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Crítica de cine

¡Es el Maestro!

Actualizado el 25 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Poder religioso Con fuerza dramática

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                         Las actuaciones de Joaquin Phoenix (foto), Philip Seymour Hofman y Amy Adams son simplemente extraordinarias en una película que indaga en la hondura de las contradicciones humanas.  RomaLy para La NaciónComplejidad.
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Las actuaciones de Joaquin Phoenix (foto), Philip Seymour Hofman y Amy Adams son simplemente extraordinarias en una película que indaga en la hondura de las contradicciones humanas. RomaLy para La NaciónComplejidad.

Aunque se anuncia como una película sobre el origen de la cienciología, no es así; ni siquiera se menciona dicho sustantivo, por más ejercicios dianéticos mostrados durante el desarrollo del filme titulado The Master (2012), dirigido con vehemencia dramática por el joven director Paul Thomas Anderson.

La cinta conserva su título original en inglés, preferible a esos títulos arbitrarios en español. Lo que debo manifestar de inmediato es el pésimo subtitulado con que se nos ofrece, con frases incompletas y palabras del todo cortadas. Es una falta de respeto para el espectador.

The Master es un tratado sin concesiones y hundido en las llagas vaporosas de la conducta humana, donde un sujeto intenta que un “paciente” y amigo evoque su pasado una y otra vez con todos sus incidentes, que los relate cada vez con más detalle para alcanzar la sanación del sujeto en terapia.

Ese proceso es mezcla de pseudociencia con pseudorreligión y con pseudomagia, todo ello convertido en especie de ideología para obtener el dominio sobre las personas sujetas a dicho sumario, con la ayuda de las palabras altisonantes e incoherentes del maestro, gurú, chamán o sacerdote –lo que quieran– del caso.

Las personas no saben el porqué de las cosas, manera de perder su propia sombra, para ser seguidoras de un movimiento cuasirreligioso por su estructura de dominación. La anécdota que da lugar al contenido real de la película es, si se quiere, simple. La procesión va por dentro: por la interioridad compleja y dialéctica de los personajes. El filme narra sin emoliente alguno.

The Master relata la historia de Freddie Quell (Joaquin Phoenix), joven alcohólico, cargado de traumas, con obsesiones sexuales intensas y con reacciones harto violentas cuando se siente amenazado en su territorialidad. Para provocar el dilema, Freddie conoce a Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), habilidoso manipulador de la dianética y de las debilidades o ingenuidades de los demás.

Dodd ha creado algo que llama La Causa. Tal y como se expresa en la película, lo mostrado es metáfora de las religiones o sectas modernas. Se denuncia la visión totalizante de algunas creencias sobre la vida, o sea, cuando la práctica religiosa se convierte en un fin en sí mismo y tanto las decisiones personales como las sociales son producto de una alienación de la conciencia.

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Ese es el mérito conceptual de The Master . La puesta visual le corresponde con fuerza dramática, gracias –sobre todo– a las extraordinarias actuaciones de su elenco: Phoenix, Hoffman y Amy Adams, como la esposa de Mr. Dodd. Esa densidad dramática de la película no se agota en ningún momento.

Aun así, por secuencias, el guion se pierde con algunas lagunas narrativas: ¿qué fue lo que sucedió?, ¿para dónde va esto?, ¿cuánto tiempo ha pasado?, así por el estilo. Es como si hubiese un descuidado manejo en el cálculo de los tiempos, en el encendido de las distintas situaciones y hasta en el compás de las imágenes.

En todo caso, The Master demuestra el buen arte de su director Paul Thomas Anderson, tal y como ya había sucedido con otros títulos suyos anteriores, como Boogie Nights (1997), Magnolia (1999) y Petróleo sangriento (2007). Este no es cine palomitero, para nada. Es cine inteligente para personas de semejante condición.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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