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Un hombre común

Actualizado el 14 de enero de 2014 a las 12:00 am

Balada del cine Gran cine de los Coen

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He aquí la historia de un artista que no renuncia a serlo: es su don, su voluntad, su vocación, su afán y su destino. Sucede en 1961, en medio de un invierno severo entre Nueva York y Chicago. Es la historia de los dilemas y el arte del cantante folk llamado Llewyn Davis.

Eso ocurre en 1961. Ahora, esa historia es narrada en cine con el filme titulado Balada de un hombre común (2013), dirigida por dos virtuosos del sétimo arte: los hermanos Coen (Joel y Ethan, también guionistas).

Dichos hermanos son autores de un promedio de 15 películas, todas de importante calidad académica y artística. Esta vez, se lucen con este filme muy por encima del cine común, película inteligente para un público inteligente, o sea, película de buen arte para los amantes del arte.

Latino. El actor Óscar Isaac es de origen guatemalteco y le da fuerza dramática al personaje.  Videomark para LN.
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Latino. El actor Óscar Isaac es de origen guatemalteco y le da fuerza dramática al personaje. Videomark para LN.

Con la trama y su magnífica ambientación, tenemos una imagen nostálgica no solo de un cantante, sino también de un signo melódico, el folk, y de los clubes nocturnos con aires densos por el humo de los cigarrillos y por las pasiones que ahí se jugaban. Así, Balada de un hombre común es película que habla con sinceridad y se sustenta con distintas emociones.

Lo hermanos Coen narran con inteligencia: saben muy bien cómo plantear y estructurar un relato, pero igual lo hacen con franqueza o naturalidad (se podría decir que hasta con familiaridad). No se trata solo de un momento en la vida de un artista, sino también de una vida en proceso ante una realidad que, casi siempre, golpea al cantante.

El artista deambula como bohemio, vagabundo o sujeto al abandono de su propio arte.

Creador de sus actos, Llewyn Davis es igualmente víctima de ellos. Es lo que mejor nos muestra el filme, especie de retrato en movimiento pausado, introspectivo y, si se quiere, distópico (sin utopía).

Los hermanos Coen cuentan con la ayuda profesional de una eximia fotografía, firmada por Bruno Delbonnel. Igual, con canciones sobre cuyas melodías el argumento del filme se convierte en pentagrama y, cómo no, con actuaciones capaces de seducir al asistente en general.

Entre el canto y la tristeza subterránea, el actor Óscar Isaac, nacido en Guatemala, nos da un trabajo vibrante como Llewyn Davis: dramático y lírico a la vez. Junto con él, se lucen la actriz Carey Mulligan (intensa) y el gran John Goodman (portentoso).

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No es solo el laberinto del dolor humano el que se expresa en Balada de un hombre común . Los Coen muestran de nuevo su agudo y puntilloso humor seco, que juega de manera notable con la burla y la paradoja. Entre ambos (dolor e ironía), los géneros del cine se mezclan fácilmente.

Así, se pasa del musical al drama, del drama a la comedia (con la venturosa subtrama del cuido de un gato que puede ser gata), de la comedia a los estilos visuales del llamado cine negro ( film-noir ) y de aquí a ser una película de carretera ( road-movie ; es genial el viaje a Chicago).

Ethan y Joel Coen han sido llamados por la crítica con el apodo de “director bicéfalo”, pero sus inteligencias suman más que dos cabezas: con cada filme, sus nombres son razones sólidas para la historia de grandes directores del sétimo arte. Por tanto, no ir a ver esta película a una sala de cine es algo imperdonable.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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