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Actualizado el 16 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Paranoia Traición sin límite

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Es poco lo que uno puede esperar del director australiano Robert Luketic, quien se caracteriza por su cine blando, tal y como se confirma con el estreno en Costa Rica de su más reciente película titulada Paranoia: Traición al límite (2013).

El filme intenta acercarse a las groseras contradicciones entre empresas competidoras de una misma línea. Se trata del avance tecnológico, planteado como la lucha comercial entre compañías que, en apariencia, pueden conformar una cámara empresarial, pero no es del todo así.

En efecto, a lo interno de una supuesta camaradería empresarial subyace la más aguda lucha por dominar el mercado y enriquecerse a como sea. Es la expresión de las riñas ocultas del llamado capitalismo salvaje.

En medio de esa guerra comercial, en Paranoia: Traición al límite , según se narra, queda la historia de un joven dominado por el afán de enriquecerse según los modelos que ve a su alrededor: la vida suntuosa de los millonarios. Para ello, los escrúpulos y la ética deben quedar en el basurero.

Empresarios en guerra.  Harrison Ford y Gary Oldman, dos grandes actores desperdiciados del todo en película con buen tema, pero muy mal dirigido, dicho sea sin paranoia alguna.   CORTESÍA DE ROMALY
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Empresarios en guerra. Harrison Ford y Gary Oldman, dos grandes actores desperdiciados del todo en película con buen tema, pero muy mal dirigido, dicho sea sin paranoia alguna. CORTESÍA DE ROMALY

El joven se presta para penetrar una firma empresarial, robarle secretos y dárselos a la empresa competidora, con el criterio de que por sí “todos le robamos a todos”. Con tal adeudo, el joven no solo descubre la crueldad del mercado, sino que es también víctima de lo que él mismo hace.

Agreguen que, de paso, se enamora de una joven ejecutiva y se le complican las cosas. Varios son los elementos que hacen de su vida un infierno. Por ahí va la procesión. El problema es lo dicho al principio: la blandura del director Luketic para el tratamiento de sus películas.

Para copiar una frase del periodista Víctor Fernández, Paranoia es de esos filmes que se muestran “con la profundidad de una piscina inflable para bebés”.

Esta película comienza a desgranarse muy pronto. Quedan por ahí algunos parlamentos que buscan darle sentido conceptual a la narración. Al principio, una voz fuera de cámaras dice: “Nos han robado el futuro; dispuestos a mentir, roban para mantener sus riquezas”; es obvio de quién se habla.

La frase más cercana a la trama es la que dice uno de los personajes: “No existe bien ni mal, solo existe ganar o perder”. Las redes sociales son cuestionadas en el filme porque “nos conectan, mientras nos mantenemos aislados”. En tanto, la película escalona su historia sin pies ni cabeza.

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La acción va como a empujones y si no se muere antes es porque no tiene fuerzas ni para el último suspiro. Poco a poco, aquello es un arroz con mango entre la denuncia social y el melodrama, agravado este con un romance que, de la mano a la boca, pierde la sopa.

También busca ser filme policial y solo empeora el entramado. Ni qué decir de los pésimos momentos eróticos o del suspenso pulpero. Se dice que cuando algo está de malas, hasta los perros lo mean: esta cinta agoniza con las peores actuaciones de histriones de la talla de Gary Oldman,  Harrison Ford y Richard Dreyfuss.

De la pareja principal, Liam Hemsworth y Amber Heard, mejor ni hablemos, que da más caldo una semilla de zapote que estos jóvenes con sus actuaciones; con ellos, no se sabe cuándo acaba el suplicio de los personajes y comienza el de uno como espectador.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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