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Crítica de cine: Son los salvajes

Actualizado el 04 de octubre de 2012 a las 12:00 am

La droga envenena. Le falta coraje a Stone

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Crítica de cine: Son los salvajes

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                         El igualmente drogado mundo del tráfico de drogas es el nuevo tema al que recurre el afamado Oliver Stone para darnos sus conceptos. ROMALY PARA LA NACIÓN.Salvajismo.
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El igualmente drogado mundo del tráfico de drogas es el nuevo tema al que recurre el afamado Oliver Stone para darnos sus conceptos. ROMALY PARA LA NACIÓN.Salvajismo.

El realizador Oliver Stone es uno de los directores más polémicos de la cinematografía estadounidense. No lo es solo por el carácter marginal de sus temas, sino también por su pensamiento político. Comenzó como guionista en una extraordinaria y angustiante película: Expreso de medianoche (1978), dirigida por Alan Parker.

La primera película de Stone es de 1974, titulada Seizure , y la más reciente es esta que hoy me deja perplejo: Salvajes (2012), especie de enfoque adrede desenfocado (en términos narrativos) sobre el tráfico de drogas, donde se hilan México, Estados Unidos y Afganistán (este, como consecuencia de la presencia militar).

Es evidente que Oliver Stone no quiere perder el tino político de hombre de izquierda reflejado en su cine: en Salvador (1985), en su trilogía sobre Vietnam (él lo confiesa: “Fui a Vietnam de derechas y volví de izquierdas”), en Wall Street (1987), en Talk Radio (1988) en JFK (1991) o en Asesinos por naturaleza (1994). Sus películas le valieron estar en la famosa lista de los cien mejores directores de cine de la historia, hecha por José María Caparrós.

Con su película actual, Salvajes , Oliver Stone no solo busca mantener su pensamiento político, sobre todo con México y Afganistán, sino que también se mantiene dentro de una puesta en imágenes creativamente alocada, que le sirve para reflejar el mundo desquiciado donde se mueven sus personajes.

Aquí falla por el evidente descuido en la dirección de actores. Es como si estos nunca hubieran entendido el nihilismo que Oliver Stone pretendía con su filme y, por eso, se desenfoca el carácter insurrecto con que dicho realizador carbura sus películas. En este caso, es un Oliver Stone que, sin dejar de ser Oliver Stone, pierde el estilo autoral del verdadero Oliver Stone.

Formalmente, la cinta mantiene audacia creativa. Está bien. Es en la coherencia interna de su relato donde se pierde la fuerza conceptual, en caída libre cuando se atreve a plantear un falso final (aún no entiendo por qué). Sin embargo, aún con sus debilidades, este filme mantiene buenas razones para seguir creyendo en su director, quien está por encima del promedio de Hollywood.

No está del todo mal la película, pero con ese material pudo ser excelente. Es un filme díscolo, pero pudo ser escandaloso. Hay denuncia política, pero pudo remover llagas. Tiene buen ritmo, pero pudo ser angustiante. Le falta coraje, pero es filme que cualquier cinéfilo debe ver.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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