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La piedra paciente

Actualizado el 09 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Con piel de mujer Burkas de ayer y hoy

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La piedra paciente

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Es difícil estar de acuerdo con el criterio de Alissa Simon, quien comenta cine para la conocida revista Variety . Dice ella que la película afgana La piedra paciente (2012), dirigida por Atiq Rahimi, es versión moderna de las fábulas de Sherezade, mujer que durante mil y una noches relató cuentos para educar a un sultán.

En el filme La piedra paciente lo que tenemos, como eje narrativo, es más bien una mujer que, ante el cuerpo inválido de su esposo, por culpa de una bala en el cuello, desgarra ella su propia vida. No se trata de cuentos enlazados, no, es la esencia de ella, ella sin nombre, en una sociedad cruel con la condición femenina.

En dicha sociedad, la propia lectura del Corán refuerza la terrible discriminación que sufre e interioriza la mujer. Nacer como tal es anatema ante los ojos de los demás. Lo peor, en muchos casos, ante la propia mujer. Es una tragedia.

Voz de mujer, voz humana.  Con estilo arriesgado, que acerca y rompe con lo teatral, se ofrece la película   La  piedra paciente , de grandes actuaciones, con Golshifteh Farahani y Hamid Djavadan.  Cortesía de Romaly
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Voz de mujer, voz humana. Con estilo arriesgado, que acerca y rompe con lo teatral, se ofrece la película La piedra paciente , de grandes actuaciones, con Golshifteh Farahani y Hamid Djavadan. Cortesía de Romaly

Desde la interioridad del drama interior, de ello es lo que habla la película La piedra paciente . Lo hace con rigor dramático. Lo hace con honradez conceptual. Lo hace con valentía. Lo hace con arte del monólogo, desde muy adentro de la piel, para saltar en palabras que son emociones en boca del personaje femenino.

Para enriquecer conceptos, el propio guion rompe con su tesitura y sigue a la mujer hacia otros espacios, especie de fuga. Sin embargo, ella no puede huir porque ha de volver, como maldición, a su esposo en estado vegetal, al que no puede abandonar: el hombre que, aún así, la atenaza.

Las emociones de la mujer son confesiones, pero también son agudas recriminaciones y hasta acusaciones: son el ropaje del ahogo femenino. El esposo en coma es lo que se llama la piedra de la paciencia, donde ella expone su discurso sufrido, por momentos lírico, pero siempre trágico.

El guion es penetrante, donde no solo está la escritura del propio director Atiq Rahimi, sino también la de ese genial guionista, que es Jean-Claude Carrière. Desde el guion se potencia lo brutal de la historia y también lo más humano de la misma.

Con inolvidable actuación de la actriz Golshifteh Farahani, el drama deviene aliciente para que la mujer se libere de ataduras que, de paso, permitirían liberar al hombre. En boca de la propia actriz, es la posibilidad de usar la tristeza para crear una máquina con grandes alas para volar.

Donde el filme resiente calidad es con su expresión visual, no siempre tan contundente como las situaciones narradas. Hay una especie de timidez ocasional por mostrar la dureza de los hechos o para mostrarse desde ahí. Esto hacer perder al filme el dinamismo dramático propio de cualquier buen soliloquio.

En todo caso, hay que agradecer que alguien se arriesgue a traer al país cine igualmente arriesgado, cine artístico con su calidad fílmica, polémico con su texto y una noble cachetada al ser humano en aquello que nos deforma.

Tras la burka de una mujer no se esconde un rostro. Se esconde una sociedad hipócrita que hace de la discriminación un asunto de dominación masculina. Hay muchas burkas en la sociedad contemporánea. Ojalá esta película sea vista por mujeres y hombres, jóvenes y adultos, para que sea recomendada con merecimiento.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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