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Crítica de cine

Un lugar secreto

Actualizado el 12 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Filme ocioso Solo mete la pata

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Sin brillo. Dos bellezas más que histriones encarnan personajes en filme de emotividades amorosas, son Julianne Hough y Josh Duhamel.  Cortesía de Romaly
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Sin brillo. Dos bellezas más que histriones encarnan personajes en filme de emotividades amorosas, son Julianne Hough y Josh Duhamel. Cortesía de Romaly

Diría que, de manera permanente, el nombre del director sueco Lasse Hallström (nacido en 1946) me llamó la atención. Así, desde que vi dos valiosos melodramas suyos, Mi vida como un perro (1985), filme sueco, y ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993, EE. UU.), el segundo con la mejor actuación que le haya visto a Leonardo DiCaprio, con Johnny Depp y Juliette Lewis.

Ninguna de esas dos películas llegó al país. Cuando vi melodramas de Hallström, como Las reglas de la vida (1999), Chocolate (2000) y Atando cabos (2001) me entusiasmé más por el manejo que –de lo emotivo– hace o hacía dicho director.

Sin embargo, últimamente, han llegado al país tres películas suyas que parecen marcar una decadencia temprana de este realizador dentro de su amplia filmografía.

En concreto, hablo de La pesca de salmón en Yemen (2011), El hipnotista (2012, filme sueco malogrado) y ahora Un lugar secreto (2013).

Un lugar secreto es película que debió quedarse exactamente ahí, en algún sitio remoto y muy escondido, donde nadie la sacara para exhibirla en cines ni en videos.

Sí, para que nadie pierda el tiempo con este folletín que lo pone a uno al borde de un coma diabético. Su trama es tanto como tragarse un saco de azúcar sin respirar siquiera.

Alguien escribió que esta película sirve tan solo para encandilar al público que gusta de suspirar por cualquier cosa. Ni de eso estoy tan seguro.

La historia de la mujer agredida que, sin embargo, más parece el ángel de la Anunciación, quien huye y encuentra en un tipo muy guapo y viudo, ¡por supuesto!, su consuelo, es una historia por sí cursi que, en esta película, deviene en asunto ridículo y afectado.

Todo el filme parece un ternero chupado por la vaca madre, así de relamido, mientras la cámara se solaza en mostrarnos las bondades físicas de su actriz, Julianne Hough, y de su actor, Josh Duhamel, con criterio de melodrama falsamente afligido. Ni siquiera hay malicia erótica, ¡qué pereza!

Dicen que no hay Luna llena sin cuarto menguante. Tampoco puede haber una buena película si esta no es coherente en sí misma. El filme está lleno no solo de tonterías, sino también de incoherencias que se detiene el Sol a verlas (no las cuento para no aguarle la fiesta a alguien que aún tenga el atrevimiento de ir a ver este filme).

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También dicen que el mejor aderezo es la carne sobre el hueso, pero lo cierto es que Un lugar secreto es filme esquelético, de ese hueso que no alcanza ni para darle sabor a un poco de agua con sal.

Como melodrama, la emotividad es una estaca en el vientre; afín, tiene algo de policial, pero no le alcanza ni para la suspicacia: ¿para qué caballo sin aperos?

Lasse Hallström tiene algunos logros con el manejo de la cámara, es la huella de su ojo, sin que estemos hablando de creatividad alguna: su paisajismo es tan solamente la alfombra debajo de la cual se esconde la basura. Con personajes diseñados con fórceps, las actuaciones resultan peor que malas.

Cualquier película mala, sola se desploma. Hay muchos momentos en que este filme, ¡pobre de él!, cae en lo ridículo. El director es responsable, pero aquí nadie hace nada para salir a flote. Entonces, ¿quién peca más?, ¿el que mata la vaca o quien le sostiene la pata?

Lamento si esta crítica llega tarde para quienes ya vieron la película. Para quienes no la han visto, no digan que no lo advertí. Tan claro lo he escrito que ni recado les dejo.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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