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Crítica de cine: Insidious

Actualizado el 07 de junio de 2015 a las 12:00 am

Entre más filmes de una misma saga, más se pierde el arte de narrar y todo empeora

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Lo peor que puede sucederle a una película de terror es ser tan mala, tan mala, que, por efecto contrario, uno la sienta cómica. Algo así o peor sucede con el filme La noche del demonio 3 , dirigida por Leigh Whannell, especie de “precuela” de la saga titulada Insidious .

Es “precuela” porque la trama de este filme se coloca antes de lo que sufre la familia Lambert en dicha saga (dos filmes: 2011 y 2013), como se advierte al comenzar la película. También permite un final predecible con la presencia del demonio rojo que los fans de esta serie han de recordar.

De paso, vemos a Frank, el médium o psíquico del filme del 2013, quien da consejos a su colega, la conocida Elise Rainier, ella con el mismo don psíquico. Elise retará a demonios de la zona más oscura de la otra vida.

En La noche del demonio 3 , la historia comienza cuando Elise es visitada por una noble jovencita, de rostro virginal, quien cree ser buscada por su madre recién muerta a causa de un cáncer. La adolescente del caso se llama Quinn. En este momento, Elise le advierte a Quinn que no llame a los muertos, porque –al hacerlo– puede aparecer el menos nombrado: cualquiera de ellos.

Con todo, contra su propio criterio, Elise ayuda a la jovencita quien será, en adelante, perseguida y acosada de manera brutal por un psicópata de la zona más oscura del más allá. Solo Elise puede ponerle punto final al asunto.

Entonces veremos cosas más graciosas que terroríficas. Por ejemplo, esas imágenes que llegan de sopetón, sorpresivas, acompañadas de un fuerte golpe sonoro, diseñadas para pegarle sustos al público y se ría después. Está el chirrido de violines. Las tomas en picada de escaleras hacia sótanos. Las secuencias con solo la luz de un foco y la presencia de lo nunca explicado.

Es la misma receta, la que el director de La noche del demonio 3 , Leigh Whannell, ha aprendido a manejar, esto porque él trabaja con ese joven director llamado James Wan, malayo, quien ha venido a desgastar y empeorar el ya alicaído cine de terror industrial, desde que Wan “la pegó” comercialmente con la saga de Saw.

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Cuando el filme pierde credibilidad con su terror y el guion no sabe qué hacer, le da presencia a la comedia y ¡vaya desastre! Entonces aparecen los cazafantasmas del caso y, lo peor, vemos a la médium Elise Rainier dándose de mecos y con mañas de karateca contra espíritus polvorientos de lo más negro del Universo.

Encarnada por la actriz veterana Lin Shaye, la señora psíquica, adulta mayor, semeja más bien una acartonada burla de la actriz Anna Kendrick en la versión femenina de Indiana Jones, de la NBC, o de Angelina Jolie como Lara Croft o de Sigourney Weaver como Ellen Ripley. Son los peores momentos de La noche del demonio 3 , con el viaje de Elise entre muertos vivientes.

Irregular con su ritmo por su mal montaje de secuencias, esta “precuela” arrastra los pies tanto como sus difuntos personajes y uno ni sabe qué es más fuerte, si el suplicio de los personajes (las actuaciones son pésimas) o el del espectador. Filme tan muerto como sus muertos, no vale la pena ser visto ni en DVD.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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