Entretenimiento

Crítica de cine

Una gran mamá

Actualizado el 30 de abril de 2014 a las 12:00 am

Vida de oseznos De la nieve al salmón

Entretenimiento

Una gran mamá

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Los documentales sobre la Naturaleza y sobre la vida de distintas especies zoológicas son bien recibidos en la televisión y no tanto en el cine, posiblemente porque en la pantalla grande no todos rompen con el tradicional formato de la televisión. Esto sucede ahora con Osos (2014), bajo el sello de Disney Nature.

Esta sección de la escudería Disney intenta relanzarse al éxito con filmes sobre la vida animal que, muy a lo “disneyano”, tocan fibras sentimentales de sus personajes y, por esa ruta, de los espectadores. Hay un evidente y hasta descarado juego para manipular emociones. Osos no es la excepción.

En ello, el director Alastair Fothergill sabe muy bien mover los hilos, agudo titiritero. Esta vez se hace acompañar en la dirección por Keith Scholey, necesario para el arduo trabajo de cámaras que siempre implica este tipo de cine. De esa manera, Osos viene a ser un producto más, si se quiere poco novedoso, dentro de lo que Disney Nature nos ha venido dando en esta nueva época suya.

Alastair Fothergill nos deslumbró con la producción inglesa La Tierra (2007), que fue lo que activó el renacer de los documentales Disney sobre la Naturaleza, luego con felinos, con chimpancés y ahora con osos. Más exactamente: con una osa madre y sus dos críos, quienes salen de su hibernación, en las altas montañas nevadas, hacia las aguas de las llanuras en busca de comida: ¡salmones!

Sucede en Alaska y la fotografía es pródiga en cuando al paisajismo se refiere, sobre todo al principio y al final de la película. Lo que sucede es que la historia es bastante débil, poco sustanciosa e –incluso– poco documentada. Así, se repite a cada momento en sus hechos y condiciones visuales. El documental es reiterativo en sí mismo, pierde creatividad narrativa y novedad visual (fotográfica).

Ese es un camino fácil para aburrir, aún a los niños (nos consta: lo vimos en la sala de cine) y para desgastarse sobre lo mismo sin que haya progresión alguna en el relato ni con los personajes, mientras una cansina voz en off (fuera de cámaras) intenta ponerle ánimo a lo que vemos.

Disney Nature debe meterle más creatividad, más tensión y menos cursilería a sus historias para, así, superar, óigase, a la televisión, ya sea esta con los programas de National Geographic, Discovery Channel o los de Toyota (estos son muy buenos y los transmite canal 13 en Costa Rica).

Sobre el vigor, el atrevimiento y la sensación de grandeza con este tipo de cine, los estudios Disney aún están distantes del gran documental que hicieron en 1953: El desierto viviente . ¡Estupendo! A manera de glosa, pienso que el mejor documental en esta onda lo sigue siendo La crónica de Hellström (1971), con su inteligente uso de clips de terror.

En fin, aún con sus méritos visuales y el buen uso de la música, Osos es filme que nos queda debiendo mucho, que peca por trivial y por falta de imaginación (sí, increíble, ¡falta de imaginación!). Resulta disperso en su narrativa y con humor forzado. Por dicha, el paisaje es absorbente y los oseznos seductores: esto salva la tanda.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Una gran mamá

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

Ver comentarios
Regresar a la nota