 meses a 12 días de rodaje; de la gigantesca maquinaria Marvel a un Shakespeare casero y filmado entre amigos, en la casa californiana que una década atrás había abrigado aquellas queridas jornadas nocturnas. El plan consiste en comprobar que, aún en medio de la noche, todos los caminos conducen a Shakespeare.

Decíamos que las principales motivaciones que impulsaron la escritura de los textos shakesperianos eran enseñar y deleitar. El deleite se ha traducido sin mayores interferencias a la versión de Mucho ruido y pocas nueces filmada por Whedon. Eso y sus equivalencias se respiran en cada plano de la película. Sin embargo, ¿qué nos enseña esta versión cinematográfica, cuatro siglos después de su escritura teatral?

El teórico Harold Bloom afirma que Mucho ruido y pocas nueces “es la obra nihilista más amable que se haya escrito nunca”; que el enfrentamiento permanente entre Beatriz y Benedicto no es una defensa contra sus personalidades, sino contra la falta de sentido. “Hacen mucho lío en torno a nada porque saben que nada saldrá de nada, así que siguen hablando”, concluye Bloom en un célebre libro titulado Shakespeare: la invención de lo humano.

La versión de Mucho ruido y pocas nueces de Whedon nos enseña que de la nada y de lo poco pueden surgir la alegría, la camaradería, el placer y la vitalidad; y que, además, de allí surge también, de vez en cuando, un cine personal y entrañable. Ese regalo final, esa especie de mensaje sutil que los conocedores llaman “la revelación moral del texto”, es mucho más que lo que un cinéfilo contemporáneo recibe habitualmente de una película. Es mucho más y se ha conseguido con apenas algunas noches en vela, mucho de Shakespeare y un poco de nada.

...

Ficha técnica. Título original: Much Ado About Nothing.

Año: 2012.

Duración: 108 min.

País: Estados Unidos.

Dirección: Joss Whedon.

Guion: Joss Whedon a partir de la obra homónima de William Shakespeare

Producción: Kai Cole y Joss Whedon Música: Joss Whedon.

Fotografía: Jay Hunter (B&N).

Montaje: Daniel S. Kaminsky y Joss Whedon.

Vestuario: Shawna Trpcic.

Reparto: Amy Acker, Alexis Denisof, Nathan Fillion, Clark Gregg, Reed Diamond, Fran Kranz, Jillian Morgese, Sean Maher, Spencer Treat Clark, Riki Lindhome, Ashley Johnson, Emma Bates, Tom Lenk, Brian McElhaney, Joshua Zar, Paul M. Meston, Romy Rosemont.

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