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Crítica de cine: 'El sobreviviente'

Actualizado el 18 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Una guerra con un héroe de vuelta del infierno

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Crítica de cine: 'El sobreviviente'

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Como en el mundo existen fuerzas militares capaces de decidir quién debe vivir y quién no, en una sociedad que debiera ser de paz, pero que es de guerras, ahora tenemos un filme bélico basado en hechos reales con el título de El sobreviviente (2013), dirigido con eficacia visual por Peter Berg.

Dicha película intenta ser lo que se llama un drama bélico, especie de estudio sobre la condición humana en una guerra, o sea, en una situación límite. Sin embargo, en manos del director Berg resulta lo que él mejor hace: cine de acción, de mucha faena, donde lo bélico es solo el paradigma de dicha acción.

Dije que el filme se basa en hechos reales. Lo único es que están visualizados de tal manera que más parece un capítulo de Misión imposible en un campo de batalla, con cuatro soldados de Estados Unidos, diseñados como superhéroes, contra un montón de talibanes en Afganistán, estos tan torpes como crueles.

Por un momento, pensé que esos cuatro jóvenes soldados estadounidenses bebían de la poción mágica que el druida Panorámix le da a Astérix en su lucha gala contra los romanos de Julio César, según la famosa historieta en la que Obélix no necesita de esa poción porque se cayó en ella cuando niño.

Un grupo de soldados se ve metido en la más ilógica batalla y la película se desata en acción, pero no en análisis de lo que narra, según la crítica.Foto:  Cortesía de Romaly
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Un grupo de soldados se ve metido en la más ilógica batalla y la película se desata en acción, pero no en análisis de lo que narra, según la crítica.Foto: Cortesía de Romaly

Con eso, lo que afirmo es que la narración se ve tan cacareada, tanto, que uno duda de la verosimilitud de los acontecimientos, de si nos estarán dando gato por liebre. Lo otro es que, al ser el filme un relato dado a conocer por el único sobreviviente de los cuatro soldados, podría ser que este haya exagerado a más no poder, por lo que a la película le crece una nariz de Pinocho conforme avanza.

Esto no lo veía desde aquella película sobre la vida del soldado estadounidense más condecorado de la Segunda Guerra Mundial, Audie Murphy, con él mismo como actor: Regreso del infierno (1955), tan exagerada que no es creíble, aunque sea cierto lo narrado.

Por aparte, con El sobreviviente , tenemos un culto enfermizo a la guerra, deslizado aún entre sus situaciones más duras. Esto le da un espurio tono épico a lo narrado: la guerra nos da héroes cuya base se sustenta en matar y matar a más y más humanos. Solo falta portar un ábaco para llevar registro.

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En el ejercicio visual de Peter Berg, como director, ese gusto por la violencia encuentra el más engañoso vehículo. Así, el filme es cuestionable no solo por lo ideológico (en cuanto que afecta lo narrativo), sino también por razones éticas que, aunque no lo crean, también afectan lo narrativo.

Por eso, El sobreviviente no pasa de ser eficaz exposición visual de batallas militares, aunque la exageración del argumento permea otros aspectos, por ejemplo: el prolijo subrayado fotográfico de heridas físicas, el agudo tono de la música (eso sí, perfecta mezcla de sonidos), demasiados primeros planos, ritmo desmesurado y actuaciones hiperbolizadas.

Al final, con los títulos, quienes aún estén en la sala, podrán conocer a los soldados reales que vivieron esa infernal batalla, la que les fue totalmente inesperada cuando su misión era tan solo ir a matar a un líder talibán. Tramposa la vida. No menos esta película.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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