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Crítica de cine: 'El valle de los carneros'

Actualizado el 14 de agosto de 2016 a las 08:55 am

La relación entre ser humano y Naturaleza es yunque donde se forja el carácter de un valioso filme

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Carneros . Cuando la Naturaleza aprieta, humanos y animales peligran igual con sus vidas. ROMALY PRA LN

La llegada de un filme islandés a un par de salas del país es motivo de alegría cinéfila, y mejor si esta película tiene esa alta calidad de que hace gala. Se titula El valle de los carneros (2015), filme dirigido con adhesión emotiva por Grímur Hákonarson, también guionista.

Esta película se anuncia con un título menos atractivo de un solo vocablo: Carneros , a la larga para corresponderles al nombre original islandés, Hrútar , y a su traducción en inglés: Rams . Palabras más, vocablos menos, lo importante es que estamos ante un filme de calidad sorprendente.

Con una fotografía espléndida a su favor, el director Grímur Hákonarson ofrece una relación directa entre el paisaje de un frío poblado islandés y la personalidad de sus habitantes, imbricación notable, incluso dialéctica, donde el páramo o la campiña con sus lluvias de nieve da lugar a la fuerza humana que allí habita.

Pronto, el filme se adentra en el estudio de personajes a partir del dramático diseño de ellos: son seres humanos tan iguales a otros buenos seres humanos que aún subsisten en el planeta, pero enfrentados a condiciones desiguales de la Naturaleza, las que forjan y templan el carácter humano.

Es cuando el elenco destaca con rigor dramático y se encarna en sus personajes como solo es posible en la mejor tradición dramática del cine. Destacan los actores Siguröur Sigurjónsson y Theodór Júlíusson, quienes tienen catorce años de no dirigirse la palabra y recurren a métodos más bien cómicos para comunicarse.

Ellos viven uno junto al otro, en dos propiedades que fueron una sola. Alguna razón ha de haber para dicho enojo entre hermanos: el filme lo explicita. En todo momento, las actuaciones de Siguröur Sigurjónsson y Theodór Júlíusson son superlativas, eximias, soberbias y de cualquier valoración semejante.

El valle de los carneros muestra similitudes entre la vida humana con la de ovejas y carneros, como si fuesen metáfora una de la otra, así hasta que un día las autoridades del gobierno llegan con sus heraldos y son malas noticias: una incurable peste se ha apoderado del ganado ovejero. Solo hay una salida: matar a machos y hembras con sus críos.

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Esto es tragedia en el ánimo de los pobladores, no hay salida, es determinismo cruel, y las respuestas de cada quien serán diferentes. Esto agudiza el conflicto de los hermanos a un punto sin aparente redención, pero hay un as bajo la manga de uno de ellos para proteger a algunos de sus animales.

En ello se juegan la dignidad como trabajadores ovejeros, con la dignidad del propio carnero. El filme tiene un ritmo reposado en apariencia, porque su intensidad le bulle adentro del ánimo de los personajes. La mano del director Grímur Hákonarson deja fluir los acontecimientos que crecerán como cabeza de agua.

Es cuando Carneros se torna filme más emocional y llega a un punto irreversible, cuyo final revierte conceptos anteriores: es canto al amor humano, mientras su espléndida música ha preparado el terreno para ese silencio frío y humanista con que se cierra esta excelente película. No se la pierdan.

Título original: Hrútar (Rams)Islandia, 2015

Género: Drama

Dirección: Grímur Hákonarson

Elenco: Siguröur Sigurjónsson y Theodór Júlíusson

Duración: 93 minutos

Cines: Magaly, Nova CinemasCalificación:

CINCO ESTRELLAS ( * * * * * ) de cinco posibles

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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