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Película ‘Chicas armadas y peligrosas’

Crítica de cine: A dos puyas

Actualizado el 07 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Chicas en pareja Policial y comedia

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Crítica de cine: A dos puyas

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Distintas entre sí. Con Sandra Bullock y Melissa McCarthy tenemos, entre comedia y policial, la versión femenina de lo que hicieron cómicos en pareja como Dean Martin y Jerry Lewis. DISCINE PARA LA NACIÓN.

Su comienzo es lo más acalorado de la película Chicas armadas y peligrosas (2013), dirigida por Paul Feig. Lo es por esas licencias cómicas de la actriz estadounidense Melissa McCarthy, como la mujer policía con métodos propios para seguir la pista del delito, si es que eso se llama “investigar”.

Ahí queda marcado el tono del filme: comedia y policial, en ese orden, aunque ambos espacios se entreveran con el desarrollo de la trama. Cuando aparece la actriz Sandra Bullock con su personaje de agente del FBI, la película se nutre de la “colisión” habida entre estas dos mujeres policías. La relación entre ellas será más áspera que lengua de gato.

En efecto, estamos ante algo así como la versión femenina de Abbott y Costello y, al decir esto, se ha de insistir en que el filme Chicas armadas y peligrosas se dedica a repetir y menudear rutinas cómicas, por lo que la película es constantemente igual a sí misma.

De alguna manera, sí, es como ver al Chómpiras y al Botijas, los caquitos creados por el mexicano Roberto Gómez Bolaños (Chespirito), solo que con mujeres al lado de la ley y donde faltan las cachetadas constantes.

Se trata del ardid cómico de la unión de los contrarios, con sujetos disímiles quienes conforman cierta unidad dialéctica, cómica en este caso, y que se repiten con sus acciones, parlamentos, tiroteos y discusiones. Una es la chica elegante y bonita; la otra es lo contrario, pero más eficaz con sus hábitos de detective.

Una se ha formado en la calle. La otra en la comedia. Así, es fácil pronosticar lo que sucederá en esta película como policial. Ellas le ganarán a una galería cruel de pillos sin escrúpulos (lo policial) y, en tanto, discutirán a cada rato entre sí por lo que se debe hacer en la investigación (lo cómico).

El filme no mantiene regularidad: pasa por buenos momentos y aburre con otros (por ejemplo, la borrachera que se pegan ambas detectives, ¡ah!, y salen de esa embriaguez como si nada hubiera pasado). Su ritmo se acelera e igual se frena, sin rigor narrativo.

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Tiene buenos chistes por momentos (visuales o no), pero cansa el uso del lenguaje vulgar, por todo o por nada.

En una película así son importantes las actuaciones (son expresión material del humor).

En general, podemos salvar el trabajo de Melissa McCarthy, aunque por secuencias se sobrepasa con su histrionismo humoroso (sobreactúa). Sandra Bullock es un fracaso total: inexpresiva, rígida, estólida.

Puede ser que la película se haya favorecido porque, en el 2011, el director Paul Feig ya había trabajado con la actriz Melissa McCarthy en la cinta Damas en guerra: La boda de mi mejor amiga .

A esta película lo que le falta es autoría en la realización, o sea, más compromiso con su narrativa, que se queda entre comedia suave y policial duro. Así, se agota con algo ya señalado líneas atrás: sus rutinas. El filme Chicas armadas y peligrosas se debilita más y más sin que uno, como espectador, pueda impedirlo.

Para terminar: es extraño que los directores permitan que la actriz Sandra Bullock, en las comedias, sea siempre Sandra Bullock. A ella, la acabo de ver actuar en la película Gravedad (2013), dirigida por Alfonso Cuarón, y ahí sí es cierto que lo hace bien.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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