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Crítica de cine: ‘47 ronin: La leyenda del samurái’

Actualizado el 16 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Tono de leyenda. De samurái a ronin

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Crítica de cine: ‘47 ronin: La leyenda del samurái’

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Tráiler del filme ‘47 ronin: La leyenda del samurái’.

He aquí una película que se mueve entre el drama, la acción y el género fantástico. Se titula 47 ronin: La leyenda del samurái (2013), primer trabajo como director de Carl Rinsch . Se basa en una vieja fábula japonesa que pone sobre el tapete un tema propio de la cultura oriental: el del honor.

Los ingredientes dramáticos y mitológicos se sugieren pronto, desde la aparición de un mestizo llamado Kai (de madre japonesa y padre británico: esto le trae deshonra a la madre). El joven mestizo se ha fugado de un misterioso bosque donde el ascetismo y la muerte se articulan entre sí.

Acción. Nueva historia de samuráis en el Japón feudal, cuando se imponen reglas duras de convivencia sobre la base del honor, con Keannu Reeves.  ROMALY/LN
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Acción. Nueva historia de samuráis en el Japón feudal, cuando se imponen reglas duras de convivencia sobre la base del honor, con Keannu Reeves. ROMALY/LN

Kai es aceptado por el generoso gobernante Asano, de las tierras de Ako; sin embargo, es rechazado por los samuráis del reino, sobre todo por Oishi, quien los dirige. Esto no impide que Kai se enamore de Mika, hija de Asano, y que se convierta en guerrero audaz con características especiales.

En un momento dado, las luchas por el poder hacen que los samuráis sean expulsados de dichas tierras y se vean obligados a vengar la muerte de su señor Asano. Así, cada uno se convierte en un ronin, esto es, en un samurái sin amo. La lucha de ellos, junto con Kai, le permite al filme abrir un mundo de fantasía que se mezcla con el poder de las espadas (acción).

No lo hace mal el novel director Carl Rinsch. Trabaja bien la estructuración del relato y la consiguiente expresión visual de acontecimientos, con la acertada atmósfera de un universo que, a la distancia y con el tiempo, nos resulta exótico y no menos romántico como tal.

Carl Rinsch fue despedido durante el proceso de montaje del filme, por haberle dado menos presencia escénica al actor Keanu Reeves de la que este exigía. Hoy, al ver la película, no está de más resaltar que ello, más bien, deviene mérito del filme, por lo que se debe aplaudir la decisión de Rinsch.

Es lo que le permite a 47 Ronin: La leyenda del samurái tener un carácter más coral en su argumento y acercarse mejor a la leyenda para, así, enriquecer la imaginación por encima de la veracidad. De esa manera, el filme maneja mejor sus conceptos (sobre todo el del honor samurái antes que el del amor del héroe) y la riqueza visual de la película se complementa muy bien con lo simbólico del relato.

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Con ese recurso, el director del filme ha optado por orientar nuestra mirada para entrar más fácilmente en el juego de lo real-maravilloso, donde lo colectivo o social se impone a las vicisitudes individuales del héroe (Kai, en este caso). Se muestra con los diálogos, con el hilván de acontecimientos, con la seductora dirección artística, con la fotografía y con la impresionante banda sonora.

Las actuaciones se complementan entre sí como equipo. Al diseño coral de personajes hay correspondencia histriónica igualmente coral por parte de los distintos componentes del elenco. En efecto, este filme apuesta a la escenificación pulida, tal como la pensaba Eisenstein para su cine.

Por momentos, el largometraje peca de solemnidad. En otras secuencias, de rendimiento folletinesco. Además, le falta garra cuando debe tenerla, pero –en general– el resultado es gustoso, interesante, fabulador y positivo. Película recomendada.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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